Las actas redactadas por ETA demuestran que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero mantuvo contactos con la organización terrorista incluso después de que colocase un coche bomba en el madrileño barrio de San Blas en junio de 2005. Aquel atentado, el tercero en la capital en apenas cuatro meses, no frenó las conversaciones: al contrario, los documentos reflejan que el entonces presidente ordenó seguir adelante con el proceso.
El ataque, perpetrado con un Renault 19 cargado de explosivos que detonó junto al estadio de La Peineta, fue recogido en los escritos etarras con un detalle revelador: “Después de la ekintza [atentado] de Madrid, el mediador andaba enfadado y enloquecido, pero parece ser que Gorburu [Zapatero] le dijo que se tranquilizara y que había que continuar con los contactos”.
Lejos de paralizar la negociación, Zapatero expresó, según las actas, su intención de “ir rápido” y de “profundizar en los contactos”, temeroso de que otro atentado derrumbara el diálogo. Los papeles reflejan además que evitar pronunciar la palabra “autodeterminación” facilitaba los avances con los interlocutores de la banda.
Las reuniones comenzaron en julio de 2005 en Ginebra y Oslo, con la mediación del Centro Henri Dunant y figuras como Brian Currin o Francesco Cossiga. Por parte del Ejecutivo participaron Jesús Eguiguren, el exministro Javier Moscoso y el abogado José Manuel González Benítez; ETA estuvo representada por Josu Ternera, Jon Iurrebaso, Thierry e Igor Suberbiola.
En marzo de 2006 la banda anunció un “alto el fuego permanente” y, apenas tres meses después, Zapatero proclamaba en el Congreso de los Diputados el inicio formal de las negociaciones, asegurando que “la democracia no va a pagar ningún precio político”. Pero las actas muestran que cada paso estaba pactado de antemano entre ambas partes.
El proceso avanzó con enormes dificultades: kale borroka, operaciones policiales y desconfianza mutua. Los enviados del Gobierno llegaron a justificar ante ETA que “la Guardia Civil sólo obedece al duque de Ahumada” para explicar nuevas detenciones. La ruptura definitiva llegó el 30 de diciembre de 2006, cuando una furgoneta bomba explotó en la T4 de Barajas y mató a Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.