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El plan de Gobierno del comunista Castillo: adoctrinar en las corrientes marxistas a las nuevas generaciones

ENTREVISTA A GIULIANA CALAMBROGIO, EXPERTA EN EDUCACIÓN
El presidente comunista peruano, Pedro Castillo, asiste a un desfile militar en Lima, Julio 30, 2021 - Reuters

Cuando el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL) -la organización terrorista más sanguinaria que ha existido en el país andino- desató su “guerra popular” contra la “democracia burguesa” a la que despreciaban, habían pasado cerca de diez años desde que sus fundadores, profesores de ciencias sociales, habían abandonado las aulas y retirado a la clandestinidad, donde planearían su asalto al poder mediante asesinatos, coches bomba y mutilaciones.

Su cabecilla, Abimael Guzmán -que murió en prisión este sábado 12 de setiembre-, había sido profesor de Filosofía en la Universidad de San Cristóbal de Huamanga -en la sierra peruana-, y su plan inicial, tras separarse del PCP original, era apoderarse de las facultades de educación presentando a sus cuadros a elecciones de consejo estudiantil. Al fracasar por esta vía, Sendero Luminoso abandonó las formalidades y se dedicó a la “escuela militar”, pero jamás renunció al adoctrinamiento en las aulas. De hecho, uno de sus organismos de financiación y captación de militantes fue una academia preuniversitaria.

Conversamos con Giuliana Calambrogio, licenciada en Ciencias de la Educación, máster en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra (España) y docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres (Lima), sobre la batalla ideológica que se avecina en la educación peruana, sobre todo tras el reconocimiento de la Federación Nacional de Trabajadores de la Educación (Fenate) -un sindicato magisterial vinculado al maoísmo y al Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), brazo político de Sendero Luminoso-, y las pretensiones del Ejecutivo de modificar la Ley de la Carrera Pública magisterial y de descentralizar el currículo, lo que revelaría un plan del gobierno de Pedro Castillo de adoctrinar en las corrientes marxistas más ortodoxas a las nuevas generaciones de peruanos a través de la escuela pública.

Algunos analistas políticos advierten que existe una batalla ideológica en la educación peruana, y que esta vez no puede perderse, como ocurrió el siglo pasado y permitió la captación de docentes y estudiantes que terminaron engrosando las filas de grupos subversivos. ¿En verdad existe una como tal?

Dentro del magisterio hay una batalla ideológica que se arrastra desde las reformas educativas que se dieron durante la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado [de corte prosoviético], y luego se agudizaron muchísimo, sobre todo en las facultades de formación docente que se adscribieron al “Pensamiento Gonzalo”, que es la ideología marxista-leninista-maoísta que da cuerpo a las ideas de Sendero Luminoso. Si hay un gran componente ideológico dentro de la formación de los docentes en el magisterio. Ahora, muchos docentes no se sienten representados por el Sutep [Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú], por eso ahora algunos están tratando de legalizar este nuevo sindicato que es una fachada del Movadef, brazo político de Sendero Luminoso, compuesto por docentes formados bajo este pensamiento, que no han hecho sino acrecentar desde las aulas esta dicotomía, en términos marxistas, entre el ‘proletariado’ y la ‘burguesía’, que no es otra cosa sino buscar una confrontación entre las clases altas y medias capitalinas y los grupos sociales más vulnerables que sufren del abandono del Estado. Lo cierto es que, a pesar del crecimiento económico de los últimos treinta años, este no se ha visto reflejado en esta parte de la población peruana, no ha habido las ayudas sociales suficientes para terminar con estas desigualdades. Y aquí tienen un caldo de cultivo para sus ideas.

¿Cómo una doctrina tan radical continúa teniendo tanto éxito para infiltrarse en las universidades y el magisterio? ¿Cómo se ha podido camuflar o edulcorar?

La izquierda marxista-leninista-maoísta, que en el Perú también se suscribe como mariateguista, en memoria del pensador comunista peruano José Carlos Mariátegui, tiene claro que, para conquistar una revolución, que ha fracasado a través de las armas, puede optar por otro camino, de largo plazo, pero muy efectivo, que es el de la subversión educativa. Es decir, utilizar a la educación como herramienta ideológica. Inspirados por Gramci, enarbolan que la revolución será cultural o no será, y fueron tomando las facultades de educación, como es el caso de la Universidad de la Cantuta, un centro emblemático que forma docentes para el magisterio. Las universidades que una vez se suscribieron a la subversión han vuelto a ser tomadas ideológicamente. Y no solo estas, en otras como la Pontificia Universidad Católica del Perú, que podríamos creer que tiene sus principios más claros, han suscrito un revisionismo histórico, el cual ha implicado todo un cambio cultural en las generaciones de los últimos 20 años, a quienes se les ha educado que el terrorismo fue un conflicto social, donde los terroristas se presentan como guerrilleros en lucha de unos ideales, que equivocaron el camino tomando la violencia, cuando realmente no hubo ninguna equivocación, sino que siguieron un plan y una ruta trazada sin ningún remordimiento. Este revisionismo, esta nueva forma de ver la historia, y que es enseñada tanto en aulas de universidades nacionales, muchas de ellas de tradición marxista, como en privadas que aparentemente son más de corte liberal, ha contribuido a que haya toda un ala del magisterio influida en estas ideas.

Foto: Giuliana Calambrogio – Archivo Personal

La generación que ha nacido a finales de los 90 y principios del 2000 no ha vivido en carne propia el terrorismo, y muchos de sus profesores universitarios o de posgrado son parte de esta corriente revisionista. ¿Sus enseñanzas distorsionadas, apoyándose en el desconocimiento de sus alumnos, ha sido fundamental para que ahora se minimice tanto el terrorismo comunista? ¿Dónde queda la función del Ministerio de Educación?

Ha sido crucial. Vemos además que mucha gente que se dedica a la actividad docente suelen ser profesionales que no han estudiado pedagogía, sino ciencias sociales, y que tienen una visión totalmente ajena de lo que debería ser la formación pedagógica. Y el Ministerio de Educación no ha mantenido al margen las ideologías de las aulas, todo lo contrario. Muchos de sus funcionarios son egresados de facultades que enseñan neomarxismo. Entonces, los funcionarios del Minedu, quienes tendrían que ser parte del equipo fiscalizador de la labor docente, son cómplices de esta nueva ideologización de la juventud.

¿Qué se podría hacer para liderar un combate ideológico efectivo contra este pensamiento que busca apoderarse de la conciencia de los peruanos más jóvenes?

En la Comisión de Educación del Congreso disuelto inconstitucionalmente en 2019 por el expresidente Martín Vizcarra, se estaba trabajando un informe respecto a las infiltraciones ideológicas en las escuelas y universidades, informe truncado por esta disolución inconstitucional. El Congreso que le sucedió, del 2020, no tuvo la voluntad de continuarlo. La Comisión de Educación actual, presidida por el congresista Esdras Medina [Renovación Popular], tiene una intención clara de retomar estas investigaciones y realizar una labor de fiscalización y sanción por las faltas que han cometido los funcionarios los últimos lustros. Esperemos que esta labor de fiscalización y contrapeso político se haga, y se tiene que hacer por el bien de una democracia sana, y además para conseguir realmente que exista un nivel educativo en el Perú que sea el adecuado. Por otro lado, vemos que de parte de la sociedad civil hay colectivos que piden el retorno a clases presenciales, y también quieren defender la democracia de estos embates ideológicos, porque no debe extrañarnos para nada todos estos vínculos que tienen funcionarios del Ejecutivo con Sendero Luminoso, con el Movadef. Lo que nos queda como ciudadanos es seguir organizándonos de manera coordinada y responsable y esperar que el Congreso haga los contrapesos, porque no podemos permitir que la educación sea utilizada como una herramienta política para inocular ideas perversas en la mente de niños y jóvenes con el fin de destruir la democracia peruana

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