Lasso no pone fin al socialismo en Ecuador: realiza concesiones impensables al globalismo progresista

El cambio de postura del presidente sobre el aborto es revelador
El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso. Europa Press

Mientras Sudamérica se viste de rojo con el triunfo de los candidatos de izquierda en la región, Ecuador se vuelve una especie de oasis. Sin embargo, hay oasis que también resultan espejismos: en contraste con el desierto lucen esperanzadores, pero de cerca la realidad es otra.

En Ecuador ganó la presidencia Guillermo Lasso, a quien la prensa local e internacional tachó como “conservador”, padre de cinco hijos, felizmente casado con una esposa abiertamente devota a su fe, banquero, millonario, promotor de la libre empresa.

Se anunciaba como la opción que permitiría a los ciudadanos ser dueños de su dinero y usarlo para el bien de sus familias, no para ser esquilmados con impuestos. Bajo esa consigna venció al socialismo del siglo XXI que persiguió a sus detractores por más de una década, censurando y expropiando medios de comunicación.

Pero Lasso no resultó ser el héroe de la libertad que vaticinaban sus defensores. Si bien es cierto que ahora en Ecuador se respeta la libertad de expresión y el presidente Lasso recibe toda clase de críticas sin represalias (proceso que empezó en la transición de Rafael Correa hacia el sucesor que finalmente le dio la espalda, Lenin Moreno), en materia social resultó más funcional a la agenda de izquierda que el antes mencionado.

Y es que la izquierda ya no es la misma. Con el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil el Foro de Sao Paulo se vio ante la necesidad de migrar. Encontró en México, gobernado por Andrés Manuel López Obrador, terreno fértil y próspero para reorganizarse. Así nació el Grupo de Puebla.

La Internacional Progresista encontró su cuna allí. La Nueva Izquierda se desprendió de la ortodoxia del socialismo del siglo XXI y en nombre del progresismo avanza junto a los objetivos de la Agenda 2030 de la ONU.

En nombre del progreso buscan destruir todo aquello considerado “del pasado”, incluida la historia misma. El socialismo del siglo XXI se proclama a sí mismo bolivariano, y es profundamente antihispanista.

Lasso quebró ese relato en su reciente visita a España. Mediante una analogía, retrató a España como la Madre Patria y la Hispanidad como sus hijos. De manera que en materia histórica sí ha sido reparador frente a la división social que ha propugnado el socialismo. No obstante, ha sido funcional en materia jurídica y social.

Todavía no ejercía funciones pero ya estaba electo cuando la Corte Constitucional falló a favor de la despenalización del aborto en caso de violación. Lasso contestó que aceptaba la decisión, pues era católico “pero”, también demócrata y republicano.

Lo cierto es que no se puede ser católico “pero” partícipe del aborto. Es motivo de excomunión.

El 2271 (que está dentro de la sección del quinto mandamiento, “no matarás”) del Catecismo de la Iglesia Católica detalla: La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae”. Latae sententiae significa en latín “sentencia ya impuesta”.

Cabe destacar que al final del párrafo destaca que “la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad”.

De modo que podría redimirse al vetar el proyecto de ley de aborto por violación, en caso que se apruebe en la Asamblea Nacional (nombre que lleva el parlamento ecuatoriano tras el periodo socialista). Dicha ley es particularmente grave, puesto que permitiría “interrumpir el embarazo” hasta el nacimiento sin denuncia contra el violador.

En cuanto al alegato de Lasso de ser demócrata por aceptar la decisión de la Corte Constitucional, también es incorrecto si se considera que atenta contra la voluntad popular. Pues el Ecuador es una nación mayormente provida, hasta un 91 % en la costa rural.

Por último, sostiene ser republicano y la base de este concepto, según Montesquieu, es la división de poderes. Sin embargo, la Corte Constitucional está pasando por encima de los tres poderes, al ejercer una función legislativa y revierte el proceso judicial (condenando a pena de muerte a un inocente, sin sanción contra el delincuente).

Es evidente un cambio en el discurso de Lasso. Cuando en el 2019 el Ecuador rechazó a nivel parlamentario el aborto en caso de violación y malformación fetal, Lasso abogó por salvar las dos vidas, de madre e hijo y dar a las mujeres soluciones para combatir la violencia, no ejercerla contra inocentes.

Por su discurso anterior los medios masivos pintaron a Lasso de conservador pero, su gobierno ha sido funcional al progresismo. Por ejemplo, en el día del orgullo LGBT se iluminó el Palacio de Carondelet con los colores de la bandera del arco iris. Si bien el presidente estaba en EE.UU. por causa de una operación, siguió al mando en esa fecha.

Y la lista continúa: como la inversión en la “lucha contra la violencia de género”, pautada marcada desde el día que asumió el poder. En lugar de respetar la igualdad entre los sexos ante la ley, ha pactado con el relato separatista que divide a hombres y mujeres entre oprimidas y opresores, funcional al relato de la “lucha de clases”.

Sin embargo, la primera dama, María del Lourdes Alcívar de Lasso, quebró esa dicotomía anunciando que la mujer tiene el mayor poder: dar vida y que solo es víctima si ella lo permite. El discurso fue retorcido para atacarla, alegando que menospreciaba el dolor de las víctimas de violencia. Pero su intención y mensaje fue lo opuesto: fue un alto al discurso de victimización y un llamado a la concientización, de que la violencia hay que evitarla en el primer paso, no esperar hasta que no haya salida. Eso fue en noviembre.

En diciembre el Gobierno de Lasso dio su último paso hacia la avanzada de la agenda globalista: la vacunación obligatoria. Fue incluso más allá incluso de las recomendaciones de la ONU y la OMS que recomiendan NO imponer la vacuna: Ecuador sancionó a los negocios que NO discriminaban a sus clientes entre vacunados y no vacunados.

Como promesa de campaña Lasso ofreció vacunar a 9 millones de ecuatorianos (en un país de alrededor de 17 millones) en los primeros 100 días de su gestión y lo logró incluso antes. Para diciembre la vacunación rondaba el 72 % de la población. Pero no fue suficiente.

Lo que fue la Guerra Fría tomó una nueva forma. En esencia el comunismo es socialismo internacionalista. El globalismo es hoy la nueva forma de terminar con la soberanía de las naciones, esta vez en nombre del progresismo, alegando ser prociencia se pregona el cientificismo a ciegas, en donde la industria farmacéutica puede terminar con la soberanía de una nación y, con ello, imponer su voluntad sobre los ciudadanos de ésta.

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