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Perú Libre no tiene estrategia sanitaria para combatir el covid-19

EL CANDIDATO COMUNISTA SE APEGA A UN PROGRAMA DE GOBIERNO PRESENTADO EN ENERO DE 2020
Pedro Castillo - Foto: EuropaPress

El ultraizquierdista Pedro Castillo, docente provinciano, líder sindical y candidato presidencial de Perú Libre, encabeza la intención de voto de cara a la segunda vuelta de las Elecciones Generales 2021 en el país andino, superando con amplia ventaja a la derechista Keiko Fujimori (Fuerza Popular).

De acuerdo con un estudio elaborado por la Compañía Peruana de Estudios de Mercado y Opinión Pública (CPI) y difundido por el dominical Panorama, Castillo lidera los sondeos con 35.5% de respaldo popular frente al 23.1% de la candidata de Fuerza Popular (FP).

La encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) -por encargo del Grupo La República- también revela que Castillo obtiene 41.5% mientras Fujimori alcanza 21.5%. De acuerdo con este estudio, un 21.2% votaría blanco o nulo, un 13.5% no precisa y 2.2% no votaría por ninguno.

De acuerdo con el IEP, Castillo consigue mayor intención de voto en la región centro y sur del Perú con 54.7% y 45.8% respectivamente, mientras que el mejor respaldo a la candidatura de la hija del expresidente Alberto Fujimori se encuentra en el norte y centro del país con 19% y 14.8% respectivamente.

Por otro lado, la encuesta de Datum Internacional -por encargo de la Empresa Editora El Comercio S.A- también le da el primer lugar a Castillo con 41% de intención de voto, mientras que su contendiente alcanza un 26%.  El estudio precisa que Lima y las regiones norte y sur del país reúnen a la mayor cantidad de indecisos con un 32%, 33% y 34% cada uno.

Debido a su liderazgo en las encuestas, Castillo se ha convertido en blanco del interés de buena parte de los peruanos por conocer no solo sus propuestas -muchas de las cuales han generado temores en los inversionistas por su tendencia estatista-, sino también quiénes son los integrantes de su equipo técnico en caso que llegue a ganar las elecciones y deba asumir la presidencia el próximo 28 de julio –una presidencia que, debido a la enorme crisis económica y sanitaria, no será nada fácil–.

Covid-19: el enemigo principal

Sin bien coincide con Fujimori en dejar atrás las cuarentenas como la espina dorsal de la estrategia sanitaria para contener la pandemia del covid-19 -aplicadas sin éxito tanto por Vizcarra como Sagasti-, Castillo no cuenta, a diferencia de su rival -que tiene entre sus filas al exdirector del Instituto Nacional de Salud, Ernesto Bustamante- de un equipo técnico visible y destacado.

Mientras Fujimori propone la detección temprana con pruebas moleculares diarias, rastreo de contactos infectados, uso de vacunas con eficacia mínima de 70% y aislamiento domiciliario de infectados con ayuda alimentaria y medicamentos; el candidato de la izquierda radical divaga.

En una entrevista en el dominical Punto Final, el líder sindical respondió que tiene “todo un equipo técnico”, no obstante, aseguró que no podía revelar las identidades de sus asesores, y ante la insistencia del periodista que le formulaba las preguntas, indicó que le daría los nombres fuera de cámaras.

“Lo importante es que este es un equipo técnico que están en cada uno de los rubros con la finalidad que se entreguen primero al país. Tiene que haber un gobierno de solvencia moral”, dijo.

Muchos temen que Castillo no se encuentre preparado para afrontar la coyuntura y solo se apegue estrictamente al ideario-programa presentado por Perú Libre al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), el cual fue elaborado por el exgobernador Vladimir Cerrón -condenado por corrupción- antes del estallido de la crisis sanitaria, y que, por consiguiente, no menciona ningún detalle sobre el combate a la pandemia del covid-19.

En temas de salud, el ideario-programa de Perú Libre propone declarar en emergencia el sector, incrementar el presupuesto al 10% del PIB y unificar el sistema sanitario –actualmente repartido entre el Ministerio de Salud (Minsa), EsSalud (Seguridad Social) y las dependencias de los institutos armados–.

Las primeras menciones sobre combatir la pandemia las hizo Castillo en el debate presidencial del JNE, en el que aseguró que su gobierno priorizará una “vacunación universal, masiva, popular y gratuita”, resaltando la posibilidad de comprar la vacuna rusa Sputnik V.

El candidato se mostró en contra de las cuarentenas nacionales, y llamó en un mitin en Jaén -nororiente peruano- a que se “abran las escuelas, que se abra el comercio, los proyectos de los gobiernos municipales y regionales” para reactivar la economía.

También respondió en una entrevista al diario La República que llamaría a las empresas nacionales y transnacionales para pedirles “su cuota” solidaria para comprar vacunas, camas UCI y financiar locales de la Beneficencia Pública para trasladar a esos establecimientos a los pacientes que no logran recibir atención en los hospitales colapsados.

Castillo afirmó esta semana desde Piura -norte del Perú-, que “para la tranquilidad del pueblo”, en un eventual gobierno suyo el proceso de vacunación contra el covid-19 culminará el 31 de diciembre de este año, y que su equipo técnico -desconocido- trabaja con autonomía en la propuesta para enfrentar la vacunación en todas las regiones.

Según especialistas médicos consultados por El Comercio, hay dos situaciones críticas que desafían las buenas intenciones y propuestas de los candidatos a segunda vuelta: no hay vacunas suficientes en el mercado internacional, y la falta de médicos y enfermeras intensivistas.

La necesidad de liderazgo estatal para combatir la pandemia

Para Omar Neyra, doctor en Salud Pública y experto en Gestión de Productos para la Salud, las horrorosas cifras de fallecidos víctimas del covid-19 en el Perú, que hasta el 26 de abril se contabilizaban en 60 416 muertos, son producto de la “falta de liderazgo y planificación por parte del Estado”, que hasta el momento viene implementando políticas que, a su juicio, parecen ser recomendaciones sacadas más de un gabinete de asesores políticos y de imagen que de un comité de expertos en temas sanitarios.

Lo que ha pasado en el Perú, tanto en la primera como segunda ola del covid-19, es una falta de liderazgo y planificación por parte del Estado. No hemos sido capaces de implementar una vigilancia epidemiológica para controlar la cadena de contagios, identificar casos positivos sintomáticos y asintomáticos, aislarlos y hacer seguimiento. Eso súmale a que el Perú es un país con una capacidad hospitalaria desastrosa, que ya había colapsado antes de la pandemia, y a que no implementamos plantas de oxígeno medicinal. El Estado no solo ha tenido una visión de la bioseguridad y de las políticas sanitarias equivocada, sino contraproducente. Sin tener evidencia científica, sin tener soporte académico, implementaron políticas que parece que no fueron guiadas por asesores sanitarios, sino políticos o de imagen, lo que explican las ordenanzas de uso de caretas faciales y guantes, que se convierten en vehículos de contagio porque crean una falsa sensación de seguridad. Es fundamental que el Estado empiece a repartir masivamente mascarillas quirúrgicas tres capas-tres pliegues en los mercados, paraderos de transporte público y comunicar adecuadamente a través de los canales que correspondan para que los peruanos sepan cómo utilizarlas y desecharlas correctamente. Esto tendrá un impacto enorme en la cadena de contagios. Y, sobre todo, resulta fundamental saber de la eficacia que tienen las vacunas que se van a comprar por el contexto de las variantes que predominan en determinada población. Los programas deben ser rápidos, ágiles, no tiene ningún sentido vacunar al ritmo que actualmente tiene el Perú de veinte mil por día, porque cuando intentes hacer un estándar de población al 70% –estamos hablando de casi 22 millones de peruanos que deben vacunarse para tener efectividad– será tarde porque tendrás encima una cantidad considerable de variantes. El Perú puede vacunar a 250 mil personas por día, y ese debe ser el objetivo para lograr algo importante si queremos tener un impacto con las vacunas”, afirma.

Omar Neyra. Créditos: Archivo Personal.

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