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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El separatismo no ha ganado: razones para la esperanza

Bandera de España. Fondo Sagrada Familia. Fotomontaje

La mayoría silenciosa parece estar despertando en las calles catalanas. La pesadumbre por la situación demuestra que España permanece. La DUI sería una catástrofe para el separatismo de cara a su pretendida legitimación internacional. El Jefe del Estado ha hablado y lo ha hecho para garantizar la unidad de España. Y el blog más leído del país, el catalán Dolça Catalunya, se muestra convencido: vamos a superar el nacionalismo. Y lo vamos a hacer todo nuevo”.


Desde hace unas semanas, y sobre todo tras el 1-O, el país entero se ha sumido en un estado de profunda pesadumbre. De fracaso colectivo. El dolor de toda la nación, sin embargo, y aunque resulte paradójico, revela una verdad luminosa: España no se ha extinguido. La aflicción de extremeños, canarios, valencianos o gallegos muestra que existe una comunidad política. Demuestra que el todo hace suyos los problemas de la parte. Tanto es así que el mensaje del Rey fue el más visto de los últimos 20 años, con más de 12 millones de españoles pegados al televisor. Un número al que hay que añadir otro sorprendente medio millón de visualizaciones en YouTube en poco más de un día, una cifra que hace del mensaje de Felipe VI el segundo más visto del canal de la Casa Real.

Pareciera hasta hace unas horas que las preocupaciones de los españoles se reducían al ámbito del bienestar material. Y no. Hay motivaciones, ilusiones y penas que trascienden los intereses exclusivamente personales. Yo mismo he visto desolación en amigos y familiares, ajenos casi siempre a la política. Hombres y mujeres apesadumbrados, ofendidos muchos, preocupados todos. Es por eso que estos días florecen como nunca banderas en los balcones de los barrios de todo el país. Banderas de España. De la España de todos, el proyecto común alumbrado en 1978. El de un país exitoso y dinámico que cada año visitan casi cien millones de personas. El de un país que estos días se pasa compulsivamente un vídeo, a través de mensajería instantánea, que hace las veces de terapia contra el desánimo:

Después del llanto de las primeras horas, catalanes de todas las edades y de manera espontánea, salían a las calles de Barcelona con banderas de España. Lo cuenta Dolça Catalunya: “Sin dinero, sin partidos, sin organización, sin camisetas fosforitas, sin bocatas gratis, sin apoyo de ninguna administración. Con muchísima dignidad”. Hay esperanza. Hemos visto a catalanes reunirse frente a comisarías y hoteles que hospedaban a policías para agradecerles su presencia en una Cataluña cada vez más hostil para ellos.
Atrás quedaron todos aquellos que creyeron que el ‘procés’ era tan solo una operación para obtener más privilegios. Atrás quedaron aquellos que aseguraban que no irían hasta el final. El separatismo ha sumido a Cataluña en un contexto revolucionario de impredecibles consecuencias. El votante coyuntural del independentismo hoy ya sabe que se trata de crear una república replicando el modelo kosovar y con las CUP como compañeros de viaje. Quizá ahora se bajen del tigre. O tal vez lo hagan cuando vean a Puigdemont encaramarse al balcón de la Plaça de Sant Jaume y proclame la secesión.

Nadie reconocerá una DUI en el exterior

La conocida como ‘DUI’ (declaración unilateral de independencia) implicará automáticamente la suspensión de la autonomía, algaradas callejeras y quién sabe si algo peor, pero también servirá para mostrar al mundo el verdadero rostro del separatismo catalán. Será un error estratégico que dilapidará, a ojos del exterior, todo el capital moral acumulado tras las intervenciones policiales del 1-O. Ninguna cancillería del mundo legitimará semejante acción y la condena internacional será unánime.
Escribe el catalán Jaime Revés en este mismo periódico un texto muy necesario en estas horas bajas. Él es de la opinión de que, sin el actual conflicto encima de la mesa, que ha alterado la dinámica de transferencia permanente de competencias a la Generalitat, “la segregación de Cataluña hubiera sido un hecho inevitable en veinte o treinta años”.
Siendo así que Revés agradece la llegada del procés en tanto que ha servido para diagnosticar la enfermedad y que ésta pueda ser tratada. La precipitación de Artur Mas al lanzar el órdago cuando aún no se había completado el proceso de ingeniería social “puede haber despertado muchas conciencias adormecidas” y ya están empezando a generarse anticuerpos. “Han surgido nuevos actores como Sociedad Civil Catalana, Ciudadanos, Somatemps, incluso una nueva patronal que ha roto abiertamente con el nacionalismo. Internet es un hervidero de foros de ideas y blogs desacomplejados como Dolça Catalunya. El PSC ha sido obligado a recular un paso y a desmarcarse del bloque nacionalista. Cada vez son más los que se atreven a alzar su voz frente a los excesos que viven en su actividad cotidiana. En resumen, la centralidad política ya no la marca exclusivamente el nacionalismo. (…) Es cierto que estas iniciativas son todavía pequeñas en proporción al poder de la máquina burocrática y cultural del nacionalismo. Pero este tipo de propuestas surgidas de la sociedad civil eran inimaginables hace apenas unos años”.

«Volverán a ganar los buenos»

Hermann Tertsch también animaba a los lectores de ABC a “quitarse miedos y pesares” porque “los españoles saben ya que la mera existencia de España está en peligro. Que no hay pacto posible con quien quiere destruirte. Hay que vencer al separatismo. La descentralización ha fracasado. Los nacionalismos llevan 40 años de guerra contra España que siempre cedió por torticeros intereses de sus gobernantes. Si la Nación reacciona el futuro es esperanzador. El domingo se perdió una batalla bajo un capitán desganado. Pero la guerra acaba de comenzar, será larga y como son estas cosas, al final, volverán a ganar los buenos”.

(Gritos de ‘Viva España’ en L’Hospitalet durante la ‘cacerolada’ anti Puigdemont. Elcatalan.es)
Y Victoria Prego, una periodista con perspectiva histórica y una de las mejores conocedoras de la política española, también ha recuperado el aliento: “La intervención del Rey ha devuelto a la mayor parte de los españoles la esperanza en el futuro de España y con seguridad ha incrementado exponencialmente el prestigio de la Corona. Tras una jornada desoladora en la que el abatimiento, la inseguridad y también el miedo habían dominado el clima emocional de los ciudadanos de todo el país, las palabras del Rey han vuelto a dibujar, con seguridad, la sonrisa a muchos rostros”.
Y así cierra su último artículo la arriba citada Dolça Catalunya, el blog más leído de España: “Levantad la cabeza, dolços, porque vamos a superar el nacionalismo. Y lo vamos a hacer todo nuevo”.

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