La reforma eléctrica de AMLO: monopolio socialista con energía sucia y cara

EXTINCIÓN DE LA LIBERTAD ECONÓMICA

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador camina día a día hacia su añorado estatismo socialista, buscando monopolizar todos los sectores que considera estratégicos, ahora bajo el pretexto de construir una supuesta “soberanía” energética. 

Le parece aceptable apostar por la producción de energía sucia y además, más cara, en lugar de enfilarnos hacia las energías limpias. 

Es su proyecto socialista, claro. Pero también, intenta salvar a Pemex, la famosa paraestatal que siempre está en crisis, en números rojos, y que produce más basura –combustóleo-, que gasolinas, y que ante las crecientes restricciones legales del mundo en pro del medio ambiente, ya no tiene dónde venderlo.

Morena no entiende hacia dónde se dirige el mundo desarrollado: Islandia consume ya un 81.6% de energías limpias; Noruega, 67.5%; Suecia, 65.3%; Suiza, 50.5%; Francia, 47%; Finlandia, 39.2%, y en América Latina, Brasil, donde gobierna la derecha cristiana con Jair Bolsonaro, un 37.2%. 

Brasil tuvo un consumo primario de energías obtenidas de fuentes bajas en carbón, en 2019, de 46.18%, siendo el país más avanzado en esta línea, a nivel continental. En comparación, México sólo obtuvo un 8.52% de energías bajas en carbón en ese mismo año. 

Entre agosto y octubre de 2020, según datos oficiales, por cada barril producido de gasolina en México, se obtuvieron 1.18 barriles de combustóleo, un simple desecho cuyo valor va a la baja y que por ello no encuentra mercado.

Como hubo apagones en México recientemente, causadas por la ineficiencia de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y ante el hecho de que Texas cerró el flujo de gas por las nevadas, afectando a varios estados mexicanos y a la industria automotriz, AMLO encontró buen timing para lanzar una iniciativa de reforma eléctrica.

Tal propuesta presidencial llegó a la Cámara de Diputados, donde su partido, Morena, aprobó ya el 19 de febrero en la Comisión de Energía, esta afrenta al libre mercado y al medio ambiente, y que hará que todos paguemos más cara la energía eléctrica y el aire esté más contaminado. 

En esta semana en el pleno de la Cámara baja, los diputados obedientes a AMLO votarán usando su mayoría afín al gobierno, a favor de ese lance hacia el pasado. 

En resumen, la idea de AMLO es que se genere energía eléctrica comprando a Pemex sus sucios y caros combustóleos, y dejando fuera la participación de la iniciativa privada. 

Otro golpe más a la libertad empresarial. Pero también al bolsillo de los ciudadanos, porque podrá incrementarse el costo de la energía eléctrica. Y al medio ambiente.

Prueba del autoritarismo del régimen de Morena es que la iniciativa para la Ley de la Industria Eléctrica de AMLO viola la Constitución mexicana, que en su Artículo 25 establece que el desarrollo nacional se debe garantizar de forma integral y sustentable, y para fortalecer la soberanía y el régimen democrático debe aplicarse la competitividad, impulsando así el crecimiento económico y el empleo. 

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) -a la que últimamente también le ha dado por agachar la cabeza ante el gran tlatoani tabasqueño-, ha declarado que hay al menos ocho aspectos inconstitucionales en ese proyecto.

La SCJN ya invalidó el pasado 3 de febrero la obstaculización al principio de competencia para el mercado eléctrico, contenido en la Política de Confiabilidad de la Secretaría de Energía (Sener), que también tenía como meta privilegiar a la CFE para la generación y distribución de energía eléctrica.

Y la iniciativa de AMLO busca exactamente lo mismo. Es decir, ya hay jurisprudencia al respecto. Si los diputados aprueban este embate estatista pro monopolio, se desatará una cascada de amparos y controversias constitucionales.

Pero no sólo AMLO rema en contra de la constitucionalidad, sino de varios compromisos internacionales que México ha signado. 

Como lo ha advertido la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la propuesta viola el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, al intentar crear un monopolio de la energía.

Compromete los compromisos de México con EEUU y Canadá

Neil Herrington, el vicepresidente senior para las Américas de esta organización estadounidense, declaró en un comunicado de prensa que la iniciativa abriría la puerta para la reinstauración del monopolio de la electricidad y contravendría directamente los compromisos de México con Estados Unidos y Canadá. 

Además, advierte Herrington, estos cambios elevarían “significativamente” el costo de la electricidad para los ciudadanos, y limitarían el acceso a la energía limpia.

Consideró que ésta es la más reciente de las jugadas del gobierno mexicano en un patrón de decisiones problemáticas que han minado la confianza de los inversionistas extranjeros. 

En el T-MEC, en lo relativo a la contaminación del aire, México se comprometió a proteger la capa de ozono y regular la contaminación atmosférica. Algo que evidentemente no cumplirá y se hará acreedor de sanciones. A AMLO no le preocupa que las plantas subutilizadas requieran carbón y combustóleo. 

De acuerdo con Porfirio Muñoz Ledo, una de las pocas voces críticas dentro de la 4T, México incumpliría, de aprobarse la reforma, además, con otros varios acuerdos internacionales comprometidos con frenar el cambio climático, como el Protocolo de Kyoto, el acuerdo de París, y la cumbre de Cancún.

Los gobernadores de la llamada Alianza Federalista, ya habían advertido que la reforma de AMLO derivaría en un aumento a los costos de la energía y en problemas ambientales y en las relaciones internacionales, por lo que llamaron al Congreso a rechazar la iniciativa. 

Se bloquearía la inversión privada y pública, y la creación de nuevos empleos cuando más se necesitan. Y, a decir de los mandatarios opositores, no hay justificación científica que sustente la iniciativa.

Un problema más de la reforma del tabasqueño es que intenta acotar los permisos a las empresas privadas para autoabastecerse de energía, de manera que éstas no podrían generar su propia electricidad para sostener su productividad. Con ello se les aprieta para que le compren electricidad a la CFE, pero a un mayor costo.

El excandidato a la presidencia por el PAN, Ricardo Anaya, analizó en Twitter que la iniciativa de AMLO prefiere la energía más sucia y cara, porque existe un exceso de combustóleo que no encuentra mercado. 

Por ello se usará en las termoeléctricas para producir electricidad, como sucede hoy en la de Tula, Hidalgo. La ley ahora obliga hoy a usar la energía más limpia y más económica, y quieren modificarla para poder usar el combustóleo. Sólo que cuesta 5 veces más caro generar electricidad quemando tal producto.

Es muy cuestionable que AMLO busque construir una supuesta soberanía energética y rescatar al siempre quebrado Pemex, sin importar el altísimo costo social, económico, empresarial y ambiental que esto representa, así como la extinción de la libertad económica y el ahuyentar la inversión privada. Todo este conjunto de despropósitos huele mucho a socialismo.

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