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El orden lógico de las cosas

CARTA DE la Embajadora de Hungría en España
El Primer Ministro de Hungría, Viktor Orbán. Reuters

Cuando queremos escribir o hablar de un libro, lo primero que hacemos es leerlo. Si el escrito nos tiene especialmente interesados, bien sea únicamente porque queremos publicar un artículo profesional o bien porque personalmente lo encontramos emocionante, pero no comprendemos algo, pues intentamos aclarar los elementos en cuestión con el autor, ya que es la forma más auténtica de conocer sus ideas y pensamientos, o por qué escribió lo que incluyó en su escrito.

Cuando hablamos, criticamos o damos nuestra opinión por ejemplo de una película, el procedimiento lógico es verla antes de juzgarla de algún modo, ¿verdad?

Antes de dar nuestra opinión de algo, no viene mal saber de qué estamos hablando. Y como nadie nace sabiendo, conviene informarnos. Si se trata de cuestiones que afectan a naciones y gobiernos, lo mínimo deseable sería que nos informáramos de fuentes auténticas originales.

En este caso concreto, el autor del “libro” es el Parlamento de Hungría. Permítanme preguntar, sinceramente cuántos de ustedes han leído el texto de la enmienda de la ley de protección de menores de Hungría -algo que recientemente ha levantado una polémica y una indignación extendida-. Si no han leído el texto original (sí, por supuesto que está en húngaro, pero se ha traducido a varios idiomas), invito a que lo hagan. Es muy probable que esté disponible en su idioma.

¿Prohíbe la promoción de la homosexualidad y de la reasignación de género a menores? Sí.
¿Prohíbe hablar de la homosexualidad en los colegios? No.
¿Prohíbe el acceso de los menores a contenidos pornográficos de la naturaleza que sea? Sí.
¿Castiga severamente a los pedófilos? Sí.

Por lo que antecede, se observa claramente que es una ley de protección de menores porque consideramos que la educación sexual de los menores es competencia de sus padres, un principio establecido en el Artículo 14 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, que reconoce el derecho de los padres a garantizar que sus hijos reciban una educación adecuada. El mismo principio está también respaldado por la Declaración Universal de las Naciones Unidas. La enmienda tiene en cuenta la identidad constitucional y la cultura cristiana de Hungría, pero naturalmente no excluye la prestación de asistencia a niños que lo necesiten, ofreciéndoles la posibilidad de aprendizaje según sus necesidades individuales y con la participación de los padres, la escuela y psicólogos especializados. Ninguna parte de la ley se refiere a la vida sexual de los adultos, ni cuestiona el derecho de los mayores de edad a decidir por sí mismos y de manera libre sobre su orientación sexual.

Otro dato no menos importante, pero bastante menos conocido entre la población occidental es que los homosexuales no sólo eran castigados y discriminados en las dictaduras conservadoras de derechas. Eran igualmente perseguidos, castigados, y son en la actualidad enormemente discriminados en las dictaduras de (extrema) izquierda. Y si de algo sabe Hungría, pues es del comunismo puro y duro. De ese comunismo que torturaba y mataba a miles de inocentes simplemente porque no compartían sus “valores”.

Les invito a que cuando hagan un paseo por las calles de Budapest y concretamente, en la magnífica Avenida de Andrássy, entren en La Casa del Terror. No, no se trata de una atracción turística, desgraciadamente. Es la cara de aquel comunismo verdadero que nuestro país sufrió durante mucho tiempo. Y luego entenderán perfectamente por qué Hungría sigue y seguirá luchando contra cualquier tipo de discriminación antidemocrática.

Nosotros seguiremos defendiendo nuestros valores, al igual que a los menores que residen en nuestro país, hasta que el límite legal de la mayoría de edad sea 18 años. Defenderemos que la tutela la ostenten los padres. Es así por ley. Y nosotros, los padres y nosotras, las madres, somos responsables legalmente por nuestros menores hasta esa edad. Y en la realidad nos sentimos responsables de por vida, incluso aunque ya no lo seamos legalmente.

En resumen, lo que me gustaría dejar dicho es que antes de ver y comprender nuestra realidad, no es conveniente juzgar. Los titulares y las noticias pasan muchas veces al olvido, pero a la nación húngara le sigue doliendo que la juzguen desde el extranjero sin ni siquiera haber intentado comprenderla.

Tratemos pues de mejorar este flujo de información real. Tanto los actores políticos como los medios saben que siempre nos tienen a su disposición para encontrarnos, conversar y aclarar sus dudas.

PD: Quisiera trasmitir nuestros agradecimientos por el amplio apoyo que nos llegó a través de cartas, emails y llamadas telefónicas.

Katalin Tóth
Embajadora de Hungría en España

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