La Administración Trump ahorrará millones de dólares tras abandonar hasta 66 organismos globalistas, foros y agencias internacionales que Washington considera contrarios a sus intereses nacionales y excesivamente centrados en agendas ideológicas como el «cambio climático», la inmigración masiva, la «igualdad de género» o la «gobernanza global». La mayoría de estas estructuras cuentan con el respaldo político —y financiero— de España (con los gobiernos tanto del PP como del PSOE).
La retirada estadounidense afecta a un amplio entramado de organismos multilaterales, muchos de ellos vinculados a Naciones Unidas y otros de carácter intergubernamental, en los que España participa de forma activa. El memorando aprobado por la Casa Blanca justifica la salida por el elevado coste económico y por la orientación ideológica de entidades que «han dejado de servir a los intereses estratégicos del país».
Entre los ámbitos más señalados figura el «cambio climático! y la transición energética. Estados Unidos se ha retirado de organismos clave como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y la Agencia Internacional de Energías Renovables, todos ellos con participación española y sostenidos con fondos públicos. Washington considera que estas estructuras promueven políticas energéticas que penalizan a la industria y al crecimiento económico en favor de compromisos climáticos que no considera vinculantes.
La «gobernanza global! y la arquitectura institucional de la ONU constituyen otro de los grandes bloques afectados. Estados Unidos ha abandonado organismos como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, la Comisión de Consolidación de la Paz o el Fondo para la Democracia de la ONU, todos ellos apoyados por PP y PSOE y orientados a modelos de regulación internacional y redistribución de recursos que la Administración Trump rechaza.
En el ámbito de la ideología de género, la retirada incluye a entidades como ONU Mujeres y diversas oficinas especializadas de Naciones Unidas. La Casa Blanca sostiene que estos organismos han derivado hacia una agenda ideológica que «utiliza fondos públicos para promover políticas identitarias sin control democrático directo». España, por el contrario, no sólo sigue integrada en estas estructuras, sino que ha incrementado su apoyo político y financiero durante los últimos años.
La inmigración masiva y la cooperación internacional constituyen otro eje central de la ruptura. Estados Unidos ha salido del Foro Global sobre Migración y Desarrollo, así como de varios programas de cooperación y asistencia internacional. En estos foros, España mantiene una presencia activa y alineada con las políticas europeas de gestión migratoria, defendidas tanto por gobiernos del PP como del PSOE.
La lista incluye además organismos vinculados a la conservación medioambiental, la biodiversidad y la regulación internacional, como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza o la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas, de los que Washington se ha desligado al considerar que imponen restricciones «basadas en criterios ideológicos».
En total, España participa en cerca de una treintena de los 66 organismos abandonados por Estados Unidos. Mientras la Administración Trump defiende que la retirada permitirá redirigir recursos hacia prioridades nacionales y reducir el gasto en estructuras globalistas, los sucesivos gobiernos españoles del bipartidismo han optado por reforzar su implicación en estos foros, asumiendo su financiación y respaldando sus líneas de actuación.