Un nuevo proyecto de parque fotovoltaico en El Penedès (Tarragona) ha encendido las alarmas entre bodegueros, agricultores y entidades del sector vitivinícola, que advierten del impacto que podría tener sobre uno de los paisajes más emblemáticos de Cataluña. La iniciativa prevé ocupar unas 15 hectáreas de terreno dedicado al cultivo de la vid, lo que ha impulsado la reacción conjunta de organizaciones que reclaman una planificación más cuidadosa.
La preocupación no gira en torno a un rechazo frontal a las energías limpias. Al contrario, los firmantes del manifiesto —entre ellos asociaciones como Corpinnat, la DO Penedès o colectivos agrarios— subrayan su apoyo a la transición energética. Sin embargo, consideran que los actuales planes de implantación son excesivamente invasivos y no tienen suficientemente en cuenta las particularidades del territorio ni su valor económico y cultural.
Desde este frente común alertan de que la ausencia de una regulación específica y de una estrategia clara en la comarca podría abrir la puerta a una proliferación desordenada de instalaciones, con consecuencias negativas tanto para el paisaje como para sectores clave como el turismo, la hostelería o la propia industria del vino. En su opinión, el equilibrio entre sostenibilidad y preservación del entorno no se está gestionando adecuadamente.
Por ello, exigen una revisión urgente de los instrumentos de ordenación territorial, en particular del Pla Territorial del Penedès y del plan sectorial de energías renovables. Reclaman que ambos incluyan criterios definidos que permitan compatibilizar el despliegue de estas infraestructuras con la protección del patrimonio natural y cultural de la zona.
Entre las propuestas planteadas, defienden limitar la concentración de proyectos en determinadas áreas. Sugieren que ninguna comarca supere el doble de la densidad media prevista en Cataluña para 2050 en cuanto a energías renovables, y que la ocupación máxima en cada municipio no exceda el 3% de su superficie. De este modo, se buscaría repartir de forma más equitativa el esfuerzo de la transición energética y evitar saturaciones locales.
Algunas voces del sector, como la de representantes del ámbito vitivinícola, insisten en que el paisaje no es sólo un elemento estético, sino un activo económico y cultural fundamental. La implantación de grandes instalaciones sin una planificación adaptada podría traducirse en pérdidas para el conjunto del territorio, además de afectar a la biodiversidad o agravar problemas como la erosión del suelo.
También se cuestiona la actuación de algunas promotoras, a las que acusan de priorizar intereses económicos frente a criterios de sostenibilidad real, señalando además la falta de arraigo local de parte del capital impulsor de estos proyectos.
En paralelo, la movilización continúa. Está previsto un encuentro en el Consell Comarcal de l’Alt Penedès para debatir y presentar alegaciones al plan en curso, en un intento de influir en su rediseño y lograr una implantación de las renovables que combine desarrollo energético con respeto al territorio.