Avanza la sustitución demográfica en la Comunidad de Madrid. Los datos oficiales de nacimientos de 2024 revelan un cambio estructural en la composición de la población joven: el 59% de las mujeres que dieron a luz con menos de 30 años —el límite establecido para acceder al cheque-bebé regional de 14.500 euros por hijo— habían nacido en el extranjero.
Esta cifra no es anecdótica. Mientras que entre las madres nacidas en España sólo el 15,8% de los partos correspondían a mujeres menores de 30 años, entre las madres inmigrantes el porcentaje se dispara hasta el 35,5%. Si se suman las madres de segunda generación (hijas de inmigrantes), el total de mujeres menores de 30 años que alumbraron en la región y que son de origen inmigrante alcanza el 67-68%.
La tendencia refleja el impacto directo de la llegada masiva de inmigrantes que España ha experimentado en las últimas décadas. Según el Instituto Nacional de Estadística, más de un tercio de los nacimientos en todo el país ya corresponden a madres extranjeras o de origen extranjero, mientras la natalidad nativa sigue en mínimos históricos. En la Comunidad de Madrid, uno de los destinos preferentes de la inmigración, este desequilibrio se acentúa: la población autóctona envejece y reduce su tasa de fecundidad, mientras los flujos migratorios —procedentes principalmente de Iberoamérica, África y Europa del Este— aportan cohortes jóvenes con mayor propensión a tener hijos en edades tempranas.
El Gobierno regional de Isabel Díaz Ayuso ha reforzado recientemente el «cheque-bebé» precisamente para incentivar la natalidad entre madres menores de 30 años. Sin embargo, los datos demográficos indican que la medida está beneficiando de forma desproporcionada a la población inmigrante de primera y segunda generación, acelerando así el reemplazo generacional en la capital de España.
Expertos en demografía advierten que, sin un giro radical en las políticas de natalidad dirigidas específicamente a la población nativa, España se encamina hacia una transformación irreversible de su tejido social y cultural. La Comunidad de Madrid, motor económico del país, se convierte en el laboratorio visible de esta sustitución demográfica: menos niños españoles de origen autóctono y más nacimientos vinculados a la inmigración reciente. Un proceso que, lejos de ser coyuntural, consolida el cambio profundo que el país viene sufriendo desde hace años por la combinación de baja fecundidad indígena y alta inmigración.