Dos jóvenes de Bilbao han sido multados por la Policía Local con hasta 400 euros por practicar botellón en la plaza de los Jardines de Albia, aunque únicamente estaban consumiendo refrescos de limón de la marca Kas. Los hechos ocurrieron en la medianoche del jueves al viernes, 15 de agosto, en pleno centro de la ciudad y en vísperas del arranque de Aste Nagusia (Semana Grande), cuando miles de personas beben en la calle sin apenas restricciones.
Según relataron los implicados, ambos habían acudido desde una localidad cercana para reunirse con unos amigos en la discoteca Backstage, en las rampas de Uribitarte. Como sus compañeros finalmente no aparecieron, decidieron esperar sentados en un banco, conversando mientras tomaban unas latas compradas en un supermercado de su pueblo y servidas en vasos de plástico que llevaban de casa. Uno de ellos incluso aseguró que seguía medicándose tras un resfriado y que no pensaba ingerir alcohol.
Media hora después, apareció un coche patrulla con las luces apagadas. Uno de los agentes se acercó y pidió la documentación. Tras inspeccionar la bolsa que portaban, preguntó repetidamente «¿dónde está el alcohol?». Ante la negativa de los chicos, les comunicó que igualmente serían sancionados por botellón, ya que la ordenanza municipal contempla también supuestos de generación de residuos o molestias en la vía pública.
Los jóvenes mostraron su extrañeza y defendieron que pensaban tirar todos los envases a la basura. Sin embargo, el agente procedió a vaciar las latas sobre la hierba, tiró los vasos a un cubo cercano y finalmente les entregó el boletín de denuncia: 200 euros de sanción por pronto pago, con la advertencia de que, en caso de recurrir, la cifra ascendería a 400. En el escrito oficial constaba la incautación de «seis latas de Kas limón, vasos y bolsas de plástico».
La normativa, aprobada en 2006 para frenar el ruido y la suciedad que generan las concentraciones juveniles, define el botellón como el consumo de bebidas «preferentemente alcohólicas» en espacios públicos cuando pueda provocar insalubridad o molestias a los vecinos. Para los afectados, que insisten en que no bebían nada de alcohol ni causaban alboroto, la aplicación estricta de esa definición resulta desproporcionada.
Mientras esto ocurría, el compañero del agente sancionaba a otros grupos de jóvenes en la misma plaza que sí consumían alcohol. “Nos quedamos alucinados, igual que nuestras familias cuando se lo contamos”, confesaron los denunciados, que nunca habían recibido una multa por estas prácticas.
Ambos chavales planean presentar alegaciones porque consideran que la sanción es injusta, aunque ello implique duplicar la cuantía si el recurso no prospera. “No montamos follón, colaboramos en todo momento y ni siquiera estábamos bebiendo. Me parece excesivo que nos denuncien por algo así”, protestó uno de ellos, recién graduado en Magisterio y a la espera de encontrar su primer empleo.