Tengo malas noticias para el 80 por ciento de los votantes del PP

Le recordaba Pablo Iglesias, el bolivariano vicepresidente del Gobierno de Estepaís (antes España), al líder de la lealísima oposición, Pablo Casado, que votando NO a la moción de censura de VOX contra el peor Gobierno de los últimos 8.000 años, se enfrentaba al 80 por ciento de sus electores que le pedían que votara Sí o que, al menos, se abstuviera.

¿Y? ¿Dónde está la sorpresa? Hacer todo lo contrario de lo que quiere el 80 por ciento de los votantes del PP es la marca de la casa popular desde hace mucho tiempo. Es realista pensar que el 80 por ciento de los votantes del PP quisimos (me incluyo), que los populares españoles, con su mayoría absoluta, derogaran las leyes liberticidas del pensamiento promulgadas por José Luis Rodríguez Zapatero, hoy líder del Cártel de Puebla, expresión máxima del socialcomunismo iberoamericano.

Es creíble asegurar que el 80 por ciento de los votantes del PP quisimos que se defendiera la vida pasando por encima de «debates trasnochados y superados» (pero jamás celebrados). Es posible pensar que el 80 por ciento de los votantes del Partido Popular pretendimos que el Gobierno del PP defendiera la Constitución con todos los recursos del Estado de Derecho, con todos, frente a la insurrección del nacionalismo catalán. Es hasta creíble defender que el 80 por ciento de los votantes del Partido Popular pensábamos que el Gobierno defendería el español frente a imposiciones lingüísticas y que buscaría la mejor manera de defender una sociedad nacional de libres e iguales. Nacional. En libertad. E igualdad.

El 80 por ciento de los votantes del Partido Popular que hoy querían que Pablo Casado apoyara la moción de VOX o al menos se abstuviera, han sufrido una nueva decepción de siempre viendo al líder de la lealísima oposición volando todos los puentes con VOX —sus únicos socios lógicos y su única esperanza para el futuro— en una declaración de guerra no pedida.

Es verdad que ese 80 por ciento es cada vez menor porque algunos, en algún momento, pensamos que con dieciséis veces tropezando en la misma piedra era suficiente. Otros, sobre todo muchos votantes mayores y seguro que cabales, seguirán esperando el milagro de que a la trigésima, el PP honre la confianza de, al menos, el 80 por ciento de sus votantes.

Me temo que tengo malas noticias para ellos.

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