Unos ladrones asaltaron este lunes por la noche la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, situada en la calle de Aneto, en el barrio barcelonés del Turó de la Peira, en el distrito de Nou Barris, apenas unas horas antes de la llegada del Papa León XIV a Cataluña.
El robo se produjo entre las nueve y las diez de la noche, en un momento de especial expectación entre los fieles por la visita del Pontífice. Los Mossos d’Esquadra han abierto una investigación para identificar y detener a los autores, así como para intentar recuperar los objetos sustraídos.
Entre los objetos robados figuran un sagrario de mármol y plata con hostias consagradas, una vinajera, cálices litúrgicos, un rosario, la corona de la Virgen de Fátima y una escultura de la Virgen del Pilar decorada con oro y plata, según avanzó El Periódico.
El asalto tiene una especial gravedad para la comunidad católica, ya que no se trata sólo de un robo material. La sustracción de un sagrario con formas consagradas convierte el suceso en una profanación de un espacio sagrado. Por este motivo, este martes por la mañana se celebró una misa de desagravio para volver a consagrar el templo tras el robo.
El valor económico de los objetos sustraídos no ha sido determinado por el momento. Sin embargo, para la parroquia y para los fieles, el daño principal es religioso y simbólico: el ataque a elementos centrales de la liturgia y la devoción católica.
El robo se produce en un contexto de creciente preocupación por la seguridad en Barcelona y por la vulnerabilidad de templos, parroquias y espacios religiosos. La llegada del Papa León XIV había generado un clima de ilusión entre muchos católicos catalanes, empañado ahora por este asalto a una iglesia de barrio.
Además, no se trata de un hecho aislado en Nou Barris. En las últimas semanas, los Mossos ya habían detenido a una mujer de 26 años por otro robo en una parroquia del distrito, ocurrido el pasado 15 de abril.
En aquel caso, la detenida y otro hombre —que todavía no ha sido arrestado— se hicieron pasar por personas necesitadas para engañar al sacerdote y quedarse a solas en su despacho. Una vez dentro, sustrajeron el dinero de la recaudación, destinado a pagar excursiones de unos niños, además del teléfono móvil del mosén. El botín ascendió entonces a unos 920 euros.
La repetición de robos en iglesias de la zona vuelve a poner sobre la mesa la indefensión de muchos templos y comunidades religiosas en una ciudad marcada por el aumento de la inseguridad, la degradación de algunos barrios y la pérdida de respeto hacia los símbolos cristianos.