España exhibe cifras macroeconómicas al alza, con crecimiento del PIB y niveles elevados de afiliación. Sin embargo, bajo esos datos se acumulan desequilibrios que afectan directamente a los hogares, especialmente a la clase media. La presión fiscal ha aumentado, el poder adquisitivo no consolida mejoras y la riqueza patrimonial retrocede entre los menores de 65 años.
Desde 2018, la recaudación por IRPF, IVA y cotizaciones sociales ha supuesto 154.000 millones de euros adicionales para las arcas públicas. Sólo el IRPF ha generado 70.000 millones más en este periodo. A ello se suman 23.000 millones procedentes del IVA y 61.000 millones vía cotizaciones sociales. El resultado es una presión fiscal que en 2025 alcanza el 37,9% del PIB, tres puntos más que en 2018, impulsada principalmente por el aumento del IRPF y de las cotizaciones. La carga supera en cinco puntos la media de la OCDE y el volumen adicional recaudado equivale al 83% del presupuesto destinado al pago de pensiones.
Mientras la recaudación marca récord, los indicadores patrimoniales apuntan en dirección contraria. La riqueza bruta ha disminuido en todos los tramos de edad por debajo de los 65 años. Uno de los datos más significativos es el retroceso de la vivienda en propiedad entre los jóvenes y adultos en plena etapa de consolidación familiar. Entre 2018 y 2024, el porcentaje de hogares con persona de referencia de entre 30 y 44 años propietaria de su vivienda cayó del 60,7% al 52,9%. La pérdida de patrimonio limita la estabilidad y condiciona decisiones como formar una familia o tener hijos.
El mercado laboral tampoco compensa ese deterioro. En la actualidad, el 80% de los trabajadores a tiempo completo percibe rentas inferiores a 30.000 euros anuales. El empleo crece, pero una parte relevante se concentra en salarios reducidos o posiciones de menor cualificación. El aumento de ocupados sostiene el crecimiento agregado, aunque no garantiza una mejora sustancial del bienestar individual.
El acceso a la vivienda refleja con claridad la presión sobre las rentas medias. España es el quinto país europeo con la edad media de emancipación más alta, situada en 30 años, casi cuatro por encima de la media europea. Además, el esfuerzo destinado al pago del primer año de hipoteca se ha duplicado en pocos años. Antes de 2018, las familias dedicaban el 16,8% de sus ingresos a ese concepto; en el tercer trimestre de 2025, el porcentaje alcanzó el 34,8%.
A ello se suma un problema de productividad. El PIB por ocupado es hoy un 0,8% inferior al de 2018, lo que evidencia un crecimiento apoyado más en el aumento del número de trabajadores que en mejoras de eficiencia o valor añadido. La economía ofrece mejores cifras globales, pero la clase media afronta más impuestos, menor capacidad de ahorro y mayores dificultades para consolidar patrimonio. La distancia entre los datos macroeconómicos y la realidad cotidiana de los hogares continúa ampliándose.