«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
La Gaceta de la Iberosfera
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.
COLABORA CON MADURO, DÍAZ-CANEL...

La UE compadrea con las dictaduras iberoamericanas mientras desprecia a Hungría y Polonia

UE Hungría Polonia Venezuela Cuba
La presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el vicepresidente de la misma, Josep Borell. Reuters.

De un tiempo a esta parte, la Unión Europea está tratando a estados miembros de su selecto club como a enemigos de los “valores europeos” ―quien sabe a qué se refieren con eso―, naciones a las que castigar por no seguir las consignas progresistas dictadas por Bruselas. Me refiero, claro está, a Hungría y Polonia. Han llegado a calificar al primero como autocracia, retirándoles el carné democrático. Ambos países están gobernados por formaciones políticas patriotas, soberanistas, que recelan del globalismo. Ese es su pecado.

Lo que resulta escandaloso es que, mientras tratan a socios suyos como países de segunda a los que denigrar, sancionar y apartar ―naciones, por otra parte, democráticas y donde se respetan los derechos y libertades―, muestran una extraordinaria paciencia, mimo y comprensión con dictaduras repulsivas que tienen a sus ciudadanos subyugados, en condiciones miserables, donde los derechos humanos más elementales brillan por su ausencia. Pongamos tres ejemplos: Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Cuando los derechos humanos se pueden dejar a un lado: el caso de Cuba

Las relaciones de la Unión Europea con la Cuba castrista estuvieron congeladas durante casi dos décadas, en lo que se llamó Posición Común. Sin embargo, siguiendo la estela de la política estadounidense en la segunda era de la Administración Obama, que apostó por un cambio radical acercándose a la Cuba de Raúl Castro, la UE decidió apostar por entablar relaciones amistosas con el régimen comunista.

El 12 de diciembre de 2016 la UE y Cuba firmaron el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (ADPC) que rescindía la citada Posición Común. Según explicó Antonio F. Romero, profesor de la Universidad de la Habana, la firma del ADPC “fue la demostración de que los Estados miembros enterraron sus diferencias en favor de un consenso por el compromiso constructivo”.

Desde la firma del acuerdo, se ha mantenido un diálogo político y una cooperación que, según autoridades de ambas partes, se había reforzado sobre la base del respeto mutuo y la confianza, continúa Romero. Desde entonces, la UE ha seguido afianzando más y más la relación, materializándose en consejos conjuntos celebrados entre ambas entidades.

El III Consejo Conjunto Cuba-UE tuvo lugar en 2021, y en él participaron Josep Borrell, Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE, y el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez. En su intervención, Borrell destacó el buen estado de las relaciones y confirmó el respaldo de la UE a la resolución cubana contra las sanciones económicas impuestas por EE.UU. Además, insistió en el rechazo de la UE a la inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo que elabora EEUU.

A pesar de la represión del régimen ante las manifestaciones pacíficas del 11 de julio de 2021, que se saldó con cientos de detenciones y varias muertes a manos de la dictadura castrista, la UE continuó con el acuerdo, realizando simples quejas y vagas condenas a la violencia. De hecho, en septiembre de 2021, la nueva embajadora de la UE en La Habana, Isabel Brilhante Pedrosa, presentó sus cartas credenciales ante el dictador de la isla. Ese mismo mes, además, se procedió a inaugurar un importante proyecto de cooperación de la Unión Europea en el país.

Esta posición de perfil de la UE ante la tiranía cubana provocó que algunos eurodiputados protestaran alegando que había que romper relaciones. Éstos recordaron que en el Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación entre ambos países hay una cláusula de suspensión del acuerdo por la reiterada y sistemática violación de los derechos humanos y las libertades. Vamos, lo que de hecho ocurre; pero aquí no hay nada que ver, circulen.

La UE se entera ahora de la dictadura de Ortega en Nicaragua

Daniel Ortega lleva tiranizando al pueblo de Nicaragua 20 años; en dos tandas: de 1985 a 1990 y desde 2007 hasta ahora. Sin embargo, no fue hasta 2018 cuando la UE empezó a tensar las relaciones con el país centroamericano. 400 muertos, miles de heridos y cientos de detenidos arbitrariamente ese año hicieron que la UE cambiara la actitud y empezara a darse cuenta de la naturaleza del régimen con quien se relacionaba.

Antes de eso, desde Bruselas se había apostado a favor de Nicaragua, “trabajando por la consolidación de un modelo de desarrollo sostenible basado en la paz, la democracia, la consolidación del Estado de Derecho y la profundización de la integración regional a nivel político”, leemos en la página web de la Delegación de la Unión Europea en Nicaragua. Se ve que esa apuesta ha sido algo infructuosa.

Ortega, desatado en los últimos meses, ordenó la expulsión de la embajadora de la UE en el país, Bettina Muscheidt, a finales de septiembre. No se crean que la reacción de Bruselas fue del todo contundente. Josep Borell se limitó a “lamentar” la expulsión y avisó al Gobierno de Ortega de que la UE estaba contemplando la posibilidad de responder de manera “firme y proporcionada”. Ay, qué poco les tiembla el pulso para, por ejemplo, ‘castigar’ a Hungría o Polonia.

La UE y sus alabanzas a la Venezuela chavista

Con Venezuela pasa algo parecido a lo que hemos contado sobre Nicaragua: no ha sido hasta los últimos años cuando la UE ha tensado algo las relaciones con la dictadura. Desde 2017, ya con Nicolás Maduro como cacique del sufrido pueblo venezolano, Bruselas ha empezado a sancionar al Gobierno bolivariano.

Las relaciones más tensas se vivieron en febrero de 2021, cuando Maduro decidió expulsar a la embajadora de la UE en Venezuela, Isabel Brilhante Pedrosa ―la que ahora está en Cuba―. Sin embargo, ahora las aguas están más calmadas.

En septiembre de 2021 el diplomático Rafael Dochao Moreno fue nombrado nuevo encargado de Negocios de la UE en Venezuela y, en febrero de 2022, la UE, el Gobierno de Nicolás Maduro y la FAO firmaron dos convenios para promover la seguridad alimentaria y la agricultura familiar en 19 estados del país.

En julio de 2022, el ministro de Exteriores del país hispanoamericano, Carlos Faría, informó que Venezuela y la Unión Europea buscan fortalecer sus relaciones diplomáticas y la cooperación en materia de energía, medio ambiente y salud, entre otros.

El ministro de Exteriores sostuvo una reunión en Caracas con el director general para las Américas del Servicio Europeo de Acción Exterior, Brian Glynn, con el “propósito de elevar las relaciones entre Venezuela y la Unión Europea sobre la base de la diplomacia de paz y respeto mutuo”, recogió Swiss Info.

El pasado septiembre, Faría, se reunió con Josep Borrell, con quien acordó “seguir fortaleciendo las relaciones entre Caracas y Bruselas en el marco del respeto y la diplomacia de paz”, comentó el ministro bolivariano.

A pesar de las tímidas sanciones y aspavientos diplomáticos recientes, la UE no ha tratado a Venezuela como la dictadura que es. Cuando murió Hugo Chavez en 2013, tras 14 años en el poder, lamentó la noticia y destacó el “desarrollo” de Venezuela. “La Unión Europea ha recibido con pesar la noticia (…). Venezuela se ha destacado por su desarrollo social y por contribuir a la integración regional de América del Sur”, dijeron el presidente del Consejo Europeo en ese momento, Herman Van Rompuy, y el presidente de la Comisión Europea, de entonces, José Manuel Barroso.

Antes, cuando Chávez ganó las elecciones por segunda vez en 2006, la UE mostró su “satisfacción” porque las elecciones “se desarrollaron en un ambiente pacífico y transparente, lo que proporciona una buena base para el futuro desarrollo de las instituciones democráticas y el diálogo político en Venezuela”. Bruselas también felicitó al líder bolivariano en su reelección en 2012.

El desprecio a los soberanistas

Aquí vemos otro agravio comparativo inexcusable. Los burócratas de Bruselas, a los que se les llena la boca hablando de democracia y de valores democráticos, muestran su alegría por unas elecciones celebradas de aquella manera y no dudan en felicitar al dudoso vencedor, permanecen mudos ante los comicios de un país miembro, Italia. Todavía estamos esperando a que la Unión Europea y su presidente, Úrsula von der Leyen, feliciten a Giorgia Meloni tras su incontestable triunfo en las elecciones generales italianas.

La dureza y desprecio que desde Bruselas se emplea con países como Hungría y Polonia ―y, desde el 25 de septiembre, el ninguneo a Italia―, naciones completamente decentes y con instituciones democráticas afianzadas, contrastan con la comprensión, compadreo y paciencia que se empeñan en mostrar con tiranos de la peor calaña que no dudan en pisar a sus ciudadanos y cercenan libertades y derechos. Y todo porque los primeros no compran la agenda ideológica globalista dictada desde la UE. Como hemos dicho, ese es su pecado.

+ en
.
Fondo newsletter