El Frente Popular preparó durante tres meses el asesinato de Calvo Sotelo

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Queda claro que el acoso de los defensores de la Ley de Memoria Histórica contra los lugares y las placas en recuerdo de Calvo Sotelo solamente pretenden esconder y tapar otro de los crímenes de la izquierda.

La nueva documentación, aportada por el socialista Francisco Vázquez, desmonta otro de los mitos de la historiografía marxista, el de que el asesinato del líder conservador José Calvo Sotelo fue una represalia por el del teniente Castillo, instructor de las milicias de las Juventudes Socialistas. Saca a la luz un documento de la instrucción que demuestra que las milicias de los partidos de izquierda, al mando de los principales dirigentes de las formaciones políticas, preparaban el asesinato de Calvo Sotelo, José María Gil Robles y Antonio Goicoechea desde el mismo momento en el que el Frente Popular llegó al poder.
Tras el asesinato de Calvo Sotelo, en la madrugada del 12 de julio de 1936, la Justicia republicana abrió un procedimiento para esclarecer el suceso. Sin embargo, en los primeros días de la Guerra Civil, el juzgado de primera instancia e instrucción en el que se investigaban los hechos fue asaltado por un grupo de milicianos que robó todos los documentos. Solamente se salvaron algunos, que se encontraban en poder de diversos intervinientes en la investigación.
Uno de estos documentos, que fue puesto a salvo por el magistrado de instrucción Francisco García Vázquez, es una declaración tomada a Blas Estebarán Llorente, empleado como conductor de la ambulancia que trasladó el cuerpo del político asesinado hasta el cementerio de la Almudena, donde el cuerpo fue abandonado tras ser disparado en la nuca.

En esa declaración quedan claras varias cuestiones que desmienten la teoría oficial promovida por los principales historiadores marxistas que pretendían quitar todo tipo de responsabilidad a los dirigentes políticos de los partidos que conformaban el Frente Popular.
Según Estebarán Llorente, tres meses antes del asesinato de Calvo Sotelo, el líder comunista Jesús Hernández, que sería ministro en los diferentes gobiernos republicanos durante la Guerra Civil, contactó con él en abril de 1936 para saber si podía contar con sus servicios para lo que calificó de un importante “servicio con su camión-furgoneta”.
El plan no era otro que dejar sin líderes a los partidos de la oposición derechista en el Congreso de los Diputados. La misión encomendada a Estebarán Llorente era la de recoger los cadáveres de los tres políticos para trasladarlos al cementerio y que los servicios funerarios no pudieran identificar a los autores de los crímenes para no poder fijar su relación con los dirigentes políticos de la izquierda que gobernaba.
La declaración explica cómo el declarante fue avisado el mediodía del mismo 12 de julio de 1936 para que se reuniera con Jesús Hernández y Antonio López. Cuando salió de servicio se reunió en un restaurante de Moncloa con los dos dirigentes comunistas y, en compañía del primero de ellos, fue con su ambulancia hasta la plaza de Manuel Becerra. Una vez allí, Hernández le explicó que su misión consistía en transportar «el cadáver de Calvo Sotelo, a quien aquella noche tenían que asesinar» (sic).

La declaración de Estebarán Llorente arroja más luz sobre lo que ocurrió durante los últimos instantes de vida de Calvo Sotelo. Desmiente que los disparos contra el político los realizse Luis Cuenca, el pistolero socialista miembro de La Motorizada, al que hasta ahora se le culpaba de los hechos. Según el declarante, el autor material del crimen fue el teniente de los Guardias de Asalto Máximo Moreno.
La declaración del conductor de la ambulancia es muy minuciosa. Explica cómo al filo de la una de la madrugada de aquel 13 de julio, una furgoneta de la Dirección General de Seguridad, a la que se le habían quitado las placas de matrícula, se detuvo al lado de su ambulancia y le ordenaron seguirles. Al poco, nada más entrar en la Carretera del Este, se detuvieron y allí, entre Jesús Hernández y Antonio López arrastraron el cuerpo de la víctima “tirando de los pies del cadáver, lo hicieron caer sobre la carretera, causando con el estribo del coche nuevos destrozos en el cuerpo y abandonándolo en la cuneta, y regresaron a Madrid”.
Estebarán Llorente era un activo militante del PCE, por lo que conocía a todos los integrantes de la comitiva que había asesinado a Calvo Sotelo, y explicó quiénes eran y qué lugar ocupaban: conducía Baldomero Sanz, a su lado estaba Julio Bueno. Detrás iban Isidoro Castiñeira, el teniente Moreno y entre ellos la víctima. En el asiento de detrás estaba Luis Linares.
Nuevamente los documentos que van viendo la luz desmontan la versión oficial de algunos hechos que han sido manipulados por la historiografía y los partidos de izquierdas. Esta declaración demuestra que había un plan del Partido Comunista y de las Juventudes Socialistas Unificadas para asesinar a los principales líderes de la oposición. También que no fue una reacción ante la muerte del Teniente Castillo. Que el asesino no fue, como siempre se afirmó, Luis Cuenca, que por morir pocos días después fue muy útil para depurar responsabilidades.
También deja claro que el acoso de los defensores de la Ley de Memoria Histórica contra los lugares y las placas en recuerdo de Calvo Sotelo solamente pretenden esconder y tapar otro de los crímenes de la izquierda.
Unos crímenes que, de aprobarse la nueva Ley de Memoria Histórica que se debate en el Congreso de los Diputados, convertirá en delito la publicación de artículos como este y podría costar hasta cuatro años de condena a quien se atreva a firmarlo. Aunque esté soportado, como en este caso, por documentación más que fidedigna.

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