El Ministerio de Transportes, liderado por Óscar Puente, ha destinado 120 millones de euros al programa ‘Verano Joven’, una cifra que supera ampliamente los 70 millones anuales invertidos en seguridad ferroviaria entre 2022 y 2025. Todo ello pese al crecimiento sostenido de los robos de cable, que provocan continuos retrasos en los trenes de alta velocidad y cercanías en toda España.
Según datos del propio Ministerio del Interior, España sufre un robo de cable en la red ferroviaria cada tres días, una frecuencia que compromete seriamente la fiabilidad del transporte público. A pesar de ello, el incremento presupuestario en seguridad en los últimos años ha sido muy limitado: tan solo un 16%, frente al 60% de aumento en los kilómetros de líneas de alta velocidad que deben vigilarse, que pasaron de 2.492 en 2019 a más de 4.000 en la actualidad.
Adif, el gestor de infraestructuras ferroviarias que depende directamente del Ministerio, cuenta con cámaras, sensores y patrullas privadas, pero estas medidas se han demostrado claramente insuficientes para frenar el deterioro del servicio. Según recoge El Debate, la propia empresa pública está planteando un refuerzo de las cámaras de vigilancia, aunque reconoce que será difícil alcanzar un despliegue efectivo para frenar el impacto de los robos.
La situación contrasta con el elevado presupuesto del ‘Verano Joven’, el programa estrella del Gobierno para subvencionar hasta un 90% del transporte terrestre para jóvenes de entre 18 y 30 años. Un plan que, paradójicamente, incentiva el uso de un sistema ferroviario que frecuentemente no puede garantizar ni la puntualidad ni la continuidad del servicio.
Adif ha recibido hasta 4.300 millones de euros en fondos europeos, según datos oficiales, lo que la convierte en la principal receptora del país. Sin embargo, ni el volumen de financiación ni la inversión actual en seguridad han logrado frenar el deterioro operativo. A partir de 2026, la inversión en seguridad aumentará a 78 millones anuales, aún lejos de lo necesario para proteger una red cada vez más extensa.
Mientras tanto, el Ministerio prioriza campañas juveniles con retorno electoral por encima de la seguridad de las infraestructuras estratégicas. La imagen de trenes subvencionados que no llegan a su destino se consolida como metáfora de una política de transportes más centrada en el gesto que en la eficacia.