En Francia ya se considera que el voto a Zemmour es una cuestión ‘de vida o muerte’ para la supervivencia del país

para no acabar haciendo un emirato fundamentalista
El candidato a la presidencia francesa, Éric Zemmour. El candidato a la presidencia francesa, Éric Zemmour. Europa Press

El insólito candidato presidencial francés Éric Zemmour, sin experiencia política y que ha creado deprisa y corriendo un partido con el clarificador nombre de Reconquista, es un bocado demasiado duro de tragar para muchos franceses, probablemente una mayoría, que ven en su mensaje una apuesta demasiado radical. Y, sin embargo, cada vez son más los ciudadanos del país vecino que están dispuestos a votarle, aunque tengan que taparse la nariz.

Lo explica en la red social Twitter Mila, una adolescente de Isère que se hizo célebre tras recibir amenazas de muerte creíbles a raíz de un vídeo crítico con el islam que colgó en redes.

«No me gusta Zemmour, y animarle va contra mis valores», se lee en la cuenta de Mila. «Pero estoy tan aterrorizada en mi propio país que me digo a mí misma que no tenemos más remedio que pasar por esta radicalización aunque no me guste”.

Mila, de 17 años, tuvo que cambiar de colegio el año pasado después de que el vídeo que colgó en Instagram dirigido a sus amigos criticando el islam se volviera viral. Luego, en noviembre, colgó otro vídeo, esta vez en TikTok, que provocó una nueva oleada de amenazas online. En algún momento, dice su abogado, llego a recibir hasta treinta mensajes de odio por minuto.

El caso de Mila no es, en un sentido, tan excepcional en Francia. El hecho absolutamente insólito de que un autor y periodista cuyas ideas van completamente a contrapelo de la ideología dominante se haya aupado en las encuestas sobre intención de voto hasta amenazar las posibilidades de reelección de Macron (y, no menos sorprendente, adelantar por la derecha a Marine Le Pen, la eterna candidata del Agrupamiento Nacional) es síntoma de una situación de verdadera emergencia en Francia.

La misma inmigración masiva aplaudida y procurada por el progresismo francés ha acabado generando un clima de enfrentamiento y violencia que, ayudado por la crisis demográfica de los europeos nativos, pone paradójicamente en riesgo de muerte ese mismo progresismo. Y eso es lo que mueve a muchos como Mila a considerar la hasta ahora impensable opción de votar a un populista de derechas para no acabar haciendo de Francia un emirato fundamentalista.

Mila vuelve a la carga, explicando, en referencia a Zemmour y su Reconquista: “No me gusta su violencia y sus simplificaciones. No me gusta su fascismo, su desprecio y su estrechez de miras… Lo que quería decir [en su anterior tuit] es que creo que se necesitan medidas drásticas para poner fin a la violencia que se ha desatado”.

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