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QUIEREN QUE PARTICIPE EN EL PRÓXIMO FRAUDE

Un grupo de venezolanos cómplice del régimen pide a Guaidó entrar al ruedo electoral que prepara Maduro

Captura del vídeo con el discurso del Presidente (E) Juan Guaidó sobre el fraude electoral. 06/12/2020

Un grupo de la sociedad civil venezolana le ha pedido este lunes a Juan Guaidó que salga a liderar y a organizar a la oposición venezolana de cara a las inminentes elecciones de Alcaldes y Gobernadores que prepara el chavismo para los próximos meses. Escritores, periodistas y activistas sociales han emitido una carta pública en la que increpan al líder opositor y le conminan a “aceptar la responsabilidad” implícita en el “deber histórico” que asumen tiene Guaidó en este instante.

La propuesta de este grupo de personas asoma sin ambages el deseo del “regreso al voto y la ruta electoral”, a propósito de la “falta de resutados exitosos” de la política seguida por Guaidó al proponer la famosa tríada: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

A lo que no alude la misiva pública es al hecho de que la participación electoral –practicada a pie juntillas por el pleno de la oposición al menos hasta 2015– tampoco ha logrado nunca mover los cimientos del chavismo en Venezuela. Esto sencillamente porque el régimen gobernante siempre ha hallado la manera de desconocer los resultados de la voluntad de los electores una y otra vez.

Un poco de memoria no viene mal: en 2008, cuando Antonio Ledezma ganó las elecciones como Alcalde Metropolitano de Caracas, el chavismo creó un cargo paralelo para hacerle competencia al dirigente opositor. Lo mismo ha ocurrido a lo largo de los últimos 10 años con las Gobernaciones de Estado y las Alcaldías de las Municipalidades. Por ejemplo, durante su pasantía por la Gobernación de Miranda, Henrique Capriles tuvo que lidiar con el nombramiento de un “Protector” para ese estado, designado por el poder chavista (una suerte de autoridad paralela para manejar las competencias del Gobernador).

La última incidencia de ese escandaloso expediente de imposiciones lo protagonizó la propia Asamblea Nacional (AN) electa en 2015, y de la cual hoy Guaidó es Presidente. A partir del primer año de legislatura las competencias del órgano legislativo fueron invalidadas a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que declaró a la AN en “desacato”. Más adelante, en 2017, el chavismo incluso fabricó una elección para nombrar una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que invadiera por completo las funciones de la Asamblea Nacional electa en 2015.

El juego electoral con el chavismo nunca ha sido igualitario y, menos aún, justo. Al día de hoy incluso es pertinente preguntarse si alguna vez hubo algún chance de ponerle punto final al régimen chavista a través de su pernicioso y opaco sistema electoral. En todo caso, la enseñanza es clara: el chavismo, aún cuando no gana, igual arrebata.

Ahora bien, la comunicación pública de este grupo de venezolanos se enfila a decirle a Guaidó que éste debe abocarse a “continuar luchando por las condiciones electorales”, utilizando para ello una “presión inteligente y eficaz”. Esto último luce como una frase hueca o una colección de lugares comunes, si se estima que durante los últimos años la sociedad civil venezolana no se ha cansado de protestar impenitentemente frente al régimen rojo.

Los resultados nunca han aparecido porque sencillamente el chavismo no está dispuesto a ceder ni un milímetro de su control político, y para ello se ha apalancado en una represión sistemática a través de cuerpos policiales, militares e incluso paramilitares. Cientos de jóvenes, adultos y ancianos han sido asesinados impunemente en los 7 años que lleva Maduro frente al timón de Miraflores, para poner en evidencia la cruda constatación de que a un régimen criminal no se le puede hacer oposición ciudadana desde el plano meramente “cívico”. Se trata, en todo caso, de una confrontación de fuerzas absolutamente desigual.

Otro de los puntos señalados en la misiva alude al poder y la importancia que tienen las Gobernaciones de estado y las Alcaldías de los Municipios a propósito de “rescatar la descentralización” administrativa del país. No han topado estos señores y estas señoras con la realidad de que, mientras el chavismo gobierne, no habrá autonomía de acción en ningún espacio de decisión pública en Venezuela.

Al asumir el chavismo una visión centralizada y total del poder, el único espacio político importante a rescatar en este esquema es el de la Presidencia de la República. Si la oposición no logra crear un recambio a Maduro en Miraflores, poco importa si gana 10 gobernaciones o 150 alcaldías, dado que el poder central siempre invadirá sus competencias e impondrá su voluntad. Ergo, no hay posibilidad de “ganar espacios” dentro del sistema, como no sea haciéndose con la Presidencia de la República y provocando desde allí los cambios.   

Finalmente, la carta pública señala que las elecciones regionales se pueden asumir como una “enorme posibilidad” para que los venezolanos canalicen su descontento contra Maduro, sirviendo como instrumento “plebiscitario” para mostrarle su repudio al tirano.

Si este argumento no estuviese tan repetido daría risa. Lo mismo se dijo a los ciudadanos durante todas las últimas elecciones realizadas en este país. De hecho, el gran triunfo obtenido por la oposición en aquel año de 2015, en medio de la elección parlamentaria, se construyó precisamente haciendo creer a los electores que votando por los candidatos de oposición a la Asamblea Nacional en realidad estaban votando en una especie de referendo sobre la permanencia o no de Maduro en el poder. Los resultados, seis años después, están a la vista.

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