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consideran progresista volver a prácticas paganas como el sacrificio de seres humanos

Los ataques feministas a las iglesias y la lucha de la izquierda por una historia que no existió

Iglesias con incendios en sus puertas, cubiertas con grafiti y sus alrededores llenos de “sangre” sintética son parte de las marchas feministas que acechan las principales ciudades de Hispanoamérica cada 8 de marzo.

Alegando luchar por los derechos de las mujeres, incontables feministas arremeten contra la fe cristiana en general y la doctrina católica en particular.

En Bogotá, Colombia, por ejemplo, una turba de feministas prendió fuego la puerta de una iglesia el 8 de marzo. Esta tendencia viene en auge desde octubre del 2019 cuando empezaron a acechar las “brisas bolivarianas”, llamadas así por Nicolás Maduro y su número dos Diosdado Cabello.

Chile, el país más azotado por esta ola de insurrección, fue también la nación con más iglesias incendiadas.

Uno de los motivos principales por los cuales atacan violentamente a la iglesia es debido a que la causa feminista va ligada al clamor por la legalización del aborto y ven en ella un obstáculo, pues la fe considera a la vida sagrada desde la concepción.

Pero sobre todo hay que entender a este movimiento como un instrumento para entronizar al Estado. Por ende debe destruir cualquier institución que compita como parámetro moral, en este caso la iglesia.

De la mano del indigenismo, el ambientalismo y el feminismo, la izquierda posterior a la caída del Muro de Berlín busca amalgamar esas tres corrientes ideológicas para enfrentarlas a la cultura occidental, alegando que esta representa la masculinidad tóxica que vino a profanar la pacha mama, violar a las mujeres y por ende con su desarrollo a destruir el planeta.

Lo cierto es que la Conquista española fue posible precisamente gracias a la cooperación de los pueblos indígenas que se resistieron a los imperios azteca e inca, entre otros.

En el caso de Ecuador, los pueblos caranqui, otavalo y cayambe resistieron los incas que llegaron desde lo que es hoy Perú. Los incas degollaron a todos los hombres y llenaron un lago de sangre que hasta hoy lleva el nombre Yahuarcocha (lago de sangre en quichua).

De sus huérfanos surgió un batallón, los huambracuna (wambrakuna), que al llegar a edad adulta se aliaron a los españoles.

También en México hubo resistencia frente a los aztecas que construyeron muros de cráneos para amedrentar a los pueblos vecinos y así evitar que estos se aliaran a España ante el temor.

Ya para 1520 la Confederación de Tlaxcala, compuesta de cuatro señoríos, se alió con los españoles contra los aztecas.

En dicho año los aztecas construyeron un muro con 350 cráneos. Todas las mujeres españolas decapitadas, entre ellas una mulata, estaban embarazadas. Pues según su culto pagano era una ofrenda valiosa para el dios sol.

La presencia femenina tan temprano en la Conquista es testimonio a su vez del mito de que ante la falta de mujeres los españoles acudieron a la violación masiva de indígenas.

Hartos de sacrificar a sus hijos en el vientre para dioses paganos, la llegada de una cultura que trajo consigo a un Dios que sacrificó a su único hijo por ellos hizo expedito el proceso de evangelización entre los indígenas.

Solo en la frontera de lo que son hoy Ecuador y Perú se encontraron 140 cuerpos de niños enterrados vivos en 1480 (una década antes de la llegada de Colón) como ofrenda para contrarrestar el cambio climático, fenómeno que acecha al planeta siglos antes de la Revolución Industrial.

Pero bajo la consigna “ni la tierra ni la mujer somos territorio de conquista”, la izquierda ha instrumentalizado a la mujer, el ambientalismo y el indigenismo para profesar un falso relato.

De hecho, el viaje de Colón a América se dio bajo el reinado de Isabel de Castilla, una mujer, la más poderosa de la Edad Moderna que inició precisamente en 1492. Lo cual, a su vez, desmonta el mito del empoderamiento.

A diferencia de muchas culturas, entre los hispanos no había ley sálica (salvo un siglo de la monarquía borbónica y fue rechazado por la gente que apreció el legado de sus reinas previas), las mujeres podían ser reinas. Por ende, no se les negó el acceso al poder.

Menos de medio siglo después de la llegada de Colón a América, María de Toledo se consagró como la primera virreina de las Américas.

Ya en el tiempo de la corona española existía el cargo de presidenta, cosa que no sucedería en la era republicana sino hasta siglos después y en muchos países aún no ha sucedido.

Existe todo un pasado ficticio que sostiene el relato que alimenta este activismo, como el Abya Yala, la supuesta existencia pacífica de la unión de los pueblos indígenas antes de la llegada de los españoles.

Cuando la evidencia muestra que de un pueblo a otro no se entendían por cuestiones lingüísticas.

De hecho, en el Caribe, las mujeres hablaban un idioma y los hombres otro, dado que el pueblo indígena llamado caribes tenía la costumbre de matar a todos los hombres de las islas que tomaban y solo quedaban vivas las mujeres.

Hugo Chávez exaltó a este pueblo genocida y esclavizador y rescató una de sus frases que hasta ahora es exclamado por el ejército: “ana karina rote”, que significa “nosotros solamente somos gente”, lo cual deshumaniza a los demás.

No es casual que la remoción sistemática de estatuas de Colón haya empezado con Hugo Chávez. Fue por él incluso que fue retirado de la capital argentina, pese a la resistencia de los descendientes de italianos que la irguieron como símbolo de gratitud por la presencia italiana en el continente.

El desconocimiento de la historia del continente americano ha sido un caldo de cultivo para el adoctrinamiento de jóvenes que luchan contra un pasado que no existió y consideran progresista volver a prácticas paganas como el sacrificio de seres humanos inocentes para apaciguar al planeta.

Paradójicamente llaman retrógrados a quienes defienden a la civilización que puso fin a estas prácticas.

Por eso atacan a la fe y los templos.

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