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CRÓNICAS DEL ATLÁNTICO NORTE

Las consecuencias de la política exterior de Biden

Biden EEUU
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Europa Press

Una de las consecuencias del paso de Joe Biden por la Casa Blanca es que el mundo es un lugar más inseguro, precisamente lo que se decía que iba a ocurrir con Donald Trump y no fue así. Las recientes declaraciones del presidente, desalentando a Israel a defenderse de Irán y asegurando que el resultado del ataque fue «una victoria» para Israel, son un ejemplo más de su impericia para gestionar la política internacional y tratar con sus aliados. «Las palabras de Biden no sólo demuestran la mentalidad culpable del caos que ha envuelto al mundo durante su presidencia. Sus comentarios también plantean la cuestión de cómo sería realmente una ‘victoria’ contra Irán y por qué Estados Unidos no ha perseguido ese objetivo», escribe Matthew Continetti en National Review. «El presidente Biden», añade, «suscribe la idea de que, si detienes suficientes golpes, eventualmente el hombre que te golpea reconocerá el error de su conducta y seguirá adelante», pero «está equivocado». «La renuencia de Biden a respaldar a nuestros aliados —lo que la prensa llama su miedo a una escalada— ha producido el desastre en Afganistán, el lento avance de Rusia en Ucrania, el estancamiento en Gaza y un Gran Medio Oriente donde Hezbollah, los representantes iraníes en Siria e Irak, y los hutíes hacen lo que quieren. Y quedan ocho meses de su mandato».

«En el arte de gobernar», prosigue, «la defensa sin represalias es sumamente peligrosa. Conduce a una falsa sensación de seguridad. Envalentona al agresor. Ésta no es una teoría académica de las relaciones internacionales. Esto es Hamás en 2024». «Si el ataque de Irán no hubiera recibido respuesta», concluye «se sentaría un nuevo precedente en la región. Disparen lo que quieran hacia Israel, y mientras interceptemos los proyectiles, no pagarán un alto precio. Un resultado así sería un desastre».

«Glorioso el día de ayer, 13 de abril de 2024», escribe Ben Stein en The American Spectator, «el Estado Islámico de Irán. El principal patrocinador mundial del terrorismo. El receptor de miles de millones en dinero del petróleo, el beneficiario del inexplicablemente estúpido tono de apaciguamiento de Biden y el donatario de sofisticados equipos terroristas de Rusia, Corea del Norte y la China Roja, atacó a Israel con casi 400 drones, misiles de crucero y cohetes balísticos. No hubo víctimas mortales conocidas, gracias a la defensa aérea de primer nivel de Israel, construida en parte con ayuda estadounidense, pero en su mayor parte gracias al genio del Estado judío». Celebra Stein que el miedo que antaño sufrían los judíos, gracias a su defensa militar, ahora lo tendrá «cualquiera que se enfrente a Israel». 

En opinión de Bradley Devlin en The American Conservative, tras el bombardeo de drones de Irán, «tanto el ataque de Israel como la reacción de Irán han sido mucho más moderados de lo que muchos esperaban»; si bien también se pregunta si realmente fueron más moderado o si será que «la comunidad global está subestimando el peligro del momento». 

Recuerda David Harsani en The Federalist, que «la administración Trump socavó los esfuerzos terroristas palestinos, sofocó las ambiciones iraníes y creó espacio para que los Estados del Golfo e Israel mejoraran sus vínculos», «Biden inmediatamente revirtió esos avances, volviendo al impulso iraní de la era Obama. Ahora estamos experimentando las consecuencias de pacificar a los ideólogos islámicos. Obama podría haber enviado a los mulás paletas de dinero en efectivo en medio de la noche, pero la administración Biden subsidió abiertamente a la Guardia Revolucionaria con un pago de rescate de 6.000 millones de dólares, al menos 25.000 millones de dólares en alivio de sanciones, incluidos 10.000 millones de dólares mediante una exención, y así sucesivamente». 

«Prácticamente todos los conflictos contra Israel se desarrollan de la misma manera», señala Harsani, «sus enemigos amenazan o atacan al país. Israel responde y se encamina hacia la victoria. Sólo entonces el mundo exigirá moderación», si bien «los demócratas modernos exigen que Israel muestre moderación incluso antes de tener la oportunidad de responder. Ése es un nuevo giro». «El mundo», concluye, «está pagando un precio mortal por el legado de política exterior de Barack Obama y Joe Biden».

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