'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
ENTREVISTA A TONI CANTÓ
ENTREVISTA A TONI CANTÓ

‘El error fundamental en política es no rodearte de gente que te diga la verdad’

26 de junio de 2022
«El territorio político es muy cruel y no hay perdón.
Cualquier error lo sigues pagando el resto de tu vida»

Toni Cantó, todo un disidente, bienvenido a la Fundación Disenso. No hace falta presentar al hoy director de la Oficina del Español en la Comunidad de Madrid. Pero dígame, una vez usted se puso la palabra actor en su DNI. Si ahora pudiera ponerse una profesión y oficio en su carnet, ¿cuál sería?

—Pues es muy buena pregunta. Yo, ante todo, me siego sintiendo más actor que político. Espero volver al escenario… si me dejan.

Hemos venido a hablar de su libro, De joven fui de izquierdas, pero luego maduré, editado por Penguin Random House. Es un título provocativo que si no le importa que se lo diga, no me parece acertado, porque su libro es mucho más interesante. ¿Tenía usted algún otro título en mente para un magnífico libro de memorias?

—Le agradezco mucho la valoración. Yo tenía otro que era un poquito peor: «Más viejo y más facha». Pero la editorial temió que eso pudiera espantar a los compradores y se decidió por este que en el fondo no era una propuesta de título, sino de tesis. Es decir, de lo que yo quería hablar; de mi evolución personal y política.

«Los de mi generación tuvimos una educación bastante mejor que la actual, y eso también es una ventaja»

—Empecemos por lo que le dijo a usted una vez el Rey Juan Carlos. ¿Cómo se le ha ocurrido entrar aquí? Y por aquí, podemos entender escribir un libro de madurez contra la izquierda.

—Me parecía interesante porque estamos en un momento en el que se ataca al que evoluciona o cambia y se premia al que sigue siendo socialista o comunista. Para mí, esto es acojonante. Cuando uno se da cuenta de toda la pobreza, la corrupción, la destrucción y la muerte que ha costado el socialismo y el comunismo… ¡y que se siga viendo bien! Además, con una sonrisita condescendiente. ¡Dios mío! No se me ocurre que alguien sonría como con simpatía y diga: «mira, sigue siendo nazi». Yo quería reivindicar la necesidad de evolucionar. Hay que reconocer que la izquierda fue capaz de abanderar unos cambios que fueron luego socialmente importantes para adquirir determinados derechos, pero la realidad nos demuestra una y otra vez que la izquierda es un desastre cuando toma las riendas.

—Hay dos partes bien diferenciadas en el libro. Antes de la política, a pesar de una incursión en política municipal en Torrelodones, donde todo comenzó, y todo lo demás. ¿Qué importancia le concede al hecho de haber tenido una primera infancia feliz, una educación decente y una vida en libertad para ser como es hoy?

—Es muy importante. Tuve la suerte de vivir en una familia muy dual, roja y azul. Tenerlos tan cerca y conocerlos y quererlos con su ideología me ayudó mucho a entender y no criminalizarlos. Yo entendía perfectamente cómo eran mis abuelos y eso me permitió relacionarme con gente de todos los ámbitos.

La infancia feliz es un privilegio y no todos pueden decirlo. Tener una buena educación, también. Los de mi generación tuvimos una educación bastante mejor que la actual, y eso también es una ventaja. Aunque enseguida me retiré de los estudios universitarios porque estudié en escuelas de interpretación, guardo muy buen recuerdo de mis profesores y de mis estudios. Todo eso me ha conformado, sí, y ha hecho posible que haya tenido esta evolución. También haber tenido una familia muy política que sentía la importancia de la política en nuestras vidas.

«Mi padre ante todo es una buena persona. Un médico de la sanidad pública que se desvivía por sus enfermos»

—Usted voló libre a los 18 años, pero sin embargo todo el libro está lleno de referencias familiares. ¿Cómo ha recibido el libro su padre, un médico eminente, de izquierdas, de los que quemaron papeles la noche del 23-F?

—El pobre, asustado. No hacía falta ser de izquierdas para estar asustado en esos momentos. Él fue de esas personas que admiraba a Felipe González. Él, aunque sólo fuera en el final, peleó por traer la democracia y te enseñaba un moratón de los grises con orgullo.  Mi padre no usaba para nada el victimismo. Me contaba que en los últimos meses aparecía gente antifranquista a la que nadie había visto. Casi pedían que le metieran en la cárcel para ponerlo en el currículum y de hecho luego empezaron a aparecer en puestos de poder en la izquierda… Mi padre ante todo es una buena persona. Un médico de la sanidad pública que se desvivía por sus enfermos, No había días de fiesta, no había horarios… Esas ganas de servir a la gente, de cuidar al prójimo, también me han influido.

—¿Usted se ha leído el libro?

—Me lo he leído tantas veces que al final me decía ¡por Dios, ya no sé lo que estoy leyendo! Mi editor lo leía, me animaba, me decía si algo se le hacía largo… Ha sido un lujo trabajar con esta editorial. Pero la primera persona que lo leyó y con la pesadez de tenerme a mí mirando por encima del hombro fue mi mujer. Y yo reconozco que hubo un momento en el que ya no sabía lo que había escrito ni lo que había corregido…

«Es evidente que hay mucho actor de derechas, lo que pasa es que no salen del armario porque saben que tiene un coste»

—En esta primera parte relata su vida de modelo, de actor, sobre todo de actor de teatro con pequeñas incursiones en el cine, presentador de televisión… Tiene usted el título de chico Hermida, que es un gran título.

—Lo que yo sé de televisión se lo debo a Jesús Hermida, que es uno de los grandes. En aquella época, y me siento muy mayor ahora mismo, no había mail ni, por supuesto, teléfonos móviles. Así que lo que hice fue escribirle un carta en un sobre, franquearla y mandarla. Él me contestó muy rápido. En Sábado Noche yo tenía un trabajo muy de maniquí… Yo sólo decía una entradilla, me volvía, aplaudía y empezaba la actuación. Pasó por allí lo más granado del ámbito mundial y con una audiencia brutal. Pero yo sentía que quería hacer algo distinto y participar en la creación de contenidos.

—Usted siempre ha trabajado. Bueno, en el libro cuenta que una vez, durante un año, su teléfono no sonó…

—El otro día lo pensé. Llevo 40 años trabajando. Treinta años como actor y no llega a 11 como político. En toda mi carrera creo que una vez me apunté al paro y cobré un mes. Nunca más me volví a apuntar. He tenido la suerte de ir encadenando trabajos. Me di cuenta de que yo debía provocarlos porque si no dependería de lo que el mercado decidiera qué podía hacer, o qué no. Por eso me dediqué enseguida a dar mis clases de teatro, de oratoria, a producir, a la gestión cultural…

—Sabiendo lo que sabe ahora… ¿Cómo hubiera sido su vida si en aquellos tiempos hubiera renegado de la izquierda?

—Yo supongo que tendría que haber hecho como casi todo el mundo de mi profesión que no está en la izquierda, que es estar callado. En la profesión de actor hay una gran precariedad. Ahora hay quizá más trabajo, pero menos trabajo per cápita. Antes ibas a una prueba y te encontrabas diez o quince personas… Ahora son 400 y todo es más complicado. Esto hace que uno perciba enseguida qué es lo que debe decir para poder conseguir más trabajo y estar en la pomada o qué se debe callar. Y es evidente que hay mucho actor de derechas, lo que pasa es que no salen del armario porque saben que tiene un coste. Además, hay cierta actitud de la izquierda y de la elite artística para plantar de inmediato una línea roja y dar un escarmiento.

Algo de eso pasó con un cantante que apoyó al Gobierno de Ayuso y al que se le montó un pollo importante. Ahí hay una declaración de intenciones y un aviso a navegantes. El que haga esto… ya sabe lo que le espera. Él se lo puede permitir, pero la gente que está empezando o que llega con dificultad, no puede.

«La política es un territorio muy cruel y es muy necesario tener un buen conocimiento de ti mismo. No dejarte levar por la vanidad»

—No recuerdo, y le prometo que me he leído cada palabra del libro, que hable usted mal de ningún actor, guionista, director, realizador… Y sin embargo, hay políticos de UPyD, de Ciudadanos e incluso del PP, que se sonrojarán cuando lo lean. Como no me creo que en una profesión tan cainita como la de actor no haya tenido enemigos…

—No, pero sí que los tengo.

—Pero no habla mal de ellos.

—Sí que he criticado en el libro a aquellos actores en la elite y que pueden ser de izquierdas que se han metido conmigo cuando he dicho que es más complicadlo en algunos territorios trabajar en español. Que alguien te discuta esto en este país es alucinante. Aunque sea gente con la que no comparto ideología, yo quiero reconocer su talento artístico. Yo eso procuro separarlo bien. Y me esfuerzo en que así sea porque conmigo no lo han hecho. Intento no cometer ese error. Es muy de la cultura de la cancelación eso de cancelar a alguien por sus ideas, y eso es una tremenda equivocación porque no tiene nada que ver.

—¿Duelen más las cuchilladas políticas o las del oficio de actor?

—Las políticas son más bestias. El territorio político es muy cruel y no hay perdón. Cualquier error lo sigues pagando el resto de tu vida. Yo sigo recibiendo mensajes por cosas que he dicho con las que las nuevas religiones no están de acuerdo. Hasta ocho años después me siguen mandado auténticas barbaridades. La política es un territorio muy cruel y es muy necesario tener un buen conocimiento de ti mismo. No dejarte levar por la vanidad, por el orgullo, por la impaciencia… Hay que manejarlo muy bien para cometer los menores errores posibles en política, porque no se perdonan.

«Hay algunas cosas que no he contado. Poquitas, porque como usted ha dicho, no me he cortado demasiado al escribir el libro»

—Usted ha subido a un escenario hasta en momentos durísimos, como el día de la muerte de su hija Carlota. Usted lo cuenta en un capitulo desgarrador. ¿Escribir ayuda a soportar el dolor?

—Esto fue objeto de muchos ataques… Es curioso, porque me parece una forma muy egoísta de verlo. Mi función de teatro era una manera de no perder la cabeza unas cuantas horas al día. Yo siempre he sido muy responsable en esto. El día que hay función, la noche anterior no no salgo, me cuido, preparo todo el texto, hago ejercicios… Si no soy así, tengo la culpa encima y no me dejo llevar durante la función. Para mí, tener unas horas al día en las que podía escapar a la verdadera locura y al abismo y a la oscuridad que viví en aquella temporada, fue mi salvación. Me daba igual lo que me dijeran. Hacía la función porque era mi manera de conectar conmigo y con la vida unas horitas al día. El resto era un infierno. Una de las peores experiencias que una persona puede vivir. Para mí, subirme al escenario fue mi salvación.

De hecho, es algo que sucede a menudo en el mundo de los actores Algunos de ellos salieron en mi defensa, porque todos hemos tenido que subir a un escenario en días duros. No sólo porque el show debe continuar, que también, sino porque es una manera de mantenernos fuera de la locura.

—Antes ha dado un apunte sobre esta pregunta, ¿cuántas páginas ha borrado del primer borrador?

—He borrado algunas. Del primer borrador no tantas. De aquel, lo que borré es lo que había alargado demasiado de la parte artística para no desviarme de la tesis. Pero lo que si que he hecho es no escribir algunas cosas. Poquitas, porque como usted ha dicho, no me he cortado demasiado al escribir el libro.

«El error final de Rosa fue no entender que tocaba unirse a Ciudadanos y que no hacerlo condenaba a la muerte a un partido que no sólo era suyo»

—No, claro. Por eso son unas memorias, que uno cuenta lo que quiere contar. Vamos a la política, ¿cómo se hace una campaña con 5.000 euros?

—Con mi gran amigo Antonio Salvador y con mucha imaginación.

—La campaña más rentable de la historia de la política…

—Probablemente, sí. Nosotros lo que hicimos fue cale, calle y calle, No podíamos hacer otra cosa. No podíamos anunciarnos en ningún medio. Teníamos que explotar a tope que yo era una curiosidad mediática… pero esa curiosidad se acabó enseguida. Cuando se da el banderazo, las fuerzas grandes ocupan todos lo espacios e impiden que tú ocupes el tuyo. Yo no podía ir a ningún lado ni aparecer en ningún medio ni tenía sitio en los debates. Por eso me inventaba los debates. Los hacíamos de mentira con Javier Capitán…

Donde había mucha gente, ahí estaba yo. Y me ponía a repartir el programa como un auténtico animal. Incluso me pedían que lo firmara. Fue una experiencia muy bonita. Muy dura también porque enseguida te encuentras con las partes orgánicas del partido y las dificultades, pero fue una experiencia maravillosa y con un final brutal… Ni en las israelitas nos daban entrada, aunque hasta el último momento yo seguía pensando que era posible. Cuando vimos que estaba dentro, fue una locura. No quiero pecar de vanidoso, pero fue muy importante que yo entrara, porque si no, no hubiéramos podido formar grupo parlamentario. Nos hubiéramos quedado en el mixto y la diferencia es muy grande.

—En el libro sí que señala los errores de Rosa Díez en UPyD. Yo prefiero que la gente se compre el libro y que vea si su explicación les convence. Pero dígame cuál fue el peor error, ¿arrinconar el talento o creer que el partido está por encima del todo?

—Yo reconozco errores de la cúpula del partido, pero también reconozco que hay tres políticos que me han tocado: Rosa, en primer lugar, y digo en el libro que tiene un talento extraordinario —igual que toda la gente de Basta Ya—, Albert (Rivera) e Isabel Díaz Ayuso. Al césar lo que es del césar, sí que critico algunas de las decisiones finales de Rosa, pero me quedo con lo otro. En la vida es más importante quedarte con las cosas positivas. Yo creo que el error fundamental, y eso se parece a otras cosas que he visto en la vida política, es no rodearte de gente que te diga la verdad.

Eso lo explica muy bien Maquiavelo en El Príncipe, que hay que tener una persona que te diga la verdad. Si no, al final te rodeas de la gente que te dice lo que quieres escuchar. El error final de Rosa fue no entender que tocaba unirse a Ciudadanos y que no hacerlo condenaba a la muerte a un partido que no sólo era suyo. En toda España había una organización que si se hubiera unido a Ciudadanos hubiera creado un bicho mucho mas grande y más potente. Había toda una organización de gente muy buena de UPyD en toda España.

«Ser un buen diputado tiene que ver con los conocimientos, pero no necesariamente hay que ser un buen economista o un buen abogado»

—Me ha interesado mucho aquellas noches cuando empezó a ser diputado en el Congreso en las que dormía agitado.

—Es que estaba asustadísimo.

—Exacto. Y escribe usted: «temía ser descubierto como un farsante que no estaba facultado en absoluto para el trabajo». Si le sirve de algo, yo jamás he pensado que fuera usted un impostor, pero ¿cuándo se dio cuenta usted de que no lo era?

—Estaba tan preocupado por eso, que me despertaba con el edredón por un lado, la almohada por el otro, la cabeza en los pies… Porque entraba en un mundo que yo no controlaba y me daba terror. Recuerdo a un técnico parlamentario fantástico, Lucas Calvo, que me decía ‘Toni, yo creo que el primer día que estés en comisión y veas el nivel que tienes alrededor, te vas a tranquilizar’. No quiero que esto se tome como una broma o una falta de respeto, sino que se entienda que no hace falta ser abogado del Estado para ser un buen diputado. Desde luego, si eres abogado del Estado, estupendo. Ya hubiera querido yo. De hecho, yo miraba a otros compañeros que eran economistas o abogados excelentes y que pasaban mucho miedo y yo pensaba que si tuviera el conocimiento que tenían ellos, saldría sobrado. Al principio, yo salía sin tener ni puñetera idea de nada hasta que empecé a controlar los temas. Ser un buen diputado tiene que ver con los conocimientos, pero no necesariamente hay que ser un buen economista o un buen abogado. En eso, como en el rugby, que es mi deporte, hay una persona para cada puesto, y muchas veces necesitas un bulldog para atacar, alguien que contemporice… Un número uno para ganar las elecciones no es lo mismo que un técnico.

«Albert asumió las consecuencias de sus malas decisiones, que fueron de todos, y dimitió. Inés, y su equipo, no»

—Es cierto que el rugby es su deporte. ¿Qué tal van esas fisuras en las costillas?

—Mal, mal… Todavía noto el hombro… Y eso que tuve suerte de retirarme con 19 años. Yo tenía que hacer la función de teatro y no podía hacerla después de un partido o un entrenamiento. Si ves ahora a mis tíos, que estuvieron en la selección española, son un poema. Uno con la cadera echa polvo, otro con la rodilla operada treinta veces… El rugby, y yo llegue a jugar, poco, pero llegué a jugar en división de honor y estuve en la selección valenciana, es un destrozacuerpos.

—Usted escribe con un enorme cariño y respeto de Albert Rivera, que para mucha gente es poco menos como el toro que mató a Manolete. Y escribe con poco cariño de Inés Arrimadas. ¿Por qué le perdona a Rivera sus errores y no se los perdona a Arrimadas?

—Para empezar, por contestar muy rápido y luego me extiendo, porque Albert asumió las consecuencias e Inés, no. Albert, si es que cometió un error, que lo cometimos todos, fue desconectar ese mensaje que ha quedado de por qué no pactamos con el PSOE. La verdad es que el PSOE no quería pactar con Ciudadanos. Ya estaba repartiéndose el pastel con Podemos y el resto de la banda. Esas segundas elecciones son, sobre todo, para acabar con Ciudadanos. Aunque Albert hiciera en el último momento el intento, allí entramos todos en pánico. Fue una mala decisión. Albert asumió las consecuencias y dimitió. Inés, y su equipo, no. Ni después de las catalanas, ni después de la moción de censura en Murcia o después de las andaluzas… Ahí hay una diferencia abismal. Reconozco que Inés, en un momento personal muy delicado, embarazada, tomó las riendas de un partido en un momento muy complicado y eso yo siempre se lo agradeceré. Lo que pasa es que luego Inés ha confirmado algo que yo intuía: que es una mujer conservadora; que sale a conservar cuando está perdiendo en vez de ir al ataque porque te va la vida en ello.

Eso lo hacía muy bien Albert, de hecho lo hizo en un momento en el que el partido casi desaparece. Inés se preocupa en mantener y conservar. Y se preocupa no tanto en demostrar a la sociedad que Ciudadanos es un instrumento útil, sino en controlar el partido.

Ciudadanos ya no existe. Hay más carguitos que votantes ahora mismo, Es una desgracia y tengo muchos amigos que hicieron un trabajo inmenso ahí dentro y que quieren seguir haciéndolo…

Al final era un grupito alrededor de Inés el que tomaba las decisiones sin contar con todos nosotros. A mí en el fondo me echaron del partido, no me fui. Me fui harto de ver que no pintaba nada y de que no tomaban para nada en cuenta mis sugerencias.

—¿Se le ha pasado la prevención con los periodistas?

—No, no es prevención.

—Me refiero a esa historia con una periodista de El País, que no voy a contar porque quiero que la gente lea el libro.

—Vale [risas]. Es que esa anécdota es muy divertida. Yo me quería morir porque era como, Dios mío, mi primera entrevista potente en un medio importante y cuando vi el titular pensé que me iban a matar, me iban a echar del partido… No es una crítica contra los periodistas, sino entender cómo funciona el tema. Entender que tú formas parte de algo y él también, que nos necesitamos y nos queremos, pero también nos odiamos y nos da rabia que cuando yo quiero tú no quieras y tú quieras colocar un titular y yo, otro… En el libro menciono la frase de Ignatieff en su libro ’Fuego y cenizas’ donde él, que era como el Rivera de Canadá, quizá como el Trudeau, pero menos petardo, cuenta cómo lo revientan y que al final tiene un encuentro con un periodista con quien se queja de cómo lo ha maltratado la prensa; y el periodista le responde: «no te  confundas, nosotros sólo bajamos a la arena a rematar a los heridos». Esa frase es verdad.

«Si la derecha no da la batalla cultural, ¿para qué sirve la derecha? ¿Para gestionar? Esto lo explica muy bien Quintana Paz»

—Yo preferiría que no se la pasara la prevención por la pregunta que le voy a hacer… ¿Recuerda en aquella campaña de los 5.000 euros de los comienzos de UPyD, la anécdota de una señora que le dijo…?

—Recuerdo eso muy bien. En un mercadillo le dije a una señora, simplificando el mensaje; «no vote a los de siempre, señora, no vote a los de siempre». Y esa mujer, al cabo de unos minutos, me tocó en la cabeza y me preguntó: «Toni, ¿quiénes son los de siempre?».

Los de siempre eran un Partido Popular y un Partido Socialista que como no habían llegado los nuevos partidos, no tenían competencia. Ciudadanos, UPyD, Podemos, Vox… han obligado a esas dos grandes maquinarias a ponerse las pilas, a cambiar, activarse y competir. Eso es bueno.

—¿De verdad me quiere decir que el Partido Popular ya no es el de siempre?

—Yo estoy en el mejor Gobierno en el que se puede estar ahora mismo de España. Para mí es estupendo estar por primera vez en un Gobierno en este cierre mío de ciclo. Es muy fácil estar en la oposición e ir diciendo «hágase». Cuando estás en el Gobierno y ves lo complicado que es levantar cada proyecto y el esfuerzo que cuesta… Creo que el Gobierno es un lugar por el que un político debería pasar. Cuando a mí me critican diciendo que lo que pasa es que yo quería un puesto, respondo que claro que lo quería. Si no, para qué te crees que hago política. Yo hago política para algún día poder aplicar mis medidas y mi ideología porque creo que va a mejorar la forma de vida de las personas. Si no, yo sería un Pablo Iglesias, que duró dos telediarios y era más un agitador que cuando tuvo una responsabilidad muy importante y en un momento muy dramático, se dedicó a ver Netflix en vez de ayudar a nuestros mayores.

Yo reivindico querer estar en un puesto y creo que estoy en el Gobierno más apasionante que hay ahora en España, porque Isabel es una mujer que se cree lo que hace y es valiente. Y lo que la gente premia de ella es esa valentía y dar la batalla cultural, que ya era hora. Si no, ¿para qué sirve la derecha? ¿Para gestionar? Esto lo explica muy bien Quintana Paz.

—Ha sido un placer, don Toni Cantó, autor del libro «De joven fui de izquierdas, pero luego maduré». Un libro muy entretenido, revelador y hasta emocionante. 

—No sabe lo que se lo agradezco. He puesto todo el corazón y toda la sinceridad y he contado cómo ha sido el recorrido, Ya veremos cómo sigue a partir de ahora…

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