«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La respuesta oficial se limitó a un aviso amarillo de Aemet

El Gobierno de Sánchez minimizó la alerta europea que predijo 48 horas antes la riada de Valencia pese a que los avisos fueron constantes

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. Redes sociales

El Sistema Europeo de Concienciación de las Inundaciones emitió el 28 de octubre de 2024, apenas un día antes de la devastadora riada que arrasó el Levante español y dejó 229 víctimas mortales en Valencia, una alerta de riesgo extremo sobre la cuenca del Júcar. Aquella advertencia, que preveía con notable exactitud lo que estaba a punto de ocurrir, fue recibida por organismos estatales y autonómicos sin que ninguno de ellos activara medidas de prevención eficaces.

El sistema EFAS, dependiente de la Comisión Europea e integrado en el programa Copernicus, se considera uno de los instrumentos de predicción de inundaciones más avanzados del continente. Su cometido es detectar posibles crecidas con varios días de antelación y avisar a las autoridades nacionales para que coordinen la respuesta. En España, los principales receptores de sus notificaciones son la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y la Dirección General de Protección Civil y Emergencias, además del Ministerio para la Transición Ecológica y la Confederación Hidrográfica del Júcar.

A las 00.00 horas del 28 de octubre, los mapas dinámicos del EFAS ya mostraban una franja crítica teñida de rojo y violeta que se extendía desde Paterna y Torrent hasta la desembocadura del Turia y la Albufera. Aquellos colores, los más severos del sistema, marcaban un riesgo hidrológico sin precedentes desde 2003. Sin embargo, la respuesta oficial se limitó a un aviso amarillo de Aemet, que solo se elevó a nivel naranja horas antes del desastre, sin alcanzar el máximo nivel de emergencia que habría activado la coordinación nacional.

Las predicciones europeas acertaron con precisión milimétrica. Los modelos hidrológicos anticipaban desbordamientos en Torrent, Aldaya, Catarroja y Benetúser, justo las zonas que quedaron anegadas. La tormenta del día siguiente descargó hasta 771 litros por metro cuadrado en Turís en sólo doce horas. El Turia se desbordó, los barrancos se transformaron en torrentes y cientos de viviendas quedaron destruidas. Las pérdidas materiales se estiman en más de 17.000 millones de euros.

Según un informe interno de 2021 de la Dirección General de Protección Civil, el sistema EFAS tiene un índice de acierto del 86% en España y del 72% en la Comunidad Valenciana. Su eficacia, por tanto, estaba reconocida por los propios servicios nacionales. Esa fiabilidad, sumada a la claridad de las alertas, convierte en incomprensible la falta de reacción de los organismos que las recibieron.

La cadena de comunicación está perfectamente definida: EFAS avisa, Aemet evalúa, Protección Civil coordina, y las confederaciones hidrográficas aplican medidas en embalses y cauces. En este caso, la Confederación del Júcar, bajo la tutela del Ministerio para la Transición Ecológica, tenía la responsabilidad de informar a emergencias autonómicas y ajustar los caudales. Nada de eso ocurrió.

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