«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La víctima, una pensionista noruega, fue captada en una aplicación de citas

La Policía detiene en una marisquería en Madrid a un nigeriano que estafó 140.000 euros a una jubilada con una falsa relación amorosa

Policía Nacional en Madrid. Redes sociales

Un hombre de nacionalidad nigeriana se enfrenta a una pena de cinco años de prisión por haber estafado presuntamente 140.000 euros a una jubilada noruega mediante el conocido método del “amor online”. Los hechos, juzgados en la Audiencia Provincial de Madrid, culminaron con su detención en una marisquería de la Gran Vía, donde la víctima acudió tras colaborar con la Policía.

Según la Fiscalía, la estafa comenzó a través de una aplicación de citas. El acusado se hizo pasar por un supuesto militar e ingeniero canadiense que trabajaba para una multinacional petrolera. La relación continuó por Skype, donde logró ganarse la confianza de la mujer. «Me dio un número de teléfono con prefijo de Oslo e incluso me mandó una foto de su pasaporte», declaró la víctima durante el juicio.

Bajo ese engaño, la convenció para abrir una cuenta bancaria en España y realizar importantes transferencias con el argumento de que los costes eran menores en Europa. El dinero, según el relato, se destinaría a una supuesta inversión en un fondo vinculado a la investigación con células madre en Andorra.

Uno de los episodios más llamativos se produjo durante un viaje al país pirenaico. El acusado acudió acompañado de un informático y un supuesto especialista en inversiones para cerrar el negocio. Sin embargo, alegó haber perdido la cartera y pidió a su acompañante que cubriera todos sus gastos, desde alojamiento hasta ropa. La factura superó los 8.000 euros. El dinero acabó saliendo, de nuevo, de la cuenta de la jubilada noruega.

La operativa incluyó también encuentros en Madrid con un supuesto representante bancario llamado Johan, al que la acusación identifica como uno de los alias utilizados por el acusado o su entorno. La víctima llegó a entregarle en mano 12.000 euros en efectivo. «Pensaba que era el banco», afirmó.

Ante nuevas peticiones de dinero, la mujer decidió contratar investigadores privados en Noruega. Con la información recabada, coordinó una cita en Madrid con el presunto estafador y avisó a la Policía, que intervino en el restaurante de la Gran Vía y procedió a su detención.

La defensa niega los hechos y sostiene que se trata de una confusión. El acusado afirmó que acudió al encuentro por encargo de un tercero y que no conocía previamente a la víctima. Su abogado llegó a alegar en sala la dificultad de identificación “por las características” del sospechoso.

El caso refleja el aumento de las estafas sentimentales en Europa, un fenómeno que combina suplantación de identidad, ingeniería social y estructuras organizadas que operan a través de distintos países para dificultar el rastreo del dinero.

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