La transformación demográfica en Ceuta y Melilla es incontestable. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), más del 90% de los recién nacidos varones en 2023 en ambas ciudades autónomas recibieron nombres de origen musulmán.
En Ceuta, el nombre más puesto fue Mohamed, seguido de Haron, Adam, Amir y Rayan. En Melilla, lideraron Ibrahim, Adam, Mohamed, Nael y Uneys. En conjunto, nueve de cada diez niños nacidos en estas ciudades portan hoy un nombre de raíz árabe.
El contraste con décadas pasadas es abrumador. En los años 60, los nombres más frecuentes eran Antonio, Francisco Javier, José Antonio, Manuel o Juan Carlos, y los de origen árabe apenas alcanzaban un 14% en Ceuta y un 8% en Melilla. Incluso en 2003, aunque los nombres musulmanes ya se habían expandido, el porcentaje era mucho menor que el actual: 54% en Ceuta y 75% en Melilla.
La estadística confirma un cambio histórico en la composición social de Ceuta y Melilla. Lo que hace medio siglo eran ciudades donde los nombres españoles dominaban abrumadoramente, hoy muestran un patrón en el que Mohamed, Ibrahim o Adam sustituyen a los tradicionales Antonio, Francisco o José Luis.
El informe del INE recoge además que los nombres árabes no sólo son los más puestos, sino que también han desplazado casi por completo a los hispánicos en las nuevas generaciones.
Este vuelco demográfico pone cifras al impacto de la inmigración y de la natalidad diferencial en las dos ciudades españolas del norte de África. Ceuta y Melilla, donde la población musulmana ha crecido de forma sostenida desde mediados del siglo XX, son hoy un ejemplo visible de la transformación cultural que experimenta España bajo la presión migratoria.