La regularización masiva de cientos de miles de inmigrantes ilegales aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez abocará al colapso del sistema sanitario español y a la exclusión sistemática de los jóvenes nacionales con talento. Esta medida, que ha facilitado la homologación exprés de títulos profesionales extranjeros, está inundando el mercado laboral con decenas de miles de médicos de fuera, mientras miles de estudiantes españoles se ven relegados a carreras alternativas o al abandono de su vocación por falta de plazas. El resultado es una sanidad pública saturada, donde la prioridad ya no es la excelencia formativa, sino el volumen de mano de obra barata procedente de la inmigración ilegal regularizada.
Según datos recientes, el aluvión de 30.303 médicos extranjeros homologados amenaza con convertir el MIR 2027 en un auténtico caos. Las plazas de residencia se verán desbordadas por candidatos que no han pasado por el riguroso sistema educativo español, bajando drásticamente las notas de corte y dejando fuera a alumnos con expedientes brillantes. Esta política de puertas abiertas no sólo ignora el esfuerzo de los jóvenes nacionales, sino que prioriza una agenda ideológica de «inclusión» por encima de la calidad asistencial y la meritocracia.
Un caso paradigmático ilustra la barbaridad: una estudiante madrileña con un 12,6 en la EBAU se quedó a sólo 0,1 puntos de entrar en Medicina, sin recursos para una universidad privada. Tras dos años de Enfermería, lo abandonó frustrada. Mientras, miles de títulos de médicos de origen extranjero se convalidan sin apenas requisitos, gracias a las facilidades derivadas de las regularizaciones masivas. Es el mismo Gobierno que presume de «solidaridad» el que condena a la frustración a generaciones enteras de españoles.
Los críticos denuncian que esta estrategia no resuelve la falta de profesionales, sino que la agrava: en lugar de ampliar plazas universitarias o mejorar las condiciones laborales de los médicos españoles —que emigran en masa a países con mejores sueldos—, se opta por importar mano de obra precaria. El colapso del MIR no es un accidente; es la consecuencia lógica de una política migratoria que antepone el voto clientelar al interés nacional y al futuro de la sanidad pública.
En definitiva, la regularización masiva no sólo aboca al sistema a un desastre anunciado, sino que erosiona la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Mientras familias enteras ven cómo sus hijos brillantes son sacrificados en el altar de la corrección política, el Gobierno de Sánchez acelera un modelo que amenaza con convertir España en un país de segunda para los suyos y de oportunidades ilimitadas para quienes llegan sin papeles. La barbaridad es evidente: se destruye el mérito propio para importar el ajeno.