El Hierro vuelve a situarse al límite de su capacidad de acogida después de que 1.652 inmigrantes ilegales hayan llegado a Canarias en apenas las dos primeras semanas de octubre, una nueva oleada que ha vuelto a tensionar especialmente los recursos disponibles en la isla herreña.
El Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de San Andrés alberga ya a alrededor de 600 inmigrantes, una cifra próxima al máximo que pueden absorber actualmente las instalaciones. Ante esta situación, las autoridades preparan la derivación de unas 400 personas a Tenerife con el objetivo de liberar plazas y evitar que el dispositivo termine completamente saturado.
La presión vuelve así a concentrarse sobre una de las islas más pequeñas del archipiélago, que durante los últimos años se ha convertido en uno de los principales puntos de llegada de la ruta atlántica procedente de las costas africanas.
Cerca de 1.700 llegadas en quince días
Las cifras de la primera mitad de octubre reflejan la intensidad de los flujos migratorios hacia Canarias. En apenas dos semanas han desembarcado 1.652 personas, obligando a activar nuevamente traslados entre islas y a reorganizar los recursos asistenciales.
El Hierro soporta una presión especialmente elevada por su escasa población y por la limitada capacidad de sus infraestructuras para responder a entradas continuadas de cientos de personas en periodos muy cortos de tiempo.
Los inmigrantes que llegan en cayucos y pateras son sometidos inicialmente a controles policiales y sanitarios antes de ser alojados temporalmente en los dispositivos habilitados por el Estado. Cuando estos centros se acercan a su límite, parte de los recién llegados son trasladados a otras islas del archipiélago.
Otros 400 serán trasladados a Tenerife
La previsión de trasladar a unas 400 personas desde El Hierro hasta Tenerife pretende aliviar de forma inmediata el dispositivo de San Andrés, aunque las nuevas llegadas mantienen la presión sobre el sistema de acogida.
La situación reproduce un problema que se ha repetido durante los últimos años en Canarias: las llegadas masivas obligan a realizar derivaciones continuas mientras las administraciones intentan mantener capacidad disponible ante la posible aparición de nuevos cayucos. El repunte de octubre vuelve a evidenciar así la presión sostenida de la ruta canaria y la dependencia de los traslados entre islas para impedir el desbordamiento de los centros de acogida.