'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU

Hungría y Viktor Orbán no están tan solos como querría Bruselas

De izquierda a derecha, los primeros ministros de Chequia, Andrej Babis, Hungría, Viktor Orban, Eslovenia, Janez Jansa, Eslovaquia, Eduard Heger y Polonia, Mateusz Morawiecki (Foto: Jaroslav Novák / TASR / Dpa)

Tras la aprobación de una ley nacional de protección de los derechos de la infancia y de los padres, y que ha sido interpretada como un ley homófoba, Hungría no está tan sola como querría una mayoría de jefes de Gobierno europeos y los partidos del consenso socialdemócrata en Bruselas, y especialmente no está sola en el plano diplomático. Acaba de acceder a la presidencia anual rotatoria del Grupo de Visegrado y Eslovenia, su aliada, a la presidencia del Consejo de la Unión Europea.

Frente al estadio Allianz-Arena de Múnich, numerosos activistas LGTB reparten banderas arcoíris a los aficionados húngaros y alemanes que asisten a uno de los partidos más controvertidos de la Eurocopa 2020. El pasado 23 de junio, la política trataba de hacerse un hueco en el encuentro. La ciudad de Múnich había solicitado que el estadio se iluminase con los colores de la bandera arcoíris, utilizada como símbolo de unidad por parte de los activistas LGTB. Una petición aún más significativa en el mes de junio, denominado como “mes del orgullo” y en el que muchos edificios de todo el mundo se iluminan con esos colores. Así ha sucedido este año en la embajada de Estados Unidos ante la Santa Sede.

En Múnich, sin embargo, lo que estaba en tela de juicio era la última ofensiva del gobierno húngaro a la doxa de las élites europeas. Budapest, efectivamente, acaba de aprobar una ley que prohíbe la representación de la homosexualidad en los contenidos dirigidos a menores. El texto pretende defender «el derecho del niño a una identidad correspondiente a su sexo de nacimiento». 

Queda prohibido «facilitar el acceso de los menores de 18 años a cualquier contenido pornográfico, así como a cualquier otro contenido que promueva o presente, con fines particulares, la sexualidad, la divergencia de la identidad respecto al sexo de nacimiento, los cambios de sexo o la homosexualidad», como también el «facilitar el acceso de los menores de 18 años a toda publicidad de este estilo», tal y como ya hizo Coca-Cola en 2019 en Hungría.

Respecto al asunto del estadio, la UEFA, organizadora del encuentro, había rechazado la proposición del gobierno de Múnich amparándose en la neutralidad del deporte.

La Eurocopa 2020 ha sido, sin embargo, una edición especialmente política: el accidente de un globo lanzado por Greenpeace que hirió a dos personas durante la apertura del partido entre Francia y Alemania o, por ejemplo, el eslogan, con tintes neonazis, de la camiseta oficial del equipo de Ucrania.

Orbán propone impedir la externalización del Estado de derecho en pos de esas ONG cada vez más poderosas que deambulan por los pasillos de la Comisión

En este contexto, el equipo húngaro también se hizo notar durante su encuentro con el equipo belga al negarse a arrodillarse en señal de apoyo al movimiento Black Lives Matter (BLM). Es más, en Budapest, los aficionados húngaros abuchearon a los jugadores irlandeses cuando se arrodillaron al inicio del partido contra Hungría, el pasado 8 de junio. Frente a la polémica que se estaba gestando, Viktor Orbán salió rápidamente en defensa de los aficionados. «Estoy de acuerdo con los aficionados […]; si eres huésped en un país, debes entender su cultura y no provocar al anfitrión. Desde nuestro punto de vista, se trata de un gesto incomprensible, una provocación. Los aficionados no siempre reaccionan a las provocaciones de la forma más elegante, pero debemos comprender por qué. Estoy de acuerdo con ellos», aseguró el primer ministro. Y prosiguió: «No profeso ninguna simpatía por este gesto de arrodillarse. No creo que este tipo de cosas deban hacerse en el campo». Y concluyó, para gloria de sus votantes, asegurando que los húngaros «solo se arrodillan ante Dios, la patria y cuando piden matrimonio a su amada».

En medio de este clima de tensión el primer ministro húngaro participó en el Consejo Europeo celebrado el 24 y el 25 de junio y en el que participaban los jefes de Estado de los Estados miembros, dispuestos a celebrar una reunión nada distendida.

Airear la posibilidad de nuevas salidas de la Unión tras el Brexit

El primero en atacar fue el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, que se lo tomó de forma personal. Evocó su propia adolescencia y la incomprensión de su madre, una madre que «no comprendía su homosexualidad». «La homosexualidad no es una elección, naces así», le espetó a su homólogo húngaro. Tras este testimonio fue el turno del belga Alexander De Croo, que aseguró que «ser homosexual no es una elección; ser homófobo, sí». Una vez finalizado el turno del Benelux, un visiblemente enfadado Mark Rutte, primer ministro de los Países Bajos, declaraba: «Si no se encuentra a gusto con los valores europeos puede activar el artículo 50 del tratado para salir de la Unión Europea […]; fue un artículo expresamente diseñado para eso». Concluyó que, si Budapest no retiraba su ley, Hungría «no tendría nada que hacer en la Unión Europea». Tras la reunión, Rutte dijo a los periodistas que había intentado que Hungría «se plegase», ganándose con ello la respuesta de la ministra húngara Judit Varga que le acusó de «colonialismo». ¿Por qué airear la posibilidad de nuevas salidas de la Unión Europea tras el Brexit cuando se trata de un escenario catastrófico para París y Berlín?

Orbán, por su parte, se anticipó al ataque y antes de la reunión declaró: «Yo lucho por los derechos de los homosexuales. Yo luché contra el régimen comunista. La homosexualidad estaba entonces prohibida y yo luché por su libertad y sus derechos».

La expulsión del PPE no ha silenciado al defensor de los valores cristianos en Europa, los mismos que defendían los padres fundadores

Para subrayar tales advertencias, un grupo de diecisiete países miembros, entre los que se encuentran Francia, Alemania, Austria, España e Italia, ha firmado una carta dirigida a los líderes europeos, Charles Michel y Ursula von der Leyen, así como al secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres (que fue invitado a la cumbre de la Unión), recordándoles la necesidad de preservar los «valores europeos». La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, denunció, por su parte, que se trataba de un «texto vergonzoso».

Sin embargo, el primer ministro húngaro ha señalado que «la ley no se centra en los homosexuales. Se ocupa del modo en que los padres desean educar sexualmente a sus hijos». 

Francia, por su parte, ha optado, por medio de Emmanuel Macron, por un acercamiento algo más sensible: «Viktor, tú solías ser liberal. ¿Qué ha pasado?»., deseando encontrar «un camino que le permita [a Orbán] defender sus prioridades, aunque respetando plenamente nuestros valores y que, por tanto, le motive a modificar su propio texto». 

Sin embargo, Hungría no está tan sola como parece, y especialmente en el plano diplomático. Acaba de acceder a la presidencia anual rotatoria del Grupo de Visegrado y Eslovenia, su aliada, a la presidencia del Consejo de la Unión Europea. Y si Budapest parece arrinconada por las medidas adoptadas por Ursula von der Leyen, madre de siete hijos y exministra de defensa alemana, de la que esperaba algo mejor, la ruptura con el centroderecha europeo (PPE), escenificada el pasado mes de marzo, se ha consumado por fin.

Limitar los poderes del Parlamento europeo

Sin embargo, la expulsión del PPE no ha silenciado al defensor de los valores cristianos en Europa, los mismos que defendían los “padres fundadores” Gasperi, Adenauer, Schuman (este último acaba de ser declarado venerable por Roma el pasado mes de junio). Viktor Orbán ha publicado una serie de siete críticas dirigidas a sus homólogos europeos. La primera de sus tesis consiste, según él, en la renuncia de la Europa de las naciones en favor de un “súper-Estado” condenado al déficit democrático ya que el pueblo europeo no es más que una ficción útil. En segundo lugar, opina que la integración europea debe ser un medio y no un fin en sí mismo, lo que conduciría a una fusión total de los pueblos europeos. En tercer lugar, propone impedir la externalización del Estado de derecho en pos de esas ONG cada vez más poderosas que deambulan por los pasillos de la Comisión (gracias a Georges Soros)… La cuarta tesis consiste en reforzar las sinergias económicas para salvar la Unión. Quinta, defender a los europeos frente al desafío de la inmigración masiva y las pandemias. El penúltimo punto de Orbán busca limitar los poderes del Parlamento europeo en favor de los parlamentos nacionales, que suelen reducirse a meras cámaras que se limitan a implementar la legislación comunitaria. Por último, el primer ministro húngaro llama a apoyar la adhesión de su vecino serbio a la Unión Europea.

Orbán consolidará su postura en un país en el que los homosexuales, pese a las proclamas de unos y otros, viven su vida cotidiana con una relativa seguridad, a diferencia de varios países miembros

El primer ministro húngaro, en el cargo desde 2010, tratará de revalidar su mandato en apenas diez meses en unos comicios que, sin duda, estarán muy disputados. Precisamente por ello, no parece tener interés en ceder a las peticiones provenientes de Bruselas, ya sean las relacionadas con la inmigración o con temáticas sociales. El pasado mes de diciembre, el parlamento húngaro adoptó diversas disposiciones del “estilo”, limitando la adopción a parejas casadas y heterosexuales. El matrimonio entre personas del mismo sexo no existe en Hungría. Pese a todo, es indudable que Viktor Orbán consolidará su postura en un país en el que los homosexuales, pese a las proclamas de unos y otros, viven su vida cotidiana con una relativa seguridad, a diferencia de varios países miembros, entre los que se encuentra Francia, que se ven asolados por una ola de homofobia de importación.

Conservadores y nacionalistas hacen frente común

Un trueno en el horizonte de Bruselas. El 2 de julio, Marine Le Pen, los italianos Matteo Salvini y Giorgia Meloni (provenientes de partidos distintos), Viktor Orbán (su partido, Fidesz, se encuentra en el grupo independiente desde su salida del PPE), el polaco Jaroslaw Kaczynsky (Derecho y Justicia, PiS) o incluso el español Santiago Abascal (VOX), así como los representantes de otros diez movimientos y partidos con representación en el Parlamento europeo anunciaron que harían frente común para oponerse al proyecto de creación de un super-Estado europeo, uno de los temas propuestos en la Conferencia sobre el futuro de Europa, propuesto por Macron en preparación de la presidencia francesa de la Unión Europea que comenzará el próximo 1 de enero. La alianza, que se detiene en la frontera alemana definida por la AfD, reúne a grupos como Identidad y Democracia (ID), con 76 escaños; Conservadores y Reformistas Europeos (CRE), con 61 escaños; y a los 12 diputados de Fidesz. Un total de 149 diputados europeos. Sin embargo, aún existen importantes diferencias que impiden la conformación de un frente común, principalmente por culpa de la rigidez de los polacos. Por el contrario, Viktor Orbán cenó hace algunos días con Georgia Meloni, que le propuso la adhesión de Fidesz a su grupo, el CRE, grupo que estaría más que encantado de valorar la propuesta. Tan solo queda esperar que, como ya hiciese en su momento el británico Nigel Farage, durante las próximas semanas se alcancen puntos de encuentro que amenicen un poco la vida parlamentaria europea.


Publicado por Antoine Colonna en Valeurs Actuelles.

Traducción de Verbum Caro para La Gaceta de la Iberosfera.

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