Según los últimos datos del Instituto Vasco de Estadística (Eustat), Vizcaya registró 6.627 nacimientos durante 2025, una cifra que supone una mínima recuperación respecto al ejercicio anterior, pero que continúa situada en niveles históricamente bajos. De hecho, se trata del segundo peor registro de toda la serie, muy lejos de los más de 10.000 bebés que nacían anualmente en el territorio hace poco más de una década.
El descenso de la natalidad coincide con un cambio progresivo en el perfil de las madres. De los niños nacidos el pasado año, 4.917 fueron hijos de mujeres con nacionalidad española, el 74,2% del total. Esto significa que cerca del 26% tuvo una madre extranjera, el porcentaje más elevado registrado hasta ahora. La evolución ha sido especialmente pronunciada: en 2015 este grupo representaba alrededor del 14% de los nacimientos y hace dos décadas apenas alcanzaba el 8%.
Esta transformación se produce mientras aumenta también el peso de la población procedente del extranjero. Los datos de Ikuspegi, la Cátedra de Migraciones y Convivencia, indican que en 2025 los residentes llegados de otros países suponían el 13,8% de la población vizcaína, porcentaje que en 2026 ha escalado hasta el 14,8%. Su aportación a la natalidad es, por tanto, proporcionalmente superior a su peso demográfico, ya que las madres extranjeras concentran aproximadamente uno de cada cuatro alumbramientos.
Las diferencias son apreciables también en función del país de origen. Aunque la comunidad colombiana es la extranjera más numerosa de Vizcaya, con 24.859 residentes, las mujeres nacidas en Colombia tuvieron 269 hijos durante 2025. Las marroquíes, en cambio, encabezaron la estadística con 333 nacimientos, pese a que la comunidad procedente de Marruecos suma 17.272 personas. Además, su cifra ha experimentado un notable crecimiento frente a los 283 bebés registrados en 2024, lo que representa un incremento cercano al 18% en apenas un año.
La inmigración está contribuyendo así a compensar parcialmente un problema demográfico que Vizcaya arrastra desde hace años: el saldo vegetativo negativo. El número de fallecimientos supera de manera continuada al de nacimientos, por lo que la llegada de población desde el extranjero se ha convertido en uno de los principales factores que permiten sostener tanto el número de habitantes como una parte de la población en edad de trabajar.
Aun así, los estudios sobre migraciones señalan que los hábitos reproductivos pueden modificarse conforme las familias extranjeras se establecen en Euskadi. Parte de la población llegada de otros países termina aproximándose a comportamientos habituales entre la población local, como retrasar la maternidad o reducir el número de hijos, aunque existen diferencias importantes dependiendo de la procedencia.
En paralelo, la maternidad continúa retrasándose entre las mujeres de Vizcaya. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúan en 33,4 años la edad media a la que tienen hijos. A ello se suma una creciente proporción de jóvenes que contempla un futuro sin descendencia: alrededor de un tercio considera que no tendrá hijos, según el Observatorio Vasco de la Juventud. Entre quienes expresan esa expectativa, una parte señala obstáculos económicos o laborales, mientras otros aseguran directamente que la maternidad o la paternidad no encaja con el estilo de vida que desean.
El reto demográfico está ligado, además, a la capacidad de integración de la población que llega a Vizcaya. La inmigración permite incorporar trabajadores y contener la pérdida de habitantes, pero diferentes estudios han advertido de brechas económicas y educativas entre la población extranjera y la autóctona. Evaluaciones como PISA han reflejado diferencias en el rendimiento académico, un factor especialmente relevante para las posibilidades de movilidad social de las siguientes generaciones.