PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

La Gaceta de la Iberosfera, un año en defensa de la libertad y de su sinónimo: la Hispanidad

PORQUE SER ES DEFENDERSE
Mapa de la Iberosfera. Elaboración propia

Si todos los que hacemos La Gaceta de la Iberosfera tuviéramos que resaltar un hito del primer año de vida este portal panamericano en español, con seguridad elegiríamos el hecho de que nuestras cuentas en todas las redes sociales controladas con la mano de hierro de la censura progresista se mantienen abiertas e intactas. Muchos de los mal llamados verificadores, a un lado y a otro del Atlántico, han tratado de encontrar algún desliz indocumentado con el que condenarnos al cierre. Y no lo han conseguido. Jamás hemos tenido que rectificar una información de nuestros periodistas y jamás hemos tenido que censurar una opinión para contentar al universo sesgado de la progresía hegemónica.

Y esto es así porque todos los que trabajan en este portal de noticias saben que nuestro único principio incuestionable es el de no mentir. Hechos contrastados, análisis rigurosos, opiniones libres y prudencia responsable a la hora de informar de la última hora son las señas de identidad de La Gaceta de la Iberosfera, un diario en la red propiedad de la Fundación Disenso cuyo patronato alienta y estimula el trabajo de los periodistas para dar la batalla cultural allá donde esté presente y activo el llamado Socialismo del siglo XXI que tanto daño ha hecho y todavía puede hacer a la obra de la Hispanidad y su afán civilizatorio.

El segundo hito, sin la menor reserva, es que la actualidad en este año de pandemia ha supuesto para La Gaceta de la Iberosfera un esfuerzo informativo similar al de un lustro. Como mínimo. Hemos seguido desde dentro y desde fuera el desastre de la vuelta del socialismo corrupto y menorero a Bolivia, hemos visto cómo una mezcla a partes iguales de violencia izquierdista y seudomoderación centrista pone en peligro la democracia en Chile. Hemos informado con rigor y hasta con dolor de la realidad de la dictadura venezolana y de los grandes errores de buena parte de la oposición al régimen narcochavista. Hemos seguido —y como este periódico, nadie—, los estragos que la elección presidencial de noviembre ha supuesto para la credibilidad todavía no recuperada del sistema electoral en los Estados Unidos. Hemos estado en el corazón de la tiranía nicaragüense y hemos entrevistado a opositores al régimen de Ortega que hoy han desaparecido en el interior de la terrible prisión de El Chipote. Advertimos de los riesgos de la actividad izquierdista en Guatemala, marcamos de cerca los vaivenes del presidente salvadoreño Bukele. Nuestros colaboradores en México, Panamá y Costa Rica se han mantenido al pie del cañón en la defensa informada de la libertad y contra el avance del comunismo.

Dimos voz a todos los que batallaron para detener la vuelta del correísmo corrupto a Ecuador. Enviamos a nuestros periodistas a las elecciones peruanas a despecho de trabas y zancadillas y alertamos, en primicia, de las tensiones en el nuevo Gobierno de la alucinada ortodoxia comunista. También hemos sido el medio de referencia para seguir la lucha del uribismo por recuperar su buen nombre en Colombia y hasta descubrimos liderazgos recién nacidos en Argentina donde mostramos las alternativas a la disidencia al incapaz macrismo mientras señalábamos el parecido calamitoso entre lo peor del kirchnerismo y el sanchismo que desgobierna España. Seguimos sin desmayo la causa de la resistencia contra el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla en Brasil, en Uruguay, en Honduras… allá donde haga falta.

Y en Cuba, siempre en Cuba. Donde otros periódicos han dimitido de su responsabilidad, ahí sigue todavía La Gaceta, dando voz a la disidencia que sobrevive en la mayor y más inhumana prisión de Occidente.

Tampoco hemos dimitido de nuestra misión europea y hemos denunciado todas y cada una de las vergonzosas actuaciones en contra de la libertad en toda la Iberosfera de la diplomacia europea, a la vez que hemos informado con rigor de la lucha de los países que, como Hungría, Polonia y el resto del Grupo de Visegrado, han conocido a la perfección los estragos del comunismo y que, por ello, no quieren saber nada de totalitarismos. Fuimos los primeros, hace ya meses, que informamos del ascenso de notables líderes para la causa de la soberanía de las naciones (no de los burócratas) en Francia, Italia y Portugal. Y todo eso, insistimos, en apenas un año.

Cerca de cien entrevistas en profundidad a políticos, periodistas, académicos, escritores, economistas y militares en toda la Iberosfera nos contemplan y son la base de nuestro periodismo: comprender con la ayuda de los expertos —los de verdad, con nombres y apellidos— quiénes somos, de dónde venimos y a dónde no queremos ni debemos ir.

El tercer hito esencial es la misión cumplida de La Gaceta de servir como órgano de expresión de la Carta de Madrid, esa ejemplar iniciativa de la Fundación Disenso rubricada con las firmas más de 150 personalidades de toda la Iberosfera y decenas de miles de españoles de uno y de otro lado. Una Carta, que es un sucinto pero completo manual de resistencia democrática, histórica y de sentido común, y que antecede a lo que será dentro de poco la organización del Foro de Madrid que reunirá a todas las fuerzas de oposición real al avance del comunismo que se disfraza de indigenismo para sus fines hispanófobos.

Y ya el cuarto, y último hito, y si acaso el que más satisfacciones nos proporciona a todos los que aquí trabajamos, es el de ver cómo nuestras ideas de la defensa de la Hispanidad son copiadas por otros medios que hasta hace un año no se daban por enterados de que en América nos jugamos la reserva de la identidad española tan amenazada a este lado del Atlántico.

Como editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera, créanme si les digo que jamás me he sentido tan orgulloso de un equipo enorme en ilusión y en esfuerzo de tantos periodistas y colaboradores liderados en España por Agustín Benito y Rebeca Crespo y en América por el venezolano Nehomar Hernández y su antecesor, el bravo costarricense Jovel Álvarez. Por supuesto, nada de todo esto seria posible sin el aliento y el ejemplo constante del presidente de nuestro Consejo Editorial, el eurodiputado y vicepresidente del ECR, Hermann Tertsch, el presidente de la Fundación Disenso, Santiago Abascal, el director de la Fundación, Jorge Martín Frías; el subdirector —ya tan guatemalteco como asturiano— Eduardo Fernández Luiña y el director de Comunicación de la Fundación, Arturo García.

Y para terminar con los nombres, que pueden parecer sólo eso, pero les aseguro que detrás de cada uno de ellos hay una historia de resistencia y de trabajo incansable, también quiero aprovechar para jactarme de tener la mejor sección de Opinión de toda la prensa, no ya panamericana, sino española: Alfonso Ussía, Fernando Sánchez Dragó, Enrique García-Máiquez, Vanessa Vallejo, Karina Mariani, Santiago Muzio, Amando de Miguel, Rafael Bardají, Ricardo Ruiz de la Serna, Nitu Pérez, María Zaldívar, Orlando Avendaño, Carmen Álvarez Vela, Itxu Díaz, Luis Asúa, Pedro Fernández Barbadillo, Raúl Tortolero y el ya histórico director de la Fundación Denaes, Iván Vélez.

Cuando repaso lo escrito en esta pequeña nota que ya se va haciendo larga de los hitos fundacionales del primer año de La Gaceta de la Iberosfera, me doy cuenta de que, a diferencia de otros tiempos en los que las noticias de ayer apenas envolvían el pescado de hoy, todo el archivo de lo que hemos publicado en nuestro periódico forma ya un corpus periodístico excelente para comprender la historia de la lucha por la libertad en la Iberosfera. Y si todo esto lo hemos logrado en apenas un año larguísimo, sólo quiero soñar lo que habremos conseguido el 12 de octubre de 2022.

Por eso, mi última gratitud, y la más sentida y sincera, es para usted que lee estas líneas. Usted entre decenas y cientos de miles de personas que cada día, desde las redes sociales o desde su fidelidad a los principios rectores de La Gaceta de la Iberosfera, comparte con nosotros la necesidad de informarse en libertad y con rigor para así cumplir con lo que Ramiro de Maeztu escribió en 1934, apenas dos años antes de su asesinato, en su Defensa de la Hispanidad: «Ser es defenderse».

No había otro lema mejor. Ni lo habrá.

Deja una respuesta