«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sólo en 2025, aumentaron en más de 40.000 personas

Los trabajadores venezolanos en España se han multiplicado por doce bajo el régimen de Maduro

Imnigrantes venezolanos. Europa Press

La detención de Nicolás Maduro ha devuelto a Venezuela al primer plano internacional. Pero mientras la atención se centra en el desenlace político del chavismo, España sigue gestionando en silencio una de sus consecuencias más profundas. La inmigración masiva derivada del colapso venezolano ha transformado el mercado laboral español sin planificación, sin control y sin un debate político real.

Los datos de afiliación a la Seguridad Social reflejan con crudeza esa realidad. En noviembre de 2025 había 213.000 trabajadores venezolanos afiliados, frente a los 16.800 registrados en 2015. El aumento supera el 1.200% en una década. Dicho de otro modo, el número de venezolanos ocupados en España se ha multiplicado por doce durante la etapa de Maduro, marcada por la ruina económica, la hiperinflación, el colapso institucional y una emigración masiva sin precedentes.

España se ha convertido en uno de los principales destinos europeos de ese éxodo. El idioma y los vínculos históricos facilitan la llegada, pero el factor decisivo ha sido la ausencia de una política migratoria exigente. Frente a otros países del entorno, el acceso al mercado laboral español resulta más laxo, lo que ha convertido al país en una válvula de escape del desastre chavista.

El crecimiento se ha acelerado de forma especialmente intensa en el último año. Sólo en 2025, los afiliados venezolanos aumentaron en más de 40.000 personas, cerca de un 25% en doce meses. Con estas cifras, los venezolanos ya son el cuarto colectivo extranjero más numeroso del mercado laboral español, solo por detrás de Marruecos, Rumanía y Colombia, y por delante de Italia por primera vez en la serie histórica.

Mano de obra extranjera como parche estructural

Actualmente, los venezolanos representan el 7% de todos los trabajadores extranjeros en España, frente al 1% que suponían en 2015. La mitad tiene menos de 35 años y el 91% trabaja como asalariada, lo que confirma su integración en los segmentos más dependientes del empleo por cuenta ajena.

Su inserción laboral se concentra en sectores como hostelería, comercio, transporte o servicios de cuidados y del hogar, aunque también crece su presencia en ocupaciones cualificadas como sanidad, educación o servicios profesionales. Un patrón que se repite con otros colectivos y que evidencia una tendencia clara. España ha optado por sustituir reformas estructurales por inmigración masiva.

El contexto general refuerza esa dependencia. En 2025, los afiliados extranjeros superaron los tres millones, alrededor del 14% de todo el empleo, una cifra récord. En 2015 representaban el 9%. En lugar de abordar las causas del envejecimiento demográfico, la precariedad salarial o la expulsión de trabajadores nacionales de determinados sectores, el sistema ha normalizado la importación constante de mano de obra extranjera como solución automática.

Venezuela cambia de escenario, España no cambia de rumbo

Mientras tanto, en Venezuela se anuncian movimientos políticos. El presidente del Parlamento y jefe negociador del chavismo, Jorge Rodríguez, informó de la liberación de un «número importante» de presos políticos como gesto para «consolidar la paz y la convivencia pacífica».

Desde la oposición, María Corina Machado aseguró que el Ejecutivo encabezado por Delcy Rodríguez tiene un carácter estrictamente «provisional» y que el país se encuentra en una fase previa a una transición política que considera «irreversible».

Sin embargo, aunque Venezuela pueda encaminarse hacia un cambio, España sigue atrapada en el mismo modelo. Un modelo que asume la inmigración masiva como motor económico, que renuncia a proteger su mercado laboral y que convierte crisis ajenas en problemas estructurales propios. Todo ello sin explicaciones, sin planificación y sin dar la palabra a quienes pagan las consecuencias.

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