«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Se evidencia la falta de voluntad de adaptación

Fracasa en Alemania el plan para que los solicitantes de asilo trabajen: la mayoría rechaza hacer labores comunitarias pese a las ayudas

Alemania trabajen
Redes Sociales

Uno de los proyectos piloto más ambiciosos de Alemania para «integrar» a los inmigrantes en paro ha fracasado estrepitosamente. La iniciativa, impulsada por varios distritos gobernados por la CDU, consistía en obligar a los solicitantes de asilo desempleados a realizar trabajos comunitarios —como limpiar parques o reparar espacios públicos— bajo amenaza de recorte en sus ayudas sociales. El resultado: la mayoría se ha negado en redondo a participar.

El distrito de St. Wendel, en el estado de Sarre, ha sido uno de los últimos en sumarse al programa. Su administrador, Udo Recktenwald (CDU), ha reconocido que solo la mitad de los 56 inmigrantes convocados desde abril han cumplido la orden. El resto ha optado por no aparecer, ha presentado bajas médicas sospechosamente prolongadas o ha desaparecido sin dar explicaciones. Seis ya han perdido el 100 % de sus ayudas públicas y otros siete han visto sus pagas reducidas a la mitad.

A pesar de los incentivos —como acceso preferente a clases de alemán— y de que el programa cuesta 150.000 euros solo en St. Wendel, los niveles de incumplimiento son tan altos que el modelo apenas puede sostenerse. Y no es el único distrito en crisis.

En Burgenlandkreis, de los 96 inmigrantes citados para cubrir 36 puestos, dos de cada tres se negaron a trabajar. Solo en ese distrito, 54 solicitantes vieron sus ayudas recortadas por no cumplir. En Mansfeld-Südharz, la participación fue algo mayor, pero solo tras ofrecer una paga extra a los “voluntarios”.

Incluso el distrito de Saale-Orla, considerado modelo de “éxito” por haber sido el primero en aplicar el sistema, solo logró que 30 de los 110 participantes pasaran a empleos reales. La gran mayoría regresó a su inactividad subvencionada.

A pesar del fracaso evidente, varios administradores insisten en que el programa debe ampliarse. Mientras tanto, la izquierda alemana —SPD, Verdes y La Izquierda— se opone incluso a estos mínimos esfuerzos, argumentando que «obligarles» a trabajar impide que accedan al mercado laboral real. Paradójicamente, el propio experimento demuestra que no hay interés en trabajar ni con ayudas, ni con oportunidades reales.

El modelo, lejos de fomentar la integración, pone en evidencia la falta de voluntad de adaptación por parte de muchos solicitantes de asilo. Mientras tanto, el contribuyente alemán sigue pagando la factura de una política migratoria fallida.

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