Nuevos datos oficiales del Gobierno federal de Suiza han reabierto con fuerza el debate político sobre inmigración y seguridad tras revelar que las mujeres extranjeras son acusadas de violencia doméstica a un ritmo superior al de los hombres suizos, un hecho que ha provocado un choque frontal entre la derecha soberanista y la izquierda progresista.
Las cifras, solicitadas por el diputado del partido Unión Democrática del Centro (SVP), Pascal Schmid, muestran que en 2024 33,3 de cada 10.000 hombres extranjeros con residencia permanente fueron acusados de violencia doméstica, frente a 12,6 por cada 10.000 hombres suizos. En el caso de las mujeres, el contraste también es significativo: 13,2 acusaciones por cada 10.000 mujeres extranjeras, frente a 4,4 entre las suizas.
El dato más controvertido es que las mujeres extranjeras superan incluso a los hombres suizos en este tipo de delitos, algo que Schmid considera revelador. «La violencia doméstica no es sólo un problema masculino; es, sobre todo, un problema migratorio», ha afirmado.
El informe se suma a datos recientes de Alemania, donde estadísticas oficiales mostraron que mujeres procedentes de determinados países registraron tasas de violencia superiores a las de los hombres alemanes. En 2024, por cada 100.000 hombres alemanes, 272 fueron sospechosos de delitos violentos; la cifra ascendió a 336 entre mujeres sirias, 359 entre afganas y 394 entre iraquíes.
En Suiza, el contexto no es menor: una de cada diez mujeres sufre violencia física o sexual por parte de su pareja a lo largo de su vida adulta. En 2024 se registraron más de 21.000 casos de violencia doméstica, un 6% más que el año anterior, incluyendo agresiones, abusos sexuales, acoso y homicidios.
Desde la izquierda, la diputada socialista Tamara Funiciello rechaza vincular directamente violencia e inmigración. «La violencia es multidimensional y debe combatirse en todos los niveles, independientemente de su origen», sostiene. Funiciello impulsó además un aumento del presupuesto para políticas de protección de la mujer, con un millón de francos suizos adicionales.
El SVP, en cambio, acusa a la izquierda de mirar hacia otro lado. «Repartir folletos en veinte idiomas y contratar más trabajadores sociales no resolverá nada», replica Schmid, quien defiende endurecer las leyes migratorias y ampliar los delitos que conllevan expulsión automática, incluyendo todas las condenas por violencia doméstica.
«Hay que poner freno a la inmigración procedente de culturas arcaicas que no comparten el concepto de igualdad entre hombres y mujeres», afirmó el diputado, una declaración que ha intensificado la polémica política en Berna.
El debate se produce además en un contexto de crisis de vivienda, con tasas de disponibilidad por debajo del 1%, una presión que distintos analistas vinculan al impacto de la inmigración masiva en los mercados urbanos. Un patrón que, advierten, se repite en gran parte de Occidente, desde Reino Unido hasta Canadá o Australia.