Una empresa llamada Oversunenergy ha comenzado a llamar la atención por su irrupción en el mercado de las balizas V16 conectadas justo tras la entrada en vigor de la normativa que las ha hecho obligatorias a partir de 2026, en un contexto marcado por la comercialización del producto en oficinas de Correos —según ha avanzado @InigovanEyck en X— y por una serie de incoherencias sobre su origen y fabricación.
El foco se sitúa en una baliza comercializada bajo la marca Car-Lite, asociada a la empresa Oversunenergy, con sede en Paterna (Valencia). Según la documentación oficial, el dispositivo cuenta con un certificado de conformidad emitido por un organismo autorizado y figura como fabricado por una empresa española. En dicho certificado, vinculado a la homologación exigida por laDirección General de Tráfico, el fabricante y solicitante aparecen con dirección valenciana, sin referencia explícita a producción en el extranjero.
Sin embargo, el propio producto plantea dudas. En la mayoría de las cajas no se especifica el país de fabricación, pero en algunas unidades localizadas en Bilbao aparece una pegatina que indica claramente «Made in China». Esta discrepancia entre la documentación técnica, el etiquetado y la información visible para el consumidor ha levantado sospechas sobre la trazabilidad real del producto.
La situación se vuelve más llamativa al observar el canal de venta. El 15 de diciembre de 2025, en una oficina de Correos, durante un envío ordinario, un usuario detectó que en el propio ticket se anunciaban balizas V16. Tras preguntar en el mostrador, los empleados mostraron el producto en una estantería, con un precio cercano a los 50 euros. En este caso concreto, la baliza expuesta estaba fabricada en China y distribuida por la empresa Grandisor Internacional SL.
Al investigar a la distribuidora surgen más incógnitas. La administradora única, María Cruz Díaz Mencia, no deja rastro digital relevante, y la página web de la compañía resulta muy básica y alejada de lo que cabría esperar de una empresa que comercializa dispositivos de seguridad vial obligatorios por ley.
El historial de Oversunenergy añade una capa más al caso. En 2018, la empresa se dedicaba a la consultoría energética y a proyectos vinculados a renovables. En 2021, durante la pandemia, pasó a comercializar mascarillas FFP2. Y entre 2024 y 2025 dio un nuevo giro para centrarse en la venta de balizas V16 conectadas, justo antes de que el cambio normativo garantice una demanda masiva del producto. Tres sectores distintos en pocos años, siempre alineados con nichos regulados o de alta demanda coyuntural.
A ello se suma que estas balizas no sólo se venden a través de canales privados, sino que han llegado a algunas oficinas de Correos, lo que aporta una apariencia de respaldo institucional que puede inducir a confianza entre los consumidores, pese a las dudas sobre el origen real del dispositivo.
Con certificados que señalan fabricación nacional, embalajes sin información clara y unidades que sí reconocen un origen chino, el caso de Neowaybyose y Oversunenergy abre interrogantes sobre los controles, la transparencia en la cadena de suministro y el papel de los intermediarios en un mercado que será obligatorio para millones de conductores en apenas unos meses.