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El republicano McConnell rescata a los demócratas y evita ‘in extremis’ que se declare el impago de la deuda

LOGRA UN RESPIRO SOLAMENTE HASTA DICIEMBRE
El líder del Partido Republicano en el Senado de Estados Unidos, Mitch McConnell. Europa Press

Hay un juego que, aunque repetitivo hasta la náusea, entusiasma a los gobiernos, que lo juegan desaforadamente. Se llama ‘fijar el techo de gasto’, y consiste en ponerse muy serios, que estamos gastando demasiado y hay que ponerle un límite legal a lo que se pueda gastar. Y lo fijan, digamos, en 100. Entonces, al poco tiempo, ven que quieren realmente gastar 150, y en lugar de decir con alegría “¡al infierno el límite de gasto!”, lo que hacen es fijar un nuevo techo de gasto, digamos, de 200. Juéguese hasta el infinito.

Los norteamericanos, cuyo gobierno está últimamente gastando como un marinero borracho, lo acaba de hacer. El Senado ha evitado el desastre -el impago sobre la deuda- aprobando leyes que elevan el límite de deuda que puede contraer el gobierno federal en casi 500.000 millones de dólares. Por ahora, claro.

Lo que está en juego es, por una parte, una mastodóntica ley de infraestructuras y, por otra, si hemos de atender a los expertos, la devastación de la economía norteamericana. La ampliación se ha conseguido por una mayoría exigua de 50 contra 48. Pero esto es solo un respiro hasta diciembre. Suponiendo que la Cámara de Representantes, como es probable, ratifique la votación de anoche en el Senado, los diputados republicanos y demócratas tendrán que salvar sus abismales diferencias sobre la cuestión antes de fin de año.

Gastos hay para parar un tren, pero la guinda de este pastel ahora, una guinda monumental, es el plan de infraestructura de tres billones y medio que afectará también a sanidad, servicios sociales y medio ambiente.

Quien salió al rescate de los demócratas fue el republicano Mitch McConnell, el mismo que salió después de las presidenciales a decir que habían sido limpísimas e insinuando que a Trump se le había ido la olla con el asunto del fraude. McConnell, que se había opuesto inicialmente a la expansión del gasto, la apoyó finalmente tras los lamentos demócratas de que eso significaría el impago y la ruina y la abominación de la desolación.

A los republicanos de la línea dura no les hizo demasiada gracia esta enésima cesión, alegando que la deuda alcanza ya niveles estratosféricos absolutamente insostenibles. El senador Ted Cruz, por ejemplo, antiguo rival de Trump en las primarias republicanas, lamentó que los republicanos se hubieran adentrado por una “senda de rendición”, al final de la cual, “desgraciadamente, pestañearon”.

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