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Sus 'elecciones' solo han sido reconocidos por 12 países del mundo

Todo listo para el nuevo ‘diálogo’ impulsado por Daniel Ortega para dar legitimidad a la tiranía

Cartel de apoyo a la reelección de Daniel Ortega en un autobús en Nicaragua. EUROPA PRESS

Se espera que, tras la toma de posesión para el nuevo periodo presidencial, el dictador sandinista Daniel Ortega convoque al «diálogo» que anunció para después de los comicios. Con este persigue lavarse la cara ante la comunidad internacional tras el fraude, legitimar el nuevo periodo de gobierno, liberar a unos cuantos presos políticos, y evitar nuevas sanciones contra su régimen.

Los resultados electorales han sido rechazados por la comunidad internacional. Solo 12 naciones del mundo han reconocido las fraudulentas elecciones en Nicaragua: Cuba, Venezuela, Bolivia, Rusia, Corea del Norte, Vietnam, Siria, Palestina, Belarus, Abjasia, Palestina y la República Árabe Saharaui Democrática.

Analistas políticos consultados sobre el tema aseguran que el régimen podría liberar a algunos presos políticos, una medida con la que Ortega pretende vender una imagen de “benevolencia” ante la comunidad internacional. «No todos van a ser liberados», afirma un analista político que pidió no ser identificado para evitar represalias del régimen.

A su juicio podrían ser liberados el académico y exaspirante presidencial Arturo Cruz, el exvicecanciller José Pallais, el excanciller Francisco Aguirre y “probablemente a los de mayor edad y los más enfermos”, apuntó.

Sostiene que uno de los problemas del régimen es que no tiene interlocutores para dialogar. Ortega canceló la personería jurídica a tres partidos de la oposición impidiéndoles participar, con lo que descabezó a sus adversarios políticos para mantenerse en el poder.

El abogado, analista político y exiliado Carlos Fernando Carrillo Stern, dijo que Ortega podría emitir un decreto Ejecutivo para liberar a presos políticos con el propósito de legitimar el cargo que usurpa.

“El supuesto diálogo nacional a la medida de los dictadores y la presencia allí de algunas organizaciones y personas supuestamente opositores, sociedad civil, y del sector empresarial no significará legitimidad alguna para la dictadura pues en el contexto de secuestro y manipulación en que se realiza [el diálogo], sumado al contexto de quienes se prestan a ese juego sucio de Ortega, descalifica cualquier intento por enlodar la demanda y el grito popular nacional e internacional de ilegitimidad que hunde a Ortega ante la comunidad internacional”, acotó Carrillo Stern.

Una de las organizaciones que se espera participe -y busca que la Iglesia sea testigo- es el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), aliado del régimen hasta abril de 2018, cuya ruptura se originó tras la brutal represión del régimen que ocasionó 355 muertos, más de 2 mil heridos y centenares de presos políticos en distintos momentos.

Pero hoy, el Cosep está en manos de un aliado de Ortega: César Zamora, quien asumió el cargo tras el encarcelamiento del presidente y vicepresidente de esa organización Michael Healy y Álvaro Vargas, el pasado 22 de octubre.

La Iglesia católica que ha servido como mediadora y testigo en los dos fallidos diálogos anteriores entre la dictadura y la oposición, ha expresado su disposición a seguir sirviendo, pero el régimen no ha respondido a ese ofrecimiento y por el contrario ha despotricado en contra de los obispos a quienes ha llamado «demonios». «El régimen tiene interés de que Estados Unidos le quite las sanciones, pero lo que debe prevalecer es que haya condiciones y cambios reales», sostiene el abogado.

El analista Luciano Montti -a quien llamaremos así por razones de seguridad- afirma que la perspectiva es una en la que habrá diálogo con sectores afines del régimen. “Es un diálogo propagandístico no de fondo, es meramente publicitario”, con el propósito de vender que está siendo flexible y en atención a las demandas de la comunidad internacional que pidió diálogo antes de las elecciones en momentos que el caudillo sandinista encarceló a los siete aspirantes presidenciales.

Exaliados de Ortega creen que la crisis en el país se ha agudizado. El sociólogo Oscar René Vargas, disidente sandinista dijo que tras las elecciones “la crisis política de la dictadura se aceleró y por el temor a que llegara a su clímax, Ortega abre la posibilidad de un diálogo con algunos sectores del gran capital. Se trata de una artimaña que repetirá todos los engaños, todas las traiciones, todos los trucos, todas las emboscadas que la dictadura sabe hacer. Mientras se lleven a cabo las negociaciones debajo de la mesa, se continuará reprimiendo a los líderes naturales de la rebelión de abril de 2018«, apuntó.

Oposición a favor y en contra del diálogo

Mientras la oposición, que está dividida por razones ideológicas, también se muestra diferencias en torno a la participación en el “diálogo”.

Sectores de la izquierda y el sandinismo disidente aglutinados en la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), han afirmado a través de un comunicado que, aunque no existen condiciones para el diálogo, creen que podría ser un mecanismo para la resolución de conflictos.

“Sí creo que la facción sandinista del MRS que está en Costa Rica, esta propugnando negociar con Ortega. Lo he visto en distintas comunicaciones que le han ofrecido salir ileso, perdonarle su capital, pero ellos quieren poner a alguien de su tendencia. El secretario general de la OEA, Luis Almagro y muchos más están tratando de unir a las tendencias del sandinismo y nos vamos a convencer después del 10”, aseveró Montti.

El sandinismo disidente busca cómo liderar la oposición ante el rechazo de gran parte de los nicaragüenses, debido al pasado criminal de sus fundadores y dirigentes que gobernaron con Ortega en la década de los 80. Ortega los encarceló durante la última oleada de detenciones que inició a finales de mayo.

El académico Francisco Larios, de la comisión ejecutiva del “Congreso de la unidad de los nicaragüenses libres”, que aglutina a cerca de 40 organizaciones en el exterior y Nicaragua, se pronunció en contra de cualquier intento de “relegitimar a Ortega en el poder a través de diálogo y [nuevas] elecciones”. 

Para Montti, hay que estar claros de dos cosas: que Ortega no va a ceder, ni negociar su posible salida del poder. «Habrá que esperar al 10 de enero para ver qué países van a romper relaciones o van a desconocer al régimen de Ortega, creo que es todo parte de una trama política», señaló.

Agregó que Ortega y su mujer no tienen interés de apertura de diálogo. «Van a continuar con la violencia, represión, intolerancia. La estrategia es la misma: al que no le guste, se aguanta, de lo contrario le espera cárcel o se va del país. 

La esposa de Ortega y vicepresidente de Nicaragua, Rosario Murillo, anunció que el 10 de enero estarán asumiendo el nuevo mandato. «Estaremos levantando con orgullo porque hemos vencido la maldad, el odio, hemos vencido la discordia, el conflicto, la separación, hemos vencido al demonio», dijo la vice dictadora en alusión a la oposición.

Ortega se mantiene en el poder con el respaldo del Ejército, la Policía y los grupos paramilitares que organizó y financia con recursos del Estado para reprimir a todo el que sea crítico del régimen sandinista.

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