'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
EL RÉGIMEN ESTÁ URGIDO DE 'LEGITIMIDAD'

Presos políticos: las fichas de cambio que el chavismo utilizará en la negociación de México

Foto: Facebook

Las negociaciones entre la tiranía chavista y la ahora llamada Plataforma Unitaria de la oposición venezolana (en la que está incorporado Juan Guaidó) ya ha puesto sus primeros efectos sobre la mesa. El domingo 15 de agosto en horas de la noche fue excarcelado el exdiputado y colaborador cercano de Guaidó, Freddy Guevara.

Guevara, quien es además el número dos de Voluntad Popular (la formación política de Leopoldo López y del propio Juan Guaidó), no tendría muy en claro su futuro inmediato. De momento solo se ha conocido que no le fue concedida la libertad plena, sino que ha quedado sometido a un régimen de presentación judicial cada 30 días, además de ser objeto de otras limitaciones.

De momento luce obvio el hecho de que el chavismo ha optado por esta medida para aparentar voluntad de ceder, de cara al proceso que recién ha comenzado el viernes en México. Con ello el mensaje enviado a la comunidad internacional -ahora con los ojos puestos sobre las negociaciones mexicanas- tendería a reforzar la línea de opinión que, por ejemplo, ha esbozado Josep Borrell en meses previos. Esto a propósito de que, bajo ciertas condiciones específicas, es posible observar y promover cierto nivel de “apertura” del régimen chavista en Venezuela.

No se puede ser ingenuo, y menos con la tiranía chavista. Buena parte de las dudas ahora recaen en el hecho de si el régimen ha puesto en su casa nuevamente a Guevara para que este se incorpore de ahora en más a las negociaciones en tierras  mexicanas o incluso para que concurra como candidato en las elecciones regionales previstas a realizarse en noviembre.

En el pasado un procedimiento similar fue aplicado al también dirigente de Voluntad Popular, Yon Goicoechea, quien luego de ser apresado por el chavismo fue excarcelado en 2017 bajo chantaje para que concurriese como candidato opositor a la Alcaldía de una Municipalidad de Caracas. Aquellas elecciones eran unas de tipo regional (similares a las que se tienen previstas para noviembre de este año) en las que la mayoría de la oposición había decidido no participar, debido a las claras muestras de fraude que presentaba el sistema electoral.

Este mismo modus operandi estaría siendo puesto en práctica por parte del chavismo con casos de exiliados políticos opositores, a quienes curiosamente se les ha permitido el retorno a Venezuela sin persecuciones, pero bajo el chantaje de que participen en el activismo político a través de candidaturas a gobernaciones. Tal es el caso del exdiputado Américo De Grazia, hasta hace poco exilado y ahora candidato a Gobernador del estado Bolívar (sur) o del Ex Diputado José Manuel Olivares, quien también ha vuelto al país y posiblemente será candidato a Gobernador del estado Vargas (norte centro).  

Aunque esto, al menos en el caso de Guevara, luce improbable en lo inmediato, dado que el exparlamentario ha señalado tener problemas de salud que se han agravado durante su última estadía en los calabozos.

El objetivo, en todo caso, es muy claro en lo que respecta al chavismo: en medio de un clima de dudas ya arraigado en la población sobre la imparcialidad y transparencia de las elecciones en Venezuela, el régimen necesita desesperadamente legitimarse en este plano, sobre todo con miras a conseguir el visto bueno de la comunidad internacional. Y para ello es fundamental que en dichas elecciones haya al menos un par de candidatos disidentes que den la apariencia de que hay una competencia real y equilibrada entre abanderados del régimen y de la oposición. De allí el empeño, a como dé lugar, de que dirigentes de los partidos adversos a Maduro presenten sus “candidaturas”.

La “liberación” de presos políticos es, además, el elemento menos costoso para la tiranía chavista en la mesa de negociación. Poner en las calles o en sus casas a 20 o 30 personas que el régimen ha mantenido detenidas incluso por años en infaustos calabozos no afectaría en nada el centro de poder capitaneado por Maduro. Por tanto, en términos de concesiones, ceder prisioneros por razones políticas que el chavismo ha acumulado para emplear como fichas de cambio no alteraría en modo alguno la estructura de poder del régimen y le permitiría a este decirle a la comunidad internacional que no es tan intransigente y está dispuesto a dar su brazo a torcer en temas sensibles.

Así el chavismo estaría resolviendo un problema doble: por un lado entregaría señas de buena voluntad y benevolencia al mundo, mientras por el otro tendría la capacidad –bajo amenazas a los excarcelados– de abultar las listas de supuestos candidatos de oposición en los truculentos procesos electorales por venir, con miras a dotarlos de algún grado de legitimidad postiza. Una jugada maestra.

En esta materia el chavismo tiene mucho material de donde  echar mano. Hasta finales de junio la ONG de defensa de DDHH, Foro Penal, ha acreditado la existencia de unos 268 presos por razones políticas en toda Venezuela. Es de notar, además, que dicha organización se ha referido a la existencia en el país caribeño del llamado efecto de “puertas giratorias”, caracterizado por situaciones reiteradas en las que el régimen de Maduro libera presos políticos solamente para meter en las cárceles a nuevas víctimas.

Así, México podría terminar de convertirse en un escenario en el que la disidencia a Maduro quede aún más acorralada de lo que ya está, teniendo que hacer concesiones políticas de consideración (como abandonar la aspiración de tomar el poder en lo inmediato) a cambio de que el régimen decida excarcelar a unos cuantos presos políticos y logre así lavarse el rostro frente a actores de la comunidad internacional. Actores que realmente tampoco parecen demasiado dispuestos a hacerle mayores requerimientos al chavismo; exigencias que no irían más allá de que mejore su comportamiento y sus maneras de conducirse en sociedad. La permanencia de la tiranía en el poder quedaría implícita en toda esta ecuación.

El chavismo ha comenzado un juego que no augura buenos presagios para los demócratas que sueñan con ver a Venezuela trocarse en un país distinto en un futuro próximo, pues lo ha hecho con unas cartas que ya están, de antemano, trucadas.

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