La cruz del Turó de la Peira, símbolo histórico del barrio barcelonés de Nou Barris desde 1936, podría desaparecer por decisión del Ayuntamiento de Barcelona. El consistorio de Jaume Collboni pretende aprovechar la reforma del parque que la rodea para desmontar la estructura religiosa, alegando motivos de “rehabilitación”. Los vecinos, sin embargo, denuncian que el plan incluye trasladarla a otro lugar y sustituirla por un olivo, lo que interpretan como un intento de borrar una seña de identidad del barrio.
El padre Alfredo Valladares, párroco de la iglesia de la Virgen de Fátima, ha anunciado un acto este sábado a mediodía junto a la cruz, donde se rezará el Ángelus y el rosario, y se leerá una carta dirigida al alcalde. En ella, los vecinos pedirán que el monumento permanezca en su emplazamiento original y que sea reparado sin retirarlo del Turó. “Es un signo de identidad del barrio. Incluso quienes no son creyentes recuerdan haber jugado aquí de niños”, explica Valladares.
La movilización ha unido a buena parte del vecindario, que ha iniciado una recogida de firmas y ha redactado un manifiesto para Collboni. El texto recuerda que la cruz lleva casi 90 años presidiendo las vistas entre el mar y la sierra de Collserola, y que ha sido “punto de encuentro familiar” durante generaciones. Reclaman al Ayuntamiento que escuche “la voz de todo el vecindario y de los fieles católicos del barrio, que no merecen ser tratados como ciudadanos de segunda”.
El párroco confía en que el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, intervenga para evitar que el gobierno municipal consuma lo que considera una agresión al patrimonio religioso y sentimental del barrio. “Antes confiaba un cero sobre diez, ahora estoy en el cinco”, admite el sacerdote, que incluso ha ofrecido su parroquia para acoger la cruz si finalmente se consuma su retirada.
No sería la primera vez que el Ayuntamiento elimina símbolos religiosos en el Turó de la Peira. En 2007, una réplica de la gruta de Lourdes que se encontraba bajo la cruz fue destruida durante otra remodelación del parque. “Hoy es un pipicán”, lamenta Valladares.
El acto de este sábado, organizado junto a la asociación Jóvenes Patriotas Españoles (JPE), busca evitar que la historia se repita. Según el proyecto de remodelación difundido por El Periódico, el traslado y la restauración de la cruz tendría un coste de algo más de 4.000 euros. Pero para muchos vecinos, lo que está en juego no es una cifra, sino la memoria viva de un barrio que se resiste a que borren sus raíces cristianas.