Las redes, el Día de Nada Que Agradecer y las ganas de desmoralizar al norteamericano común

LOS AMERICANOS ESTÁN HARTOS

Quiero proponerles una pausa en esta frenética espera puntuada por pasos hacia delante y hacia atrás, contrarreloj, que habrá de resolverse en pocos días con un resultado que será, en cualquier caso, profundamente traumático para la sociedad norteamericana. Una pausa como la que hicieron el jueves los propios americanos, celebrando su fiesta favorita del calendario nacional: Acción de Gracias.

Estados Unidos es un país gigantesco con una enorme movilidad geográfica. La gente se muda con facilidad de ciudad e incluso de estado siguiendo las oportunidades de empleo, lo que hace común que los miembros de las familias vivan a muchos kilómetros de distancia unos de otros y prácticamente no se reúnan todos salvo en este día, que con independencia de lo que se supone que conmemora es una ocasión para alegrarse de ser americano (estadounidense, ya saben) y de estar en familia.

Ahora, si hay dos cosas que son como un capote rojo para el toro progresista -eso que allí llaman engañosamente ‘liberal’-, estas son el patriotismo y la familia. Las naciones y la familia no caben en el Gran Reinicio predicado por su profeta, el alemán Klaus Schwab, fundador del Foro de Davos. Así que ha sido un Día de Acción de Gracias ‘complicado’ para muchos ciudadanos de Estados Unidos. Por un lado tenían a ese puñado de gobernadores a los que la pandemia ha sacado el sátrapa que tenían dentro y que imponen normas absurdas para aguar la fiesta, y por otro a los grandes medios y las redes sociales predicando incesantemente sobre lo horrible, horrible que ha sido la historia norteamericana en general y los puritanos de Virginia en particular, y lamentando la ocasión de tener que deglutir un pavo seco en compañía de familiares a los que no se soporta. Sí, son la alegría de la huerta.

Especialmente agresiva este año ha sido la campaña emprendida por Youtube, la red para compartir vídeos propiedad de Google, otra que tal baila, contra la popular festividad. Este año, Youtube, en ese afán que les ha entrado a nuestras élites empresariales por educarnos y desarraigar de nuestro negro corazón apegos pecaminosos y trasnochados, han lanzado un día alternativo de ‘activismo y resistencia’ llamado Unthanksgiving Day, que podríamos traducir muy libremente como Día de la Ingratitud aunque sería más exacto, Día de Nada Que Agradecer. Les dejo aquí cómo lo explica en Twitter la propia cuenta de Youtube: “Para los Americanos Indígenas y Nativos, el cuarto Jueves de Noviembre está dedicado a la historia, el activismo y la resistencia Indígenas. Se llama Unthanksgiving”.

Como estamos dispuestos a apostar un brazo a que en la idea no ha participado originalmente un solo indígena, podemos estar seguro de que son ganas de fastidiar y desmoralizar al norteamericano común, el ser más odiado por la propia élite que le gobierna. Ni que decir que a la iniciativa le han caído bofetadas hasta en el carné de identidad en forma de indignados comentarios de usuarios de las redes. Maggie (@Miss_Maggie6) les dice: “Hey, YouTube, habla el año que viene sobre el genocidio uigur durante el Año Nuevo chino”; otro tipo, con la cuenta @Gunalizer, responde: “Vuestro comentario va de una narrativa que urge a otros terroristas de izquierdas a que acepten la sedición. Los izquierdistas actuales son tiranos que piensan que van a engatusar a los americanos. Apoyáis una ideología que ha matado a cien millones y contando”, y así, muchas otras lindezas de americanos hasta más arriba del pelo de la arrogancia progre.

Y, para que no piensen que me estoy yendo por los Cerros de Úbeda, traigo esto a colación porque ilustra bastante bien qué ha pasado para que aparezca un tipo como Donald Trump y para que un presidente norteamericano legítimamente elegido haya concitado un odio tan feroz y activo de todos los poderes políticos y fácticos del país.

Y la razón es esta: los americanos están hartos. Hartos de un proceso que nos afecta en realidad a todos en Occidente, que nos venden con sospechosa unanimidad todos los poderes, desde Hollywood a Wall Street, que se lleva aplicando desde hace décadas y que pretende arrebatarnos todo lo que amamos, creemos y celebramos sin pedirnos siquiera permiso. Las elecciones no eran arreglo, porque el candidato republicano y el candidato demócrata solían ser Jack Johnson contra John Jackson, tan enfrentados en la retórica como acordes en todo lo importante. Presidentes demócratas y republicanos creían en la necesidad de continuas guerritas imperiales vendidas como operaciones humanitarias; presidentes demócratas y republicanos veían inevitable la sustitución demográfica a manos de una inmigración masiva. Y así, toda la agenda que ustedes conocen tan bien como yo, porque es omnipresente.

Y en esas apareció Donald. Y lo demás es historia.

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