La fiesta globalista de Davos arruinada por Putin y el pacto mafioso con China

EL LÍDER AUTORITARIO, BALUARTE DE LA VIEJA NORMALIDAD

Dicen los líderes de la Unión Europea que Putin es “despiadado, autoritario y temeroso de la democracia”, y no seré yo el que lo niegue, aunque la propia Bruselas empieza a dar indicios clarísimos desde hace años de asumir los dos últimos epítetos, y puestos a pensar en regímenes “despiadados, autoritarios y temerosos de la democracia”, se me ocurre uno bastante más evidente pero con el que tanto Europa como los Estados Unidos de Joe Biden están a partir un piñón.

La China de Xi Jinping es una paradoja. Es, entre las grandes potencias, un país sometido con mano de hierro por el Partido Comunista, una pesadilla de supervisión total y represión absoluta de la disidencia que se opone, por lo demás, frontalmente al pensamiento único occidental. Es, en un sentido, todo lo que se criticaba a Trump pero de verdad y elevado a la máxima potencia: orgullosamente xenófobo, ya te puedes pasar la vida en China, que si no eres étnicamente Han tus probabilidades de adquirir la nacionalidad china tienden a cero, mientras que Pekín se siente legitimado para defender los derechos de las minorías chinas en otros países, a las que ve como compatriotas lejanos, y recientemente saltó a la prensa occidental el proyecto de buscar iniciativas para que los varones chinos sean más viriles, algo que probablemente provocaría una automática apoplejía a la ministra Montero si alguien los propusiera en España.

De hecho, los chinos se ríen de los progresistas occidentales, los ‘baizuo’ (“izquierda blanca”), con su adoración del victimismo y su corrección política. Animo a mis lectores a buscar los anuncios en vídeo para fomentar el reclutamiento en China y compararlos con los equivalentes occidentales (particularmente, con los británicos). Encontrarán un mensaje que se da de bofetadas, literalmente, con todos las ‘sensibilidades’ que se han hecho obligatorias en nuestro mundo.

Pero China viene a ser el ‘primo de Zumosol’ de los globalistas de aquí, que están más que dispuestos a dejar que Xi haga de su capa un sayo dentro de sus fronteras mientras diga las palabras correctas en foros internacionales como el de Davos, del que se ha convertido en el ‘sugar daddy’. Es algo así como un pacto mafioso: tú pones tu poder al servicio de nuestros fines y nosotros miramos para otra parte mientras torturas uygures o católicos. Y no solo son los políticos: multinacionales que se benefician explotando el trabajo forzado de prisioneros políticos chinos para producir por dos centavos son las mismas que han convertido su publicidad en homilética puritana y escrupulosa. Lo que se suele llamar “tragarse el camello y colar el mosquito”.

Pero Putin no juega, y Rusia, sin ser ni de lejos la antigua URSS, todavía sirve para poner palos en las ruedas al proyecto mundialista. Este año le invitaron a la fiesta de Davos, que este año ha sido virtual, y cumplió a la perfección el papel de aguafiestas. En definitiva hizo el viejo papel de Mr. Niet, como llamaban al ministro de Exteriores Gromyko en el punto álgido de la Guerra Fría: a eso del Gran Reinicio va a haber que darle otra vuelta. O varias.

En su intervención puso de vuelta y media a la ONU con referencia directa e, indirectamente, a Estados Unidos y sus aliados, preguntándoles retóricamente si entendían el caos que estaban organizando en los puntos más calientes del planeta.

Se entretuvo bastante con los conflictos en Oriente Medio en los que se ha empantanado Estados Unidos desde hace años, para luego entrar en la harina que nos interesa. Se dirigió directamente al fundador y director del Fondo Económico Mundial, ese sosias de Starvro Blofeld que responde al nombre de Klaus Schwab, y le dijo con cuidada cortesía que su plan maestro de un Gran Inicio no solo era un disparate, sino que estaba destinado indefectiblemente al fracaso, y las élites deberían avanzar en la dirección contraria. Se burló del sagrado concepto de Cuarta Revolución Industrial, tan caro a Schwab, y de su transhumanismo de ciencia-ficción y le advirtió de que las medidas por las que aboga y que suponen la destrucción de la clase media aprovechando la pandemia de fiebre china no haría más que agigantar las diferencias económicas y garantizar a medio plazo conflictos políticos y sociales de resultado incierto.

En eso Putin juega el mismo papel que Xi Jinping, pero para el bando contrario. Es un líder implacable y autoritario (no “antidemocrático” stricto sensu: ya quisiera cualquier mandatario occidental tener sus cotas de popularidad interna) que, creo, pocos querríamos al frente de nuestros países. Puestos a elegir, uno preferiría vivir en un país donde no desaparezcan los periodistas críticos ni los disidentes reciban ración y media de polonio. Pero es que nosotros no somos rusos. En cambio, el papel que desempeña como baluarte de la vieja normalidad, qué quieren que les diga, contrapesa la alianza de Xi con los mundialistas.

Deja una respuesta