Navarra enfrenta una crisis de seguridad sin precedentes, marcada por una oleada de violencia, robos y disturbios que los vecinos y fuentes policiales atribuyen a la inmigración ilegal y descontrolada. En localidades como Marcilla, Pamplona y Tudela, los incidentes se multiplican, generando un clima de temor y frustración entre los residentes, que denuncian la inacción de las autoridades. Desde LA GACETA recogemos testimonios exclusivos de fuentes policiales y analizamos los puntos calientes de la región, donde la delincuencia se expande sin freno.
Marcilla: un pueblo en pie de guerra
En Marcilla, un pequeño municipio navarro, la situación ha alcanzado un punto crítico. El Centro de Observación y Acogida (COA) de menores no acompañados, con capacidad para 40 menas pero ocupado por casi 100, se ha convertido en el epicentro de la inseguridad. Según fuentes policiales, los menores se fugan por las noches, protagonizando robos, agresiones y destrozos. La noche del 12 de junio, una batalla campal entre vecinos y menores dejó un saldo de mobiliario urbano destruido, lanzamiento de piedras, sillas y enfrentamientos con armas blancas como machetes y cuchillos.
Las mismas fuentes, en declaraciones exclusivas, describen la gravedad del problema: «Llevan ya varios años con este problema. Lo que pasa es que en los últimos cinco años esto ha repuntado, pero ya en pandemia, había menas en Navarra —ellos fueron los únicos que pudieron salir— que salían por la calle y la liaban». Los vecinos, hartos, se han organizado para defenderse, convocando concentraciones pacíficas.
VOX ha exigido el cierre de todos los centros de menores en Navarra y la repatriación de los menas, mientras la alcaldesa socialista ha pedido al Gobierno Foral el traslado de los menores y la clausura del COA (sin éxito hasta ahora).
Pamplona: la delincuencia se extiende por los barrios
En la capital navarra, la situación no es menos alarmante. Barrios como el Casco Viejo, la Plaza San Francisco, la calle Descalzos y Mendebaldea, cercano al Hospital de Navarra, registran un aumento de robos, agresiones y ocupaciones ilegales. «En Pamplona lo que se está intentando es disolver en grupos (a los inmigrantes ilegales), hay pisos a lo largo y ancho de toda la ciudad con entre seis y diez ocupantes. Pero eso no da resultado. En el hospital de Navarra varias veces se han producido robos a enfermeras y a médicos, y agresiones cada vez más habituales», relata una fuente policial a este medio.
La misma fuente describe un incidente reciente en el parque cercano a la Policía Municipal y el Casco Viejo: !El otro día un magrebí salió del calabozo de Policía Municipal de Pamplona y en el parque que hay entre Policía Municipal y el Casco Viejo de Pamplona, arrancó una cadena a un señor».
El Parque Aranzadi, ubicado en el meandro del río Arga, se ha convertido en otro foco de inseguridad. Antiguos invernaderos, ahora ocupados, han sido escenario de incendios provocados, peleas y condiciones insalubres. «Ha habido varios episodios de incendios en los invernaderos. Entonces al final ya solo queda la estructura de los invernaderos con todo quemado, en medio tiendas de campaña. Lleno de ratas y basura», detalla. Un convento abandonado en la misma zona también ha sido ocupado, incrementando las intervenciones policiales. En el barrio de Castorajaso, una ikastola abandonada alberga a inmigrantes en condiciones descritas como «tercermundistas» y con enfrentamientos extremadamente violentos que han desbordado a las autoridades. «Es que son salvajes, auténticos salvajes», sentencia.
Tudela y la Ribera: una invasión silenciosa
Tudela, la segunda ciudad más grande de Navarra, no escapa a esta crisis. Fuentes policiales aseguran que en Tudela está existiendo un fuerte cambio demográfico. En la Ribera y el norte de Navarra, pueblos como Villafranca están experimentando dicho cambio demográfico de forma preocupante. «Desde hace una década están viniendo familias enteras de marroquíes y argelinos que están comprando casas que quedan vacías en La Ribera del norte de Navarra hacia abajo y hay pueblos en los que sólo ves chilabas y burkas […]. Hay una inmigración que está llegando en familias completas que están invadiendonos y asentándose en Navarra, hay pueblos en los que ya son mayoría», explican a LA GACETA.
La Policía Foral y la Guardia Civil han multiplicado sus intervenciones, con patrullas desplazadas desde Tafalla, Pamplona, Peralta y Tudela para contener los disturbios en localidades como Marcilla, pero los recursos son insuficientes. Los vecinos denuncian sentirse abandonados por el Gobierno de María Chivite, acusado de minimizar los hechos.
Navarra se encuentra en una encrucijada. La combinación de centros de menores desbordados, ocupaciones ilegales, y la llegada de familias que alteran la demografía de los pueblos ha generado un caldo de cultivo para la inseguridad. Los vecinos exigen soluciones inmediatas, mientras las autoridades parecen desbordadas. Como señalan a este medio, «lo único que están consiguiendo es que la delincuencia se extienda por todas partes».