Melilla vuelve a situarse en el foco de las operaciones antiterroristas. En la madrugada del domingo al lunes, la Policía Nacional detuvo en la ciudad autónoma a un individuo acusado de un delito de terrorismo yihadista, en el marco de una investigación coordinada por la Audiencia Nacional.
Durante el operativo, los agentes realizaron también el registro de un domicilio, aunque por el momento no han trascendido más detalles sobre el perfil del detenido ni sobre el alcance de la investigación. Las autoridades mantienen el secreto habitual en este tipo de operaciones, centradas en neutralizar posibles focos de radicalización islamista en el enclave fronterizo.
La detención supone la cuarta operación contra el terrorismo yihadista en Melilla en 2025, un dato que vuelve a subrayar la preocupación de los servicios de inteligencia sobre la actividad radical en la ciudad.
El pasado 29 de octubre, la Policía detuvo a tres personas —dos hombres y una mujer— por su presunta vinculación con redes yihadistas. La operación incluyó el registro de un domicilio en el barrio de Reina Regente y un dispositivo de seguridad reforzado para trasladar a los detenidos bajo control médico y posterior interrogatorio policial.
Antes, el 29 de enero, las fuerzas de seguridad arrestaron a dos individuos. Uno de ellos ingresó en prisión provisional acusado de enaltecimiento del terrorismo, autoadoctrinamiento y adoctrinamiento de terceros, utilizando material propagandístico del autodenominado Estado Islámico.
Una segunda operación, el 11 de marzo, se saldó con otro detenido, igualmente acusado de delitos relacionados con el adoctrinamiento y la propaganda violenta de corte islamista.
Las cuatro operaciones en menos de un año confirman que Melilla sigue siendo uno de los puntos más sensibles del mapa antiterrorista español, tanto por su localización geoestratégica como por la presión migratoria y el interés de organizaciones extremistas en captar o activar simpatizantes.
A falta de que se conozcan más detalles de la detención de esta semana, todo apunta a que las fuerzas de seguridad mantienen un despliegue constante para impedir que células dormidas o individuos radicalizados puedan pasar a la acción.