El inmigrante marroquí de 25 años que, mientras estaba de permiso penitenciario, agredió sexualmente de forma brutal a una mujer en la zona de Montjuic, en Barcelona, ha protagonizado ahora un nuevo episodio violento dentro de la prisión de Quatre Camins, donde permanece encarcelado a la espera de juicio por esta última agresión.
Según ha adelantado ElCaso.cat, el interno atacó recientemente a dos funcionarios penitenciarios después de que estos detectaran supuestas irregularidades relacionadas con medicación psicotrópica. El preso reaccionó violentamente contra ambos trabajadores y trató de agredirlos físicamente.
Los funcionarios consiguieron reducirlo, esposarlo y trasladarlo al módulo de aislamiento. Sin embargo, según las mismas fuentes penitenciarias, el director del centro decidió posteriormente levantar la medida disciplinaria y devolverlo al módulo ordinario donde conviven otros condenados por delitos sexuales, alegando motivos de seguridad y protección.
El incidente se produjo apenas unos días después de que el interno regresara a prisión tras ser detenido nuevamente por los Mossos d’Esquadra por la agresión sexual cometida en Montjuïc durante uno de sus permisos penitenciarios.
La víctima logró identificarlo posteriormente y, además, los investigadores pudieron situarlo en el lugar de los hechos mediante el análisis y triangulación de su teléfono móvil. Tras pasar a disposición judicial, el magistrado ordenó su reingreso en prisión y la retirada inmediata de los permisos de salida de los que disfrutaba.
El caso ha generado una fuerte polémica debido al historial delictivo del joven. Mohamed C., nacido en Marruecos, ya había sido condenado anteriormente cuando aún era menor de edad por varias agresiones sexuales cometidas, al menos, contra cuatro mujeres. En aquel momento recibió la pena máxima prevista por la legislación de menores: ocho años de internamiento.
Pese a ello, el sistema penitenciario le permitió acceder posteriormente a permisos de salida durante los cuales habría cometido la nueva agresión sexual en Barcelona.
La decisión de reincorporarlo rápidamente al módulo ordinario tras el ataque a los funcionarios también ha provocado malestar entre trabajadores penitenciarios, que consideran que este tipo de medidas debilitan su autoridad y transmiten sensación de impunidad dentro de los centros penitenciarios.
Fuentes consultadas por el citado medio sostienen que muchos funcionarios consideran que la falta de consecuencias contundentes frente a internos violentos acaba deteriorando la seguridad dentro de las cárceles y aumentando el riesgo de incidentes más graves en el futuro.