Un inmigrante ilegal de origen magrebí apuñaló el pasado domingo a un vigilante de seguridad del Hospital General de Alicante durante un intento de robo de medicamentos en el servicio de Urgencias. Fuentes policiales consultadas por LA GACETA confirman que «el chaleco antipinchazos que llevaba el vigilante le salvó la vida ya que la puñalada iba dirigida directamente al tórax».
Los hechos ocurrieron durante la noche del domingo al lunes en las instalaciones del centro hospitalario. El vigilante, que realizaba su ronda habitual por la zona de Urgencias, sorprendió al individuo en un área restringida mientras intentaba forzar el acceso a los armarios de medicamentos. Al ser descubierto, el agresor reaccionó con extrema violencia. Según las fuentes consultadas, primero le golpeó con un objeto metálico en el hombro y, acto seguido, le clavó un cuchillo en el centro del tórax. El chaleco antipinchazos detuvo la hoja, pero el impacto y el golpe anterior han dejado al trabajador con dolor intenso, contusiones graves y un trauma que requirió de atención médica inmediata y seguimiento.
El detenido es un inmigrante ilegal magrebí con numerosos antecedentes por delitos contra la propiedad y contra la salud pública. «Se trata de un individuo que ya había intentado robar medicamentos en farmacias de Alicante y alrededores precisamente para utilizarlos a modo de sustancias estupefacientes», añaden los agentes. Pese a su historial, seguía en libertad, lo que ha permitido que volviera a actuar con violencia dentro de un hospital público.
Este suceso no es un caso aislado en el Hospital General de Alicante. La zona de Urgencias y los alrededores del centro sanitario han registrado en los últimos meses varias agresiones e intentos de robo protagonizados por inmigrantes en situación ilegal, especialmente de origen magrebí. Los trabajadores de seguridad y el personal sanitario llevan tiempo denunciando la inseguridad creciente, la falta de medidas efectivas de protección y la impunidad con la que actúan estos grupos. En varias ocasiones se han producido incidentes similares en los que delincuentes reincidentes han intentado acceder a medicamentos para su consumo o reventa, generando tensión y un riesgo real para el personal que atiende a los pacientes.
El chaleco antipinchazos que portaba el vigilante ha permitido que la agresión no hubiera ido a peor y que la puñalada no le perforara el tórax. Según ha podido saber LA GACETA, no todos los vigilantes de seguridad que trabajan en hospitales y otras zonas con alto riesgo de incidentes violentos disponen de esta protección, lo que deja a muchos de ellos expuestos a agresiones con arma blanca sin la mínima garantía de supervivencia.