«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
PERO... ¿ES LA PERSONA ADECUADA PARA DERROTARLO?

La vuelta de Trump para inspirar a la creciente oposición al nuevo régimen

El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump
El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump

2024 está muy lejos. En la vida democrática, un mandato es una eternidad y todo puede pasar en cuatro años. Trump ha vuelto a la arena pública en el momento justo, después de un eclipse mediático muy impropio de él, cuando el votante americano ya ha tenido un aperitivo de lo que puede ser la presidencia Biden-Harris, Harris-Biden, tanto monta, monta tanto: promesas rotas en el minuto uno, listas, purgas, revancha, persecución, corrección política en vena, la guerra de siempre, siempre interminable y lejana, puestos de trabajo perdidos en aras a la ‘economía verde’, apertura de la frontera con México…

El “no es esto, no es esto” ha llegado con Biden a una velocidad récord, el arrepentimiento de tanto votante que esperaba la revolución ‘woke’ de Alexandria Ocasio-Cortez o, por el contrario, una vuelta a la normalidad-normal, a la de antes.

Y el Trump que ha vuelto es un respiro y un consuelo para muchos. Ha tocado las teclas justas con el tono esperado, con su acostumbrada vitalidad desbordante. El Partido Republicano es suyo y los traidores van a pagarlo en las urnas, no habrá tercer partido y sí, claro, se va a presentar a las elecciones presidenciales de 2024 para conseguir “una tercera victoria”.

Sí, el discurso fue perfecto, el mejor Trump. Y sin embargo…

…Sin embargo, a uno le cuesta escuchar algunas de sus renovadas promesas y no recordar que fue presidente de los Estados Unidos y no las cumplió, no todas, no las más significativas. Por ejemplo, esa insistencia en que ganó las pasadas elecciones y se las robaron. Desde la misma madrugada del recuento, Trump habló de fraude masivo, sí, pero también se pasó todo el tiempo, desde ese momento al infausto 6 de enero, por boca de sus colaboradores tanto como por la propia, anunciando pruebas abrumadoras y estrategias irresistibles, comprometiéndose a no ceder jamás y, lo que es peor, alimentando en sus seguidores esperanzas que no se cumplieron. Si alguien lo define como “dejarles tirados” no podría reprochárselo.

Era el presidente. Llevaba semanas alertando del fraude que se preparaba. Y no lo evitó, ni reunió esas ‘pruebas abrumadoras’. «Los demócratas usaron el virus chino como excusa para cambiar todas las normas electorales sin la aprobación de las legislaturas de los estados”, ha dicho, y es tan cierto que el TIME se solazó contando toda la conjura. Pero, si lo veía, ¿por qué no hizo nada? Y, en cuanto al ‘virus chino’, el Fernando Simón americano, el doctor Fauci, era parte de su Administración, podía habérselo quitado de encima de un plumazo. Tampoco lo hizo.

O esto otro: “Ha llegado el momento de romper los monopolios de las grandes tecnológicas”. Pocas cosas tan urgentes y necesarias, pero ya anunció durante el último año de su presidencia que iba a hacerlo y, en su lugar, no hizo nada. Como no hizo nada contra Antifa o Black Lives Matters mientras quemaban las ciudades norteamericanas, aunque también lo anunció.

No construyó ese muro que durante su primera campaña se convirtió en el símbolo de su candidatura, dio marcha atrás con los ‘dreamers’, mantuvo las guerritas imperiales (aunque no iniciara ninguna, Dios le bendiga, y retirara tropas).

«Estamos en una lucha por la supervivencia de Estados Unidos tal como lo conocemos». Esta es la frase, esta es la razón por la que fue elegido y el motivo por el que resulta tan consolador escucharle ahora. No me entiendan mal: la presidencia de Trump fue extraordinaria y la figura de Trump, necesaria para inspirar y unificar un difuso malestar masivo.

Pero esa deriva de la sociedad americana es una tendencia demasiado poderosa, y si Trump fue sin duda la persona ideal para encarnar la resistencia, quizá no sea la persona ideal para llevarla a la victoria. Piensen, por ejemplo, en un aspecto que Trump ha atacado obsesiva y mordazmente durante todo su mandato, la corrección política y la tribalización que alienta. El propio Trump prohibió en la administración los cursos estalinistas de ‘crítica racial’ que se estaban llevando a cabo por todas partes. Pero, ¿ustedes ven que se haya detenido esta tendencia, no digamos que se haya revertido? No, durante toda su presidencia ha seguido creciendo imparable, como si tal cosa.

Trump se ha convertido en la Bestia Negra, en el objetivo a batir de la presente Administración. El acoso es ya evidente, y no va a hacer otra cosa que crecer. Son muchas las voces en el Partido Demócrata que piden procesar penalmente al expresidente, algo que en el actual ambiente no puede descartarse en absoluto y que haría inviable una candidatura de Trump en 2024.

Es bueno tenerle de vuelta, y su figura seguirá siendo necesaria para inspirar a la creciente oposición al nuevo régimen. Pero si es la persona adecuada para derrotarlo y dar la vuelta a la decadencia de Estados Unidos es ya una cuestión muy distinta.

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