La inmigración ya no actúa en España como el gran dique demográfico frente al envejecimiento de la población que durante años defendieron gobiernos y organismos internacionales. Un estudio de la fundación Funcas concluye que el efecto rejuvenecedor de la llegada de extranjeros «es parcial» y cada vez más débil, debido al envejecimiento de quienes llegaron en las últimas décadas y al incremento de inmigrantes de mayor edad que se instalan de forma estable en territorio nacional.
El informe, titulado Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España y elaborado por los sociólogos Héctor Cebolla y María Miyar, sostiene que el modelo migratorio español no está corrigiendo los problemas estructurales de natalidad ni garantizando un equilibrio sostenible para el sistema demográfico y económico.
Los investigadores advierten de que la inmigración «reduce el peso relativo de los mayores, pero no altera la tendencia estructural» y critican el «cortoplacismo» con el que se ha abordado el problema del envejecimiento poblacional. Según el estudio, confiar únicamente en la llegada de extranjeros no resolverá la caída de la fertilidad de la población autóctona ni evitará las tensiones futuras sobre el Estado del bienestar.
Los datos reflejan un cambio profundo respecto a los años 2000, cuando España recibía principalmente inmigrantes jóvenes en edad laboral. Entonces, el grupo más numeroso entre los nacidos en el extranjero tenía entre 25 y 29 años y representaba el 16% del total. En 2024, el tramo predominante ya se sitúa entre los 35 y los 39 años.
Además, el peso de los mayores de 54 años entre la población nacida en el extranjero se ha más que duplicado en menos de dos décadas, al pasar del 10% en 2006 al 22% en 2025. El fenómeno también se refleja en las nuevas llegadas. Entre 2021 y 2025, la población extranjera de entre 20 y 54 años aumentó un 25%, mientras que la de mayores de 55 años creció un 42%.
Funcas vincula esta evolución a dos factores principales: el envejecimiento natural de quienes llegaron entre 2000 y 2008 y permanecieron en España, y el incremento de procesos de reagrupación familiar, que elevan la llegada de perfiles de más edad.
El informe alerta de que cerca de uno de cada cinco nuevos residentes nacidos en el extranjero ya supera los 54 años y advierte de que el tradicional efecto rejuvenecedor de la inmigración «podría estar reduciéndose en los últimos años».
Entre 2021 y 2025, la población extranjera mayor de 55 años aumentó en más de 615.000 personas, una cifra superior a la población total de ciudades como Málaga. Además, mientras muchos inmigrantes jóvenes abandonan posteriormente España, los de más edad tienden a quedarse. La tasa de retención de extranjeros de entre 20 y 54 años apenas alcanza el 46%, mientras que en los mayores de 55 años llega al 110%, lo que implica que no sólo permanecen, sino que además envejecen dentro del país.
En declaraciones recogidas por The Objective, la directora de Estudios Sociales de Funcas y coautora del estudio, la socióloga María Miyar, considera necesario «quitarnos ese mito de que la inmigración es la solución a la caída de nacimientos». Según explica, los extranjeros terminan enfrentándose a los mismos obstáculos que los españoles: dificultades de acceso a la vivienda, precariedad laboral, bajos ingresos y problemas de conciliación.
Miyar añade que muchos inmigrantes retrasan además la formación de familias porque deben reconstruir su vida en el país de destino y terminan adaptándose a los patrones demográficos españoles, caracterizados por una fecundidad baja y tardía. España es actualmente el tercer país de la Unión Europea donde la maternidad se produce a mayor edad.
El estudio también cuestiona el modelo económico asociado a la inmigración en España. Los autores señalan que gran parte de la mano de obra extranjera continúa concentrándose en sectores de baja cualificación, lo que dificulta atraer perfiles de alto capital humano capaces de elevar la productividad y sostener el sistema económico a largo plazo.
A ello se suma un problema añadido: España presenta una de las tasas de retención de inmigrantes más bajas de Europa. Sólo el 35% permanece de forma estable, una cifra muy inferior a la de países como Alemania o Suecia, donde ronda el 60%.
El informe identifica además diferencias relevantes según el origen de los flujos migratorios. Los inmigrantes procedentes de Marruecos y de países iberoamericanos suelen presentar estructuras de edad más jóvenes, mientras que la inmigración procedente de la UE-15 y de Rumanía muestra perfiles más envejecidos.
Los investigadores prevén un agravamiento de los índices de envejecimiento dentro de unos quince años, cuando empiecen a jubilarse masivamente los inmigrantes llegados durante el gran ciclo migratorio de principios de siglo. Ese proceso coincidirá además con la jubilación de generaciones muy numerosas de españoles nacidos durante el «baby boom».
Miyar considera difícil que la inmigración pueda actuar como solución permanente al problema demográfico español, especialmente porque muchos países emisores también afrontan ya su propio declive de natalidad y podrían reducir su capacidad migratoria en las próximas décadas.