«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
tras mantener dos reuniones clave con rabat

Sánchez consumó el giro sobre el Sáhara tras la crisis del espionaje Pegasus con Marruecos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el rey de Marruecos, Mohamed VI. Europa Press

El 18 de marzo de 2022, Marruecos hizo pública una carta remitida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al rey Mohamed VI en la que España respaldaba el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. El anuncio, difundido desde Rabat, supuso un vuelco histórico en la posición española respecto a la antigua colonia y se produjo apenas dos meses después de que emisarios de Moncloa y del reino alauí mantuvieran contactos discretos para cerrar la crisis diplomática y el escándalo del espionaje con el software Pegasus.

El cambio no fue menor. España abandonaba la tradicional equidistancia y asumía como «la base más seria y realista» la propuesta que Marruecos presentó en 2007 ante Naciones Unidas para resolver un conflicto enquistado desde hace casi medio siglo. El Sáhara Occidental, bajo soberanía española entre 1885 y 1975, vio truncado su proceso de descolonización tras la Marcha Verde y los Acuerdos de Madrid, cuya validez no reconocen las organizaciones internacionales. Desde entonces, Rabat controla la mayor parte del territorio, considerado por la ONU uno de los 17 pendientes de descolonización.

La decisión del Ejecutivo llegó después de meses marcados por una grave tensión bilateral. En 2021, la acogida hospitalaria en La Rioja del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, desencadenó una crisis con Marruecos que se agravó tras conocerse el espionaje al teléfono de Sánchez. Según la versión oficial, la sustracción de datos del móvil del presidente y de los ministros Fernando Grande-Marlaska, Margarita Robles y Luis Planas se detectó el 2 de mayo de 2022 durante una revisión técnica. Sin embargo, Moncloa habría tenido constancia de los hechos con anterioridad.

La infección del dispositivo de Sánchez se produjo en mayo de 2021, coincidiendo con su visita a Ceuta tras la invasión de inmigrantes ilegales desde Marruecos. El ataque se ejecutó mediante la técnica denominada «zero click», que permite acceder al terminal sin que el usuario tenga que activar ningún enlace. Apenas 48 horas después, un avión privado israelí vinculado a NSO, empresa propietaria de Pegasus, aterrizó en Málaga para abordar la situación e iniciar una serie de contactos con la inteligencia española con el objetivo de limitar el impacto del espionaje.

En ese contexto se celebraron dos reuniones clave en enero de 2022, una en Marrakech y otra en Málaga, con mediación israelí. Los encuentros sirvieron para restablecer la relación entre ambos países tras meses de fricción. No se ha hecho público el contenido de aquellas conversaciones ni si la cuestión del Sáhara formó parte de las negociaciones. Lo cierto es que, apenas dos meses después, Marruecos desveló la carta en la que Sánchez respaldaba su plan autonómico.

Tras conocerse la misiva, el Gobierno habló de una «nueva etapa» basada en el respeto mutuo y la ausencia de acciones unilaterales, aunque evitó mencionar expresamente el Sáhara en su primer comunicado. La reacción internacional fue inmediata. Argelia retiró a su embajador en Madrid como gesto de protesta por el viraje español, y el Frente Polisario suspendió sus relaciones con España hasta que el Ejecutivo volviera a alinearse, según su exigencia, con las resoluciones internacionales que reconocen el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui Pegado text.

Mientras tanto, el proceso auspiciado por la ONU continúa sin materializar el referéndum previsto tras el alto el fuego de 1991 y la creación de la MINURSO. La semana pasada, representantes de Marruecos y del Frente Polisario volvieron a verse en Madrid, en un encuentro celebrado en la embajada de Estados Unidos con Argelia y Mauritania como observadores. La cita concluyó sin acuerdo, aunque las partes han fijado una nueva reunión a finales de marzo con la intención de avanzar hacia un eventual marco de entendimiento.

El giro de marzo de 2022 permanece como uno de los movimientos más trascendentales de la política exterior reciente. Un cambio de rumbo que alteró décadas de posición oficial sobre el Sáhara y que se produjo tras una crisis diplomática y un episodio de espionaje aún rodeado de interrogantes.

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