«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Para hacer frente a lo que ella denomina una amenaza autoritaria

El canal de Pablo Iglesias llama a agredir a los disidentes: «Al fascismo hay que hacerle frente con violencia»

Jule Goikoetxea y Pablo Iglesias. Redes sociales

Jule Goikoetxea, filósofa de extrema izquierda, ha llamado a la violencia contra el «fascismo» y ha defendido en una entrevista en Canal Red que, además de protestas, cánticos y diálogo, «probablemente» hagan falta también «estrategias» que incluyan el uso de la fuerza. Las declaraciones, emitidas en el canal vinculado al exlíder político Pablo Iglesias, han generado polémica por alentar la confrontación física contra quienes considera adversarios ideológicos.

Durante su intervención, Goikoetxea ha asegurado que el fascismo «no tiene pinta de ser deliberativo» y que resistirlo únicamente mediante la no-violencia «implica tener un interlocutor dispuesto al diálogo», algo que, en su opinión, no se da en este caso. En ese contexto, ha justificado la posibilidad de recurrir a la violencia como parte de un abanico de «mecanismos diversos» para hacer frente a lo que ella denomina una amenaza autoritaria.

La filósofa también ha relativizado el concepto de violencia, considerándolo «ético-político» y dependiente del contexto. Ha llegado a comparar, a modo de ejemplo, la diferencia entre «tirar una piedra a una señora que va por la calle» y «tirar una piedra a un tanque israelí», sugiriendo que ciertas acciones pueden entenderse como respuesta a una «violencia estructural».

Estas afirmaciones han sido interpretadas por distintos sectores como un llamamiento al enfrentamiento y una justificación del uso de la fuerza por motivos ideológicos. Críticos del programa han exigido explicaciones a Canal Red, reclamando responsabilidad a los medios de comunicación cuando se difunden mensajes que podrían incitar a la violencia política.

No es la primera vez que Jule Goikoetxea genera controversia. Su discurso, centrado en el feminismo radical y en la crítica a las estructuras de poder, ya había provocado reacciones por sus amenazas. En esta ocasión, su intervención ha reabierto el debate sobre los límites de la libertad de expresión y sobre hasta qué punto la apología de la violencia puede ampararse bajo el paraguas del pensamiento crítico.

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