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Rusia incrementa su presencia en la Iberosfera a través de los acuerdos para la compra de vacunas

VLADIMIR PUTIN NO DA PUNTADA SIN DEDAL
Vladimir Putin - EuropaPress

El desespero ante la crisis de suministro de vacunas contra la covid-19 en varios países de la Iberosfera ha colocado al líder ruso, Vladimir Putin, en una posición privilegiada a la hora de intentar expandir su influencia y juego geopolítico en distintos lugares del mundo. La farmacéutica rusa y sus vacunas están siendo vitales en esta operación.

Actualmente los laboratorios rusos producen al menos 3 tipos de vacuna: Epic Vac Corona, Covivac y la conocida Sputnik V. Esta última se ha convertido en todo un suceso luego de que la revista científica británica The Lancet publicara este año un estudio en el que se determina que, en su fase 3, Sputnik V logró registrar un índice de efectividad de hasta 91,6% en la prevención del contagio y de un 100% a la hora de evitar que los pacientes desarrollen complicaciones graves por Covid-19.

El producto ruso, que además no ha presentado mayores problemas en la opinión pública debido a los efectos secundarios que puede generar cuando es aplicado, forma parte de un selecto grupo en el que destacan otras vacunas que son muy eficaces a la hora de prevenir el contagio del Coronavirus: Pfizer/BioNTech (que reporta  efectividad de un 95%) y Moderna (que ha registrado hasta un 94% de efectividad).

Putin, maestro del manejo de las percepciones, además busca dar la sensación al mundo de que ha logrado manejar con holgura los contagios y la mortalidad generada por la pandemia. Recientemente el  Director del Instituto Central de Investigación de Epidemiología del gobierno, Vasily Akimkin, ha dicho que en Rusia ya se han aplicado más de 25 millones de dosis, inmunizando a algo más de 10 millones de personas. De acuerdo con este funcionario, el país europeo ocupa un lejano lugar 72 en cuanto a contagios por cada 100 mil habitantes en el ranking mundial de naciones.

Pero curiosamente los números siguen siendo bajos. Rusia tiene cerca de 145 millones de habitantes y, de ser ciertos los datos que aporta Akimkin, hasta ahora no estaría vacunada ni el 10% de su población total. Paradójicamente, amén de lo que digan las revistas científicas y la comunidad médica mundial, el pueblo ruso no parece tener tanta fe en sus vacunas. Una encuesta llevada a cabo a principios de marzo arrojó que solo el 30% de los rusos estaba dispuesto a vacunarse. El mismo estudio señala que cerca del 60% de los habitantes del país creen firmemente que el coronavirus es una creación de laboratorio que es usada como “arma biológica”.   

Al voleo estas cifras permiten entender que el lento proceso de vacunación en la nación de Europa del este corresponde más a la escasa voluntad de la población de inmunizarse con estos fármacos (debido un espeso clima de desconfianza en las autoridades y en la propia pandemia) que a la ausencia de vacunas en sí (como ocurre con muchísimos países alrededor del mundo).

De hecho, solo fue hasta finales de marzo que el Presidente Putin accedió a vacunarse. Lo hizo en medio de la ola de secretismo que caracteriza a su gobierno. El Kremlin no reveló nunca cuál de las 3 vacunas disponibles en el mercado local fue aplicada al mandatario. El portavoz del gobierno, Dmitry Peskov, solo señaló en una entrevista a la CNN: “Deliberadamente no diremos qué tipo de vacuna tomará el presidente, mientras hacemos notar que las tres vacunas rusas son absolutamente confiables y efectivas”.

Sin embargo, una Iberoamérica desesperada por vacunas no parece pensar lo mismo que el pueblo ruso. Regiones absolutamente desasistidas y que al día de hoy presentan tasas de vacunación muy lenta en la mayoría de los casos, ponen en jaque mate a la región frente a la pandemia. La ausencia de suficientes vacunas provenientes de las confiables farmacéuticas estadounidenses han llevado a los latinoamericanos a buscar opciones alternas. Allí Rusia, Putin y específicamente la Sputnik V han conseguido un espacio formidable para llenar.

Un reporte del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), un Think Tank izquierdista que hace vida en la región, señala que para finales de abril al menos 10 países  habían aprobado el uso de esta vacuna: Argentina, Bolivia, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Panamá y Venezuela. Al mismo tiempo que se indicaba la intención de Gamaleya (el laboratorio que fabrica la Sputnik V) para contar con la aprobación y el uso del gobierno de Jair Bolsonaro. Eso en un Brasil devastado por los efectos de la pandemia, que ya se ha cobrado más de 450 mil vidas allí.

La influencia de Rusia en la región, aprovechando las precariedades de la misma para manejar los brotes de las nuevas cepas del virus, es algo que ya preocupa en los círculos diplomáticos de los Estados Unidos de América. Por ejemplo, el ex subsecretario de Estado, Thomas Shannon, ha manifestado recientemente a la Associated Press que el gobierno de EEUU ha dejado pasar la oportunidad de estrechar lazos con sus vecinos latinoamericanos con el tema de la asistencia en las campañas de vacunación masiva. Esto ha dejado la puerta libre para que los intereses chinos y rusos hayan aprovechado el vacío y hoy por hoy sus vacunas estén muy presentes en varios países del continente.

“Para el Kremlin, la covid fue un regalo caído del cielo (…) Fue una oportunidad de relanzar sus esfuerzos diplomáticos en el hemisferio en un tema de salud pública y lo están aprovechando al máximo”, dijo Shannon.

A mediados de mayo el Presidente estadounidense Joe Biden señaló que estaba dispuesto a donar 20 millones de dosis provenientes de los laboratorios Moderna, Pfizer, y Johnson & Johnson. Este lote de vacunas se unía a otros 60 millones de dosis provenientes de Astra-Zeneca que previamente Biden apuntó que estaba dispuesto a donar a distintos países del mundo. Dichas vacunas en teoría se comenzarán a distribuir antes de julio de este año.

Pero, ante el desespero de la región, Rusia parece haberle ganado la carrera a EEUU por convertirse en el proveedor rápido y confiable de muchos países latinoamericanos para tratar de palear los estragos que ha producido la pandemia en dichas naciones.

Putin ha puesto en marcha su juego nuevamente y, como asoma Shannon, ha conseguido en el covid-19 un aliado perfecto para promocionarse como un salvador en la región. Se trata de un golpe por partida doble: refuerza el plano económico y, sobre todo, pone a varios países de la región a mirar hacia Rusia y su modelo como aliados indispensables. Entretanto, Estados Unidos deshoja la margarita. Parece que, en este caso, cuando lleguen ya será demasiado tarde…

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