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en campaña prometió que no construiría 'ni un palmo más'

La Administración Biden se plantea ante la avalancha migratoria acabar el muro con México

Escenificó Joe Biden un poderoso gesto simbólico cuando, a poco de ser investido presidente, ordenó que cesara la construcción del nefando muro que su predecesor había iniciado en la frontera con México. Siendo la consigna que había dado la victoria a Trump, la más coreada en sus mítines y la más emblemática de su programa, derogarla por decreto lanzaba alto y claro el mensaje de que la nueva Administración habría de ser todo lo contrario a la del magnate neoyorquino, la Era Antitrump. Ya en campaña, el candidato Biden había prometido que no se construiría “ni un palmo más” de muro.

Saltamos tres meses, solo tres, y las cosas no parecen haber funcionado como se pensaba. La virtuosa señal que Biden quería enviar a sus tropas con esta medida llegó inmediatamente al otro lado del Río Grande, interpretada como una invitación, “mi casa es su casa”, provocando inmediatamente una marea humana de inmigrantes ilegales, capitaneadas por los ‘coyotes’ de los cárteles mexicanos, como nunca se había visto en la historia de Estados Unidos.

Peor: se convirtió inmediatamente en una crisis humanitaria, volvieron los célebres ‘niños en jaulas’ -en su momento, una de las pruebas irrefutables de la inhumanidad de Trump- aunque ahora recibieran un nombre más políticamente correcto, y los servicios sociales y de fronteras se vieron absolutamente desbordados.

Así que hoy, paradojas del destino, tenemos al secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, sugiriendo a los responsables de su departamento que sería buena idea acabar el muro, después de todo, completando la obra empezada por Trump. ¿No sería una magnífica ironía de la historia, que Trump prometiera un muro que no construyó, y su sucesor lo construyese habiéndose comprometido a lo contrario?

En una conversación la semana pasa con responsables de la policía de frontera (ICE), Mayorkas, preguntado por sus planes sobre el muro, dijo que aunque Biden había cancelado la emergencia fronteriza e interrumpido los fondos de Defensa destinados a la construcción de la barrera, “eso nos deja margen para tomar decisiones” y tapar “algunos huecos en el muro”, informa The Washington Times. La Protección de Aduanas y Fronteras (CBP), que supervisa la construcción del muro, ha presentado un plan para las obras.

“No es una única respuesta a una única pregunta”, declaró Mayorkas. “Hay distintos proyectos presentados por el jefe de la Patrulla Fronteriza y el comisionado en funciones de la CBP”. Hay zonas del muro que necesitan renovaciones, añade Mayorkas, mientras que otras deben completarse.

Naturalmente, Mayorkas no actúa por su cuenta.

Al dejar la Casa Blanca, la Administración Trump había completado unos 740 kilómetros de muro, en su mayoría renovaciones o mejoras sobre la barrera alzada sin demasiadas alharacas por las administraciones anteriores, especialmente en tiempos del presidente Clinton. La obra se financió con dinero aportado por el Congreso específicamente para este fin, más fondos que Trump hizo pagar al Pentágono tras declarar la inmigración ilegal “emergencia nacional”.

El muro -que no es un ‘muro’, sino más bien todo un sistema de alta tecnología para detectar y frustrar la entrada de ilegales- es una patata caliente para Biden. Porque la última encuesta revela que un 53% de los estadounidenses son partidarios de su construcción, pero, por otra parte, buena parte de los votantes de Biden se decantó por él como única opción para deshacer el legado de Trump, del que el muro es elemento señero.

Por lo demás, la crisis fronteriza lo hace, sino imperativo, bastante sensato, y ya como senador Biden votó a favor de la construcción de 1.126 kilómetros de muro y fue presidente de una administración, la de Obama, que completó más de 160 kilómetros.

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